TARTA
A los nuevs vecinos se les da la bienvenida con una tarta.
Esta tarta es para ti, Chaika.
TARTA DE MANZANA CON CORAZÓN DE MANZANA Y COBERTURA DE MERMELADA DE NARANJA AMARGA, COMO LA VIDA (A VECES)
La cocina es como la vida. (En ocasiones).
Esta tarta de manzana tiene el corazón de manzana. Parece una redundancia pero no lo es. La mayor parte de las tartas de manzana tiene el corazón de crema pastelera. Nada en contra de la crema pastelera, una rica natilla espesada normalmente con harina de maíz. El caso es que no todos tenemos el corazón de lo que somos. Se puede ser una mujer con corazón de leona, un guardia con alma de anarquista o un vivo con corazón de difunto. Insisto esta tarta tiene el corazón de manzana. De manzana reineta que son unas manzanas que no tienen el aspecto lozano de la mayoría de las manzanas de los mercados. De hecho son unas manzanas muy feas, porque son verdes con pintas marrones y achaparradas. No creo que Blancanieves hubiese mordido una manzana de ese aspecto. Pero son extremadamente sabrosas y cuando se hace una compota con ellas toda la cocina y la casa huele a bosque encantado. Esa compota que luego será el corazón de la tarta se prepara a fuego muy lento y no se le puede añadir azúcar. Se puede elegir entre hacer una compota morena, o una compota rubia para lo que habría que añadir unas gotas de limón. Para enfriar la compota se debe poner en la ventana, cubierta con un paño limpio de malas intenciones. Da igual que la ventana de a un mar de tejados, a un bosque o a un patio estrecho peinado con pinzas y cuerdas de la ropa. El paño limpio de malas intenciones sabrá tomar lo bueno y filtrar lo malo y a la vez devolver al mundo parte del aroma de las manzanas. Mientras se enfría la compota se prepara un molde con mantequilla. Es preciso calentar la mantequilla en el hueco de las manos y después untarla despacito por el fondo y los bordes del molde usando las manos. Las manos son muy importantes en la cocina Hay que manchárselas y tocar los ingredientes, como un alfarero toca el barro. Porque las manos son las que dan y reciben cariño y las que trabajan solas cuando la mente divaga lejos de los fogones.
De todas las manzanas que van a conformar esta tarta hay una especial y el cocinero o la cocinera tiene que saber reconocer a la manzana especial en el momento preciso y apartarla de las demás. Esa manzana va a tener una importante misión. Es preciso partirla en finas rodajas y cuando llenemos el molde con la compota, colocaremos las rodajas apretadas, todas en la misma dirección, como una coraza. Esta coraza va a proteger el corazón de manzana de dos elementos inevitables: la mermelada de naranja amarga como la vida (o no) y el fuego del horno. Esa coraza va a dorarse con el calor del horno y va a cubrirse con el amargor de las naranjas, dejando el corazón de al tarta intacto y protegido bajo ella. Y es que no se puede ser sólo corazón, si no, no sería una tarta completa. Es preciso que el fuego la temple y la mermelada de naranja amarga, como la vida la cubra para que la tarta sea un todo indivisible, una entidad propia con un corazón de compota, una manzana valiente que separa ese corazón de la mermelada amarga y el fuego del horno que la convierte en una tarta hecha y derecha, preparada para enfrentarse a vuestro paladar y en la medida de lo posible arrancaros una lagrimita de emoción.
Esta tarta es para ti, Chaika.
TARTA DE MANZANA CON CORAZÓN DE MANZANA Y COBERTURA DE MERMELADA DE NARANJA AMARGA, COMO LA VIDA (A VECES)
La cocina es como la vida. (En ocasiones).
Esta tarta de manzana tiene el corazón de manzana. Parece una redundancia pero no lo es. La mayor parte de las tartas de manzana tiene el corazón de crema pastelera. Nada en contra de la crema pastelera, una rica natilla espesada normalmente con harina de maíz. El caso es que no todos tenemos el corazón de lo que somos. Se puede ser una mujer con corazón de leona, un guardia con alma de anarquista o un vivo con corazón de difunto. Insisto esta tarta tiene el corazón de manzana. De manzana reineta que son unas manzanas que no tienen el aspecto lozano de la mayoría de las manzanas de los mercados. De hecho son unas manzanas muy feas, porque son verdes con pintas marrones y achaparradas. No creo que Blancanieves hubiese mordido una manzana de ese aspecto. Pero son extremadamente sabrosas y cuando se hace una compota con ellas toda la cocina y la casa huele a bosque encantado. Esa compota que luego será el corazón de la tarta se prepara a fuego muy lento y no se le puede añadir azúcar. Se puede elegir entre hacer una compota morena, o una compota rubia para lo que habría que añadir unas gotas de limón. Para enfriar la compota se debe poner en la ventana, cubierta con un paño limpio de malas intenciones. Da igual que la ventana de a un mar de tejados, a un bosque o a un patio estrecho peinado con pinzas y cuerdas de la ropa. El paño limpio de malas intenciones sabrá tomar lo bueno y filtrar lo malo y a la vez devolver al mundo parte del aroma de las manzanas. Mientras se enfría la compota se prepara un molde con mantequilla. Es preciso calentar la mantequilla en el hueco de las manos y después untarla despacito por el fondo y los bordes del molde usando las manos. Las manos son muy importantes en la cocina Hay que manchárselas y tocar los ingredientes, como un alfarero toca el barro. Porque las manos son las que dan y reciben cariño y las que trabajan solas cuando la mente divaga lejos de los fogones.
De todas las manzanas que van a conformar esta tarta hay una especial y el cocinero o la cocinera tiene que saber reconocer a la manzana especial en el momento preciso y apartarla de las demás. Esa manzana va a tener una importante misión. Es preciso partirla en finas rodajas y cuando llenemos el molde con la compota, colocaremos las rodajas apretadas, todas en la misma dirección, como una coraza. Esta coraza va a proteger el corazón de manzana de dos elementos inevitables: la mermelada de naranja amarga como la vida (o no) y el fuego del horno. Esa coraza va a dorarse con el calor del horno y va a cubrirse con el amargor de las naranjas, dejando el corazón de al tarta intacto y protegido bajo ella. Y es que no se puede ser sólo corazón, si no, no sería una tarta completa. Es preciso que el fuego la temple y la mermelada de naranja amarga, como la vida la cubra para que la tarta sea un todo indivisible, una entidad propia con un corazón de compota, una manzana valiente que separa ese corazón de la mermelada amarga y el fuego del horno que la convierte en una tarta hecha y derecha, preparada para enfrentarse a vuestro paladar y en la medida de lo posible arrancaros una lagrimita de emoción.