diario de una bivaca en apuros
feminista sin ataduras, petarda y reivindicativa. no se va a salvar nadie.
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Bisex independiente. Combativa y con ideas claras. Humor muy ácido y muy mala leche. Nada que ocultar desde hace tiempo. Convencida de que hay un sitio para todos y todas. Adicta al chocolate. Se aceptan donativos
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SE ACEPTAN CONSEJOS
Dicen que cuando un caballo te tira (o te caes de él), debes volver a subir inmediatamente o si no, serás incapaz el resto de tu vida de montar a caballo.
Me he caído varias veces de caballos y os aseguro que es bastante doloroso y asustante, pero la afición y el amor a estos animales hicieron que siempre me levantase, le hiciese una caricia al animal para calmarlo, porque ellos también se asustan, y volver subirme.
En la vida ocurre más o menos igual. En 33 años he tenido tiempo de caerme de muchos caballos. De algunos he salido ilesa, y de otros bastante tocada.
He de decir que en el terreno sentimental estoy bastante curada, no tengo miedo de enamorarme ni de tener una relación, tampoco de estar sola. Tampoco tengo mucho miedo de caer en espirales autodestructivas porque se que mi mente está bien adiestrada y cuento con un gran instinto de conservación y el valor para pedir ayuda si la necesitara.
Pero hay algo con lo que me estrello una y otra vez. Se trata del terreno laboral. Existe un dramático antes y después de terminar mis estudios. Parece mentira pero me sobraron cojones para retomar una carrera universitaria dejada a la mitad, regresando de una vorágine de After Hours, desmadre y ruina física y moral. Pero cuando salí de al facultad, todo fueron problemas y miedos. Joder, si es que estaba sacando notables en quinto y a la vez siendo totalmente disfuncional en mis primeras prácticas laborales.
Es cierto que en casa me han premiado siempre por estudiar, pero siembre me han puesto muchas trabas para que trabajara y han hecho muchas críticas negativas de mis empleos.
A la vez que empezaba a darme de bofetadas en el terreno laboral, comencé a padecer problemas de salud, sobre todo asma, la cual se agravaba con el stress. Esto es muy significativo porque indica claramente hasta que punto puedo llegar a considerar la atmósfera laboral como hostil. (Mis bronquios se creen que están respirando algo nocivo y se cierran)
El matrimonio tampoco ayudó mucho a mi carrera profesional, porque pronto mi contribución se convirtió en un simple salario de apoyo y podía largarme de cualquier trabajo cuando me diese la gana, al margen de que el 100% de las tareas domésticas recaían sobre mí. Pero ya no hay matrimonio, soy una persona libre e independiente, ni vivo con mis padres. Pero esos dos entornos no han ayudado mucho a que yo madurase en ningún aspecto.
La mayoría de mis problemas laborales se han centrado en el terreno de las relaciones interpersonales. Es decir, que me he mosqueado con todo el mundo, me he rebotado y me he largado. Lo mas gracioso es que normalmente mi marcha ha suscitado sorpresa y me decían que estaban contentos conmigo o sea, que o la gente es muy falsita o la única que estaba como una cafetera era yo. Es difícil dirimir hasta qué punto yo soy el problema o lo es el entorno. Han existido relaciones laborales satisfactorias, por supuesto, las cuales han concluido porque simplemente me había aburrido o había encontrado algo mejor. Y otras fueron un infierno y no solo para mí. Creo que estos problemas le ocurren a todo el mundo. He visto a muchos compañeros, despotricar, hundirse y sentirse fatal en el trabajo. A una amiga le hicieron la vida imposible en el trabajo, rayando lo ilegal y luego, en su trabajo posterior lleva 5 años y no tuvo ningún problema. A otra le hicieron una pinza terrible en su trabajo, pusieron a mucha gente en su contra y ella aunque tuvo sus momentos de neurosis y abatimiento, continúa en su puesto y el problema se solucionó por si solo, cuando la instigadora se marchó.
Creo que mi problema se resume en 2: Que hay mucho gilipollas y que no soy flexible. Lo de los gilipollas no tiene arreglo, es una variable que no puedo manejar. Lo de mi flexibilidad, si. Soy una persona de extremos, y si pienso que he sufrido una afrenta, ya sentencio a la persona o a la situación de por vida. No sé jugar al ten con ten, ni a mantener las relaciones laborales en el ámbito de la falsedad social. Si algo va mal, creo que va a ir mal siempre y si alguien me ataca, creo que va a seguir haciéndolo por siempre jamás. No me paro a pensar que todo el mundo tiene un día tonto o que simplemente ese alguien es tonto para todo lo que hace en la vida, no solo para joderme a mí.
