Luca soy yo
Rectificando, también mi vida
Acerca de

Mediocridad y monotonía. No encontrareis nada más aquí. Lamentos inútiles que no merecen comentarios.

 
Orgullo


Y después de todo es orgullo lo que siento, de ser como soy. Hoy es un día histórico, para los amantes de la llibertad, para los amantes de la igualdad de derechos, de todas las personas, sin que importe su edad, su color de piel, sus creencias, su orientación sexual. EL congreso de Diputados ha aprobado la ley por la que parejas del mismo sexo se podrán casar y adoptar. Por lo menos en lo que respecta a la ley se acabaron las diferencias. Soy consciente que queda mucho por andar, pero hoy me siento bien, algo raro en mi, por una vez feliz y conforme con el mundo. Y orgulloso de lo que soy, maricón, frocio, homosexual, gay, lo grito a los cuatro vientos, en Chueca, en sus fiestas bailando y saltando con una alegría que no conocía hace años .

No es propio de mi arengar a nadie, pero creo que la ocasión lo merece. SIempre marcho en la Manifestación del Orgullo, para relcamar derechos que nos niegan, mientras me divierto, eso sí; pero este año más que nunca debemos estar tod@s allí , para demostrar una vez más que los armarios donde otrora gentes intolerantes pretendían que nos apolillaramos por fin han desaparecido de nuestra sociedad, y que los poco que quedan están ya sin puertas, dejando que entre en aire fresco liberador. Existimos y somo visibles, pese a quién no le guste. Tod@s a la manifestacion del 2 de Julio. Orgullosos de ser lo que somos.



rainbowman

 
Entre sus labios


Él estaba nervioso quizás debido al continuo rumor de las ondas magnéticas que explotaban en su interior, cuando lo conocí en el hospital. Nos cuidábamos el uno al otro, habituados al dolor, y sin darnos cuenta comenzamos a intimar. Eran señales sólo visibles para nosotros, como el alfabeto de los sordomudos, pequeños gestos en el aire, como imperceptibles cortes verticales en las muñecas, pinchazos horizontales, que se trasformaban con el correr de la sangre en pétalos rojos, flores sedosas que florecían en nuestros brazos. Juntos atraíamos las abejas y sus aguijones dentro de nuestros capullos apenas abiertos de rosas rojas. No había nada más solitario que nuestros corazones. Cuando éramos pequeños jugábamos solos, siempre solos, a la sombra de la cortina que nos ocultaba de los demás o encerrados en la oscuridad de los armarios de nuestras casas, no más ni menos que ahora. Nuestro pasatiempo preferido, el suyo y el mío, era Mirar los ojos de la gente que pasa...Y ahora nos exhibían a nosotros mismos, escaneados en la intimidad de nuestros órganos, en una pantalla gigante, un enorme Drive-in psicodélico, si bien nos creíamos aun tímidos porque enrojecíamos fácilmente. Algunas noches bastaba un solo suspiro mío para hacerle llorar, y entonces llorábamos juntos: Los gatos muertos en el frigorífico, las drogas sentimentales, el sexo sintético y la quimioterapia de los ángeles habían dejado cicatrices profundas e indelebles, aunque siguiéramos cantando Summertime, colgados en nuestras cruces sempiternas, perros abandonados en un callejón, contenedores de desechos tóxicos... Su voz era la de un muchacho del sur, su risa como un cristal de murano soplado por la boca de un niño. Se reía y los pliegues de nuestros corazones se disponían como un laberinto infinito y en nuestras cabezas había un flujo continuo que nos hacía inviolables, como un tumulto de caballos alados o piedras rodando, así perfectos como platos de sushi, pequeñas obras de arte efímero preparadas para ser devoradas...

 
Bestiario imposible: Quimera


Narrar de la nada, sobre la nada, con la nada, sin nada mínimamente interesante que decir. Eres tú la Quimera de mis sueños. Y tu cabeza de león vomita fuego que me quema por dentro, que convierte en cenizas todas mis ideas, que me reduce a nada. Y tu cabeza de cabra me mira sin verme, con esa mirada que se pierde en el horizonte imposible, como cuando se mira la nada en la que me transformas, sortilegios que me envuelven y de los que no sé defenderme, cuando tu cola de serpiente, víbora conocida de veneno deseado, me atormenta. Tú, mi Quimera de muerte que me arruinas, me destruye, me trasforma en nada, en nada más que la nada, la simple nada... lo único verdadero.



chimera

 
Bestiario imposible: Víboras


Estoy solo. Yo. Estás solo. Tú. Aunque es posible que nos encontremos en la misma cama solo para follar una vez más, dejándome acariciar tu hermoso cuerpo que me ofreces como un regalo imposible. Tocándote, teniéndote, besándote. Entonces me paro dentro de ti, profundo como la herida abierta por el filo acerado de una navaja, sin querer pensar en nada, gozándome el momento, aunque no entiendo bien porqué siento este miedo incierto y mi cuerpo está frío, y tiemblo de dolor inmenso. Vuélveme loco de placer, te imploro gritando, y después olvídame.

Ahora puedo ver tu lengua viperina lamiéndome las heridas de tu mordedura, mientras siento el veneno que corre por la sangre caliente... Por fin, cierro los ojos y me dejo ir en la cama mientras lentamente desapareces.

 
Olvidado y mudo.


Como al principio, sabes, cuando escapábamos del dolor con aquellas grandes carcajadas que nos trasformaban un poco en niños, un poco también en locos, congestionados, mudos y con lagrimas en los ojos por la risa, pero siempre emocionados, henchidos de amor, porque nos bastaba estar el uno junto al otro, llenos de felicidad y con el alma a punto de explotar, así, precisamente así, en esa suerte de estado sublime en el que conseguías sumergirme quisiera que me recordaras, aunque sé muy bien que no lo harás.

Ahora que por fin he entendido que nada iba bien entre nosotros, he comprendido también que todo sería posible entre nosotros, todo salvo que volvieras conmigo. Eso también lo sé. Me contentaré con pensarte, con recordarte, abrazado a mi, riéndote a mandíbula batiente para espantar nuestros miedos, nuestras miserias, y poder volar alto, hasta tocar el cielo. Debería haberte dicho tantas cosas entonces que callé estúpidamente, pero no fue fácil para mi, lo sabes, estar siempre allí arriba, viéndote hermoso, fuerte, radiante, mientras mi debilidad conseguía a duras penas volar a tu lado. No era un ángel, quería serlo, pero sólo lo aparentaba para continuar a tu lado, simulando aquellas hermosas alas que desplegaba frente a ti, como un Ícaro cualquiera, estupidamente fabricadas en cera. El final estaba escrito, el desastre asegurado. Ya no hay remedio, y sin embargo cuando por fin sea un ángel de verdad, olvidado y mudo, ya no te acordarás de mi.