veintitres
de como recuperar mi suerte
Sindicación
 
Antonio
El coche que iba delante frenó de golpe antes de entrar en la glorieta, y Sergio, fiel a su costumbre, empezó a proferir insultos. Según Sergio, cualquiera que conduzca dentro de los límites de velocidad o por el carril correcto lo hace expresamente para molestarle a él. Pero ésta vez, la razón del frenazo brusco surgió segundos después de delante del coche insultado: un precioso golden retreiver mojado, embarrado y con la cara cubierta de sangre nos miró miserablemente, asustado y jadeante. Sergio interrumpió los improperios, conectó las luces de emergencia y salió del coche llamando al perro. Le seguí enseguida. El animal, por suerte, no se veía malherido. Se nos acercó sin mucho insistir y se metió en el maletero del coche después de dudar solo dos segundos. El resto del trayecto hasta el Aeropuerto de Barajas lo hicimos planificando la estrategia a seguir, que consistía básicamente en que Sergio se llevara al perro al veterinario de urgencias en cuanto me dejara a mí frente al mostrador de pre-embarque de Pluna.
Me despedí de Sergio con una mezcla incómoda de añoranza prematura e inquietud por el animal atropellado que, tranquilo ya, esperaba en el coche para volver a la sierra.
Dos horas después mientras esperaba en la fila para subir al avión, llamé a Sergio para saber si al volver tendría que adoptar un segundo perro y me enteré de que no sería necesario: el veterinario leyó el chip de identificación y así supimos que el perro se llamaba Antonio y que su dueña llevaba todo el día buscándole. El golpe no era grave y aunque la naríz le sangraría aún unas horas más, un par de días de descanso y antibióticos le dejarían como nuevo.
Luego de enterarme de que en casa seguirían reinando Siriana, Kalee y Jessie sin compañía masculina de su especie, llamé a papá para cumplir con el ritual de decir "hasta mañana", porque sé que la anticipación de mis visitas esporádicas le hace ilusión; quizá tanta como la visita misma.
Luego subí al avión, me dormí pensando que éste viaje sería bastante distinto a los anteriores, (y dudando todavía si para bien o para mal) y me desperté al día siguiente dos horas antes de desembarcar en Montevideo.
Así empezó mi cuarta visita a Uruguay desde que vivo en España.
No