También he de reconocer mi miedo cerval a tareas complejas o de gran responsabilidad. Estoy mucho más cómoda en empleos rutinarios, que requieran poca concentración o conocimientos en los cuales mis relaciones personales son más fluidas y desarrollo más camaradería. A medida que aumenta la exigencia, y la responsabilidad, más difícil me resulta mantener un equilibrio y llevarme bien con la gente. Tanto es así que después desertar de un trabajo que me desborde, en el que podía llegar a sentir pánico, siempre me buscaba uno de “no pensar” y lo utilizaba como periodo de descanso y recuperación. Lo que pasa que esos empleos tienen unas condiciones laborales infrahumanas y no son estables de modo que termino teniendo problemas en vez de los compañeros, con la empresa.
Todo lo anterior escrito se agrava con el hecho de que no he estado en ningún trabajo mas de 2 años, en la mayoría de casos de 9 a 11 meses, con lo que no he dado la oportunidad ni de que me conociesen y me tratasen mejor, ni de esperar a que las cosas mejorasen por si solas o terminar por adaptarme yo o ganar seguridad en mi misma.

Ahora mismo me encuentro en un momento decisivo desde el punto de vista profesional. Tras mi separación, me encontraba moralmente hundida y opté por un subempleo porque sabía que entre las idas y venidas a los abogados, las mudanzas, los papeleos las múltiples llamadas telefónicas y mis pataletas. (Quien se ha separado entenderá a que me refiero) serían incompatibles con un rendimiento normal. A los nueve meses y resuelto el tema judicial y de logística personal, estaba yo de bastante mejor humor ya que en el terreno personal había empezado a construirme una sólida y afectuosa red social y mi vida marchaba bien. De manera que me cansé de las irregularidades legales de mis empleadores y sopesé dos ofertas: volver a un antiguo puesto en el que el ambiente era aceptable o probar suerte en un sitio nuevo con un grado de dificultad “media”. Opté por el lugar nuevo, animada porque era el antiguo puesto de una amiga y ella estaba segura que yo daba el perfil. Allí tuve momentos malos al principio, me sentía algo desbordada y me costaba aprender. En ocasiones me sentía oxidada, torpe y con memoria de pez. Pero lo conseguí, me hice con el trabajo. Conté con una compañera bastante madura y una jefa que me consideraba e incluso mimaba en exceso y eso ayudó bastante. En ese periodo recuperé bastante confianza en mi misma. Todos sabíamos que ese era un puesto de paso, porque tenía un salario muy bajo y tras sopesar una oferta de otra división de la empresa con más pasta pero muy mala baba contra mi jefa porque era un robo de trabajador en toda regla en un momento nefasto, la rechacé. Me marché dos meses después, habiendo jugado el partido hasta el final, sin estar quemada, sin problemas ni rencores, ni dejar tirado a nadie. Simplemente acepté un empleo en una empresa más céntrica, mejor pagado. Ese es mi actual trabajo y la causa de mis preocupaciones.
Desde el principio tuve bastantes dificultades, había una trabajadora con fuertes resistencias a asumir a alguien más en el equipo y por otro lado otra bastante inmadura y criticona y terminé chocando con las dos. No supe dar tiempo a la primera ni parar los pies a la segunda. Una vez más me dejé llevar por mis emociones y no fui capaz de capear los conflictos si estallar o sacar las cosas de quicio.
En cuanto al desempeño de mi labor, mi puesto estaba poco definido, me faltaban conocimientos para ciertas labores y en muchas ocasiones estoy bajo criterios dispares. En ocasiones me encomiendan cosas gratificantes pero en otras me siento humillada por las cosas que me piden que haga. Con todo y con eso, estoy segura que es un buen trabajo, estable y con futuro. Me pregunto como mantener al cabeza fría, desempeñar mi trabajo bien, conformarme con no llevarme en vez de llevarme mal e indicar con mesura las cosas que no me gustan. Soy consciente de que he subido un peldaño más desde el punto de vista laboral en este empleo y temo no tener nervios para conservarlo. Necesito mantenerme optimista, tranquila y apta. No rayarme cuando mi jornada se prolonga, o se acelere el ritmo de trabajo, o cuando alguien diga o haga una inconveniencia. No indignarme con cosas que son al fin y al cabo una cultura empresarial que también me cobija a mí, porque lo que más me gusta de esta empresa es que son peculiares, como también lo soy yo. No tiene sentido que me pase el día buscándoles el fallo y a la vez tratando de adivinar los fallos que ellos me encuentran a mí. Tengo 3 meses por delante antes de una renovación o un finiquito y tengo ganas de por lo menos hacer mi parte bien, independientemente de lo que decidan después.
