Mientras tanto... Creo que alguien ha entendido: estoy desvaneciendo mientras escucho 'How to desappear complety' (de todas formas sé que no puedo morir aun). Pienso que debo escribir. Escribir para tener derecho a morir. Escribir quizás para poder morir contento. Desaparecer. Nada me une ya con la vida y vago por un entrermundos, entre los vivos y los muertos, entre la realidad y la flasedad, creyendo que controlo todo, creyendo que si lo escribo puedo controlarlo (el dolor, el miedo, la ausencia, la desesperación, la soledad, la inseguridad) y al contrario, ignoro que cuando escribo (no la verdad es que ya no lo puedo ignorar, no nos engañemos) pierdo el control sobre todo y sobre mi mismo: Aparecen los sueños y sobre todo las pesadillas que deberían ser (que lo son en muchas ocasiones) la colección inédita de los propios deseos: ese objeto reservado, coleccionado, violado, despedazado, que sólo ahora, sólo ahora que está en desuso, retorna verdadero