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de como recuperar mi suerte
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Todo El Pescado Vendido
Hoy llegué al curro dos horas y media tarde. Mi historia no fué muy inspirada, pero coló. Una emergencia doméstica... Y tanto.

Ayer a última hora de la jornada, mientras atendía a una cliente residente en Guadalajara, en mi móvil sonaba una llamada proveniente de esa ciudad. Terminé con la cliente y un rato después oí el mensaje en mi contestador: estarme en la estación de Cercanías donde tantas mañanas despertaba para empezar mi colección de trabajos de supervivencia a las 11:00 PM.

Como sé que discutir con Sergio no tiene sentido y tratando de no pensar en qué cuernos haría si se le ocurría dejarme plantada a semejante hora en semejante lugar, volví a Santa María por la tarde,
me arreglé y de nuevo corrí los dos kilómetros y medio que separan mi casa de la Estación de Santa María para pillar el último tren hacia mi punto de cita.

Tres horas después y casi dos comunidades autónomas más al este ya tenía pensadas varias crueles maneras de asesinar a Sergio si no le encontraba esperándome allí, pero no hizo falta llevar a cabo tan maligna acción.

También había tenido tiempo de pensar en que no debería ser tan desconfiada, y el gusanillo de la culpa por dicha actitud se instaló definitivamente en mí cuando Sergio me desveló la sorpresa que me tenía preparada. No me esperaba semejante despliegue, lo confieso. No después de las aventuras con policías indiscretos, en jardines públicos al atardecer y parques en ciudades dormitorio de la periferia de Madrid.
En el trayecto me cameló con que debido a una crisis financiera pasajera no podría llevarme a un sitio mejor que un motel de carretera y visto lo visto, me lo creí. No soy demasiado escrupulosa con éstas cosas, y además mi idea era francamente peor: primero llamé a Alex a ver si podía dejarme su piso por una tarde pero resulta que no puede, así que puestos a vivir locas aventuras y siendo que el pueblo donde vivo está plagado de chalets deshabitados... sumen y verán.

Sergio manifestó que no tendría ningún problema de conciencia por acometer un allanamiento de morada con tal de echar un polvo lejos de la autoridad pero reconozco que, aunque desprovista del halo de
aventura de mi brillante idea, la habitación que tenía reservada en un
hotel de 4 estrellas me dejó con la boca abierta. También había pensado en que dado el ritmo de ésta cita y la distancia al igual venía yo sin cenar y se había molestado por dejarme resuelto ese tema, acordándose incluso de que soy vegetariana.

Cerré el pico en vez de soltar por decimoquinta vez en los diez minutos que llevábamos en ese hotel aquello de "mierda, y pensar que hace cinco años YO era su reina...". Me quedé con que ésta noche sólo estábamos los dos y que luego... luego sería luego.

Y pasamos la noche. Haciendo y deshaciendo las cosas que quedaron pendientes hace años. Diciéndo otras tantas. Hablamos, dormimos abrazados, en algún momento sentí miedo de estar abriendo demasiado el corazón. Pero por alguna razón, mis miedos siempre se han desvanecido cuando él está cerca. Incluso hace años, cuando no tenía papeles, no tenía trabajo decente, no tenía casi esperanzas de futuro, todo se desvanecía al verle sonreír. Tiene una sonrisa especial. A mí se me contagia. Me hacía falta su sonrisa, y una mirada concreta que me vuelve loca. Por eso anoche no pensé en nada mientras estábamos juntos, sólo en que al fin, y por el tiempo que fuese, allí estábamos los dos.

Hay algo en Sergio que me impide tener secretos con él. Escribo todo
ésto porque son cosas que en voz alta no sería capáz de relatar. Nunca pude hablar abiertamente de mi sexualidad con nadie, ni siquiera con mi esposo. Sin embargo, con él he hablado de eso y de todo desde el principio, casi sin conocernos de nada. Es fácil: yo digo dos palabras, él adivina el resto.

De repente me preguntó:
-Si saliera un genio de una lámpara y sólo te concediera un deseo, ¿qué le pedirías?

"Cariño, a tí y nada más."

No contesté. ¿Cómo puedo decirle eso? ¿Cómo puedo decirle que lo único que querría pedir al genio es otra oportunidad para hacer las cosas a tiempo?

Pero él insistió y había que salir del paso.

-¿Qué le pedirías tú?
-No vale responder con otra pregunta.
-Es que eso hay que pensarlo. Sólo es UN deseo. ¿Vos qué le pedirías?

Adora mi acento uruguayo. El tampoco contestó. Nos quedamos callados un rato. De pronto los dos contestamos al mismo tiempo.

-Ya sé. Le pediría empezar de nuevo.

"Te amo." Tampoco entonces hablé.

Como dice el del anuncio de Coca Cola, que levanten la mano. Que levanten la mano las gilipollas que encontraron el amor de su vida y no supieron verlo a tiempo, lo dejaron marchar con argumentos endebles pensando que todo era cuestión de olvidar y después se encontraron con que hay cosas que no se olvidan... cuando ya era tarde. No tendría manos suficientes.

Nos dormimos. Nos despertamos.

Llamó su esposa. Murió la magia.

Lo dejó muy claro. Ahora es él quien tiene que elegir, y como yo hace
cinco años, lo hace movido por un afecto patente, actual, agradecido.

"Ahora la situación es complicada." ... "Por ahora, no puede ser." ...
"Yo no suelo llamar mucho." ... "Esto que hago ahora está mal." ...