Si alguien puede decirme algo que me sea de ayuda para afrontar estas cosas, lo agradeceré infinito. Sé todas habéis tenido problemas en algún trabajo, pero ¿cómo habéis aguantado? Esa es la pieza que me falta.

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La primera vez que me llamaron puta
Resulta que mi madre tuvo a su primera hija casi el mismo año que sus dos mejores amigas. De forma que sus hijas y yo pasamos a ser una prolongación de la vida social de nuestras madres. En cuanto dejamos de ser bebés nos vimos involucradas en un sinfín de cumpleaños, merendolas y paseos por el Retiro con nuestros progenitores.
Las dos amigas de mi madre trabajaban y tenían unos matrimonios más dinámicos con sus esposos. Y como todo lo que se mueve se termina alejando o acercando a algo, una de ellas se quedó sin un marido médico porque éste se había enamorado de una enfermera del Hospital donde trabajaba.
Así que esta buena mujer y amiga de mi madre se quedó rumiando su despecho y tratando de llevar las cosas con discreción y dignidad. Como la vida sigue y la tercera amiga (mi madre no, la otra) pensaba que todo se arreglaba montando saraos, (nunca odié más nada en el mundo que sus picnics, siendo o adolescente), organizó una fiesta de disfraces para sus dos niñas, las dos niñas de la ex mujer del médico y una servidora que de aquella no se enteraba de nada y contaba solo con 4 añitos. Pues allá que me llevó mi madre disfrazada, tan mona, con mi delantalito blanco y mi cofia con una crucecita roja, hasta un fonendoscopio de plástico me pusieron. Cuando llegamos al lugar de la fiesta ya había llegado todo el mundo. Nos abrió la puerta la esposa burlada y según me vio le espetó a mi madre: "¿Por que has vestido a la niña de puta?" Se hizo un silencio sepulcral hasta que una vocecita infantil repuso: "Nooo, yo voy distrazada de enfermeraaa".
No se por qué me vino a la mente este recuerdo, supongo que porque hay una primera vez para todo.
Años después me di cuenta que puta no es la que folla por dinero, sino la nuera odiada por la suegra, la popular entre los chicos, la guapa, y sobre todo la que hace lo que le sale del coño y le llama al pan pan y al vino, vino.
Tan solo hay un tipo de puta que me escama y es la que yo denomino la puta de 7 bragas. Normalmente es tan pendona como la que más, peeero, le importan tanto las apariencias que se pone 7 bragas para que, al tardar mas en quitárselas todas, parecer decente. Esas son las que no follan el la primera cita (pero se lo comen todo), las que dicen ya en la cama "yo no hago nunca esto" o "yo no soy así" y por supuesto, despellejan a toda aquella que tiene un desliz.
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DEFINITIVAMENTE: SOY UN TRAVESTI
La semana pasada acudí con mi ex a un pueblecito encantador entre Salamanca y Extremadura para realizar una sesión de fotos.
Tras muchos avatares como llenarme de telerañas, estar a punto de partirme al crisma y que a mi ex se envenenase con un melón (!!), me contaron algo increible: Resulta que las aborígenes de allí iban contando que alguien habia traído al pueblo a un travesti. Yo me puse toda contenta porque tal vez podríamos convencerle de que posara también porque era un proyecto fotográfico de visibilidad....Hasta que me percaté de que el supuesto travesti ERA YO.
Y yo me pregunto ¿no tienen tele? Si las lenguas hablan, que lo hagan pero con un poquito de propiedad porque eso es como confundir Palma de Mallorca con Las Palmas o un gorila con un orangután.
A ver, señoras, dejen un momento los bolillos y atiendan:
GBLT significa: Gay, que es una cosa, bisexual, que es otra, lesbiana, que es otra distinta y transexual. Y al margen de todo eso, está el travestido que es en general un señor vestido de señora independientemente de su tendencia sexual. (Lo mismo se puede travestir un padre de familia que el cura del pueblo, digo yo)
Y una servidora es una chica rapada que se mueve como un caballo percherón y se viste como una cama deshecha, así que para travestirme en travesti (empieza el trabalenguas) haría falta mucho tiempo y dedicación.