diario de una bivaca en apuros
feminista sin ataduras, petarda y reivindicativa. no se va a salvar nadie.
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Bisex independiente. Combativa y con ideas claras. Humor muy ácido y muy mala leche. Nada que ocultar desde hace tiempo. Convencida de que hay un sitio para todos y todas. Adicta al chocolate. Se aceptan donativos
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LA SEÑORA JULIA
Todas las tardes la veía llegar al trabajo desde mi mesa. Arreando desde la garita a la recepción. Campechana y guapaza, pisando con alegría. Con su vestido amarillo y con la melena roja recogida en un moño con un clavel del todo a 100. Luego se cambiaba y se ponia la bata azul de trabajo y la emprendía con el suelo a golpes de mopa canturreando. Teníamos una broma que repetíamos todos los días. Ella me preguntaba ¿Como estás?. Si era antes de las seis (estaban los jefes), yo respondía: " Hasta la peineta, señora Julia". Si me lo preguntaba después de las seis, ( ya no estaban los jefes) yo respondía categóricamente: "Hasta el coño, señora Julia".
Tendría unos 56 años y había criado ella sola a su hijo de ventitantos, a trancas y barrancas, de alquiler y limpiando donde hiciese falta. La señora Julia había sobrevivido a maridos canallas, vecindonas viperinas,... y a la masacre del 11M. Muchas tardes me pedía permiso para mandar los papeles de su médico por el fax de mi mesa o llamar por teléfono.
Un buen día llegó mas contenta que de costumbre y me dijo: "me voy a comprar una casa". Juntó sus ahorros, lo que le habían dado por ser víctima de terrorismo, su nómina de limpiadora y la firma de su hijo que no trabajaba pero al ser joven, le daban una hipoteca de mas años. Solo le llegó para un piso ruinoso, ya casi en Entrevías, sin ascensor y hecho una lástima. Pero estaba tan contenta de tener, por fin algo suyo, que le contaba a todo el mundo que le había sobrado un pellizquito para poner suelos de sintasol imitando parquet en su nueva casa.
La señora Julia sabia que era afortunada porque solo le troncharon la vida, no se la segaron, y aunque arrastraba secuelas, daba gracias a Dios por estar viva y tener fuerzas para trabajar cada dia.
Solo me atrevo a añadir que la señora Julia me causa un respeto imponente.
 
Olores
Desde hace mas de dos años yo habia perdido el sentido del olfato a consecuencia de mi enfermedad. No me refiero a la sensación de catarro que habreis experimentado todas, sino ser incapaz de distinguir entre un vaso de amoniaco y uno de agua. Tuve que adaptarme poco a poco. Me acostumbré a pedir a otra persona que comprobase si una lata de alimentos estaba en buen estado o a cocinar de oido. Puse todo eléctrico en casa por miedo a no detectar un escape de gas y tiré todos los perfumes con tristeza. Ultimamente temía que se me fuesen olvidando los olores mas importantes de mi vida y no poder recuperarlos nunca mas.
Pero mi enfermedad llegó a un punto critico hace un mes y fue imprescindible intervenirme. No salió del todo bien, ya lo sabéis, pero he recuperado tímidamente la capacidad de oler. Como la enfermedad seguirá avanzando, tal vez lo vuelva a perder- no quiero ilusionarme-. Lo primero que pude apreciar fue en el Hospital, y se trató de el olor de mi propia sangre. Cuando me quitaron los vendajes a la semana siquiente, pude distinguir la loción del médico ( para qué mentir, me abalancé sobre él a olfatearle, no se como no me ha denunciado). Ya en casa, probé un trocito de lomo y me supo a gloria. Al no tener olfato, no puedes distinguir mas que salado, dulce, amargo, pero no las notas de sabor.
Me lance a la reconquista de este sentido y hasta ahora he disfrutado del aroma del azafrán, las gominolas, la piel de S. la Maligna, la loción del Nehandertal....Tambien me he dado cuenta de que Madrid apesta y que la cerveza del super sabe a rayos, así que me vuelvo a la Mahou de toda la vida.
Solo quedan dos olores que me encantaría recuperar antes de que esta tregua termine, y espero que me de tiempo. Se trata del olor a tierra mojada y ese olor caracteristico que desprende un caballo sano despues de correr a largo rato. , cuando parece que sale vaho de sus crines pero patea para decirte: oye, no estoy cansado, quiero seguir corriendo.