"Ella no se lo merece.".

Siempre tuvo un corazón de oro.

Me dejó cerca de la estación. No nos besamos al despedirnos.

Al tren que me llevaría de nuevo a Madrid, a Santa María, al mundo real, sólo me llevé su sonrisa. Y el parasol bajado del coche de su lado en el cual estaba enganchado un recorte arrancado de un periódico gratuito.

"Al amanecer, En medio de la nada, Sin gasolina, Porque quería estar a solas contigo para siempre."

Anoche, justo cuando el tren llegaba a la estación de Guadalajara, el
reloj marcaba las 23:23.

II

Eran las 11:30 y el tren iba hasta las trancas. Varias personas subieron y bajaron ocupando el asiento junto al mío. Creo que ninguna se dió cuenta de que se me caían las lágrimas... menos mal. Si alguien me hubiera preguntado si me sentía bien creo que me habría desmayado de verguenza. No quería ir a currar. Quería irme a casa a llorar a mis anchas.

Llamé a Sergio; estaba en el trabajo. De fondo, una vieja pateaba por lo bajo al Sistema Internacional de Pesos y Medidas pidiendo con voz de falsete "cuarto y mitad de boquerones y medio de salmón en filetes".

Dijo "hola" y a continuación me informó que tenía cita con un abogado ésta tarde para entregarle nuestro acuerdo de divorcio, en el cual podía quedarme tranquila porque dejarían plasmado que ni el coche ni sus pagos eran mi responsabilidad y que los últimos 30.000 euros
solicitados como ampliación de la hipoteca de nuestra casa los pagaría él. Genial. No pudo elegir un momento mejor para restregarme por la cara que ahora sí que voy a saber lo que es que no la elijan a una sobre cualquier otra cosa. Ni que lo hubiera planeado. Pero ¿qué culpa tiene él? Lo único que quiere es acabar de una vez con ésta farsa de matrimonio y en buena hora... Quedamos a las 16:00 en Villalba para repasar el dichoso acuerdo.

De pronto ya no tenía ganas de ir a casa a llorar a moco tendido. De
pronto tenía ganas de escuchar las estupideces que dicen mis clientes a ver si al menos así no pensaba ni en Sergio ni en el otro Sergio.

III

Decidí bajar del tren en Recoletos e irme al curro con mi mejor cara de "yo no fuí" a ver qué me inventaba para justificarme.
En todo caso, pese a mi tardanza, también a mí me llegó el repentino
ataque de generosidad de nuestra empresa. Primero nos regalaron unos prolijos cactus con flores con ocasión del Día Internacional de la Mujer (a las chicas, claro). Luego pasaron repartiendo unos lápices
mecánicos con el logo de la empresa... y ahí se les vió la hilacha.
El lápiz venía acompañado de una tarjetita que se las trae: de un lado
pone "Tu Futuro Empieza Aquí". Al otro "Visita nuestra web para acceder a nuestras ofertas de empleo". y la url referida.

Hace tres meses que nos entregaron una carta indicando que en el correr de éste año seremos historia (se llevan nuestra campaña a otra provincia, bastante lejos de Madrid). La carta venía llena de hermosas palabras: "...seguiremos contando con todos ustedes...", "...nuestros planes de expansión y crecimiento...", bla, ble, bli, blo, blu.
Desde entonces la máquina de rumores funciona a mil por hora. Que si nos cambian a otra campaña hasta que lleguemos a fin de obra, que si nos ofrecen irnos a otra campaña peor, que si aguantan hasta el año que viene... Los que tuvieron en su momento la brillante idea de firmar un contrato indefinido YA son historia: les han recolocado sin derecho al pataleo en otro trabajo bastante peor que el que tenían. Los "obratas" seguimos aquí. El último rumor es que el 31 de Marzo nos aplican el código AL.PU.CA: A La Puta Calle. Nadie lo lamenta demasiado, porque, "obratas" o no, las indemnizaciones son curiosas y la posibilidad de tirarse los mesecillos del verano cobrando el paro también.
Como sea, la tarjetita de hoy no dejó indiferente a nadie.
Sobre todo porque cinco minutos después pasaron los del comité de
empresa repartiendo folletos: en el de hoy nos recordaban nuestros
derechos ante un despido... Muy oportunos.

Desde que me ubico en mi nuevo sitio tengo a mi lado a Oscar y Nacho. Con Nacho no hablaba mucho antes, pero ahora tenemos tema con el mundial de F1 a punto de empezar y sólo a Oscar sentado entre los dos.
El tío es de esos que hablan poco pero dicen mucho. Incluso con los
clientes. Hoy miraba reflexivo la dichosa tarjetita en silencio cuando
alguien sentado enfrente leyó en voz alta lo de "Tu Futuro Empieza
Aquí"; y de pronto el tío va y suelta: "O sea, El Presente Se Ha
Acabado". A buen entendedor...
Se supone que si avisan con los debidos 15 días de antelación y el
último rumor es cierto, el próximo día 16 tendría que saber cuánto
tiempo me queda antes de empezar a planificar cómo continuar ganándome el pan. Pero eso ya se verá.

Lo cierto es que se acabó el romance, se acabó el matrimonio, se acabó el trabajo y quien sabe, quizás también se acabe ésto de poder llamar a algo "mi casa".

Que levanten la mano los que crean que ya está todo el pescado vendido.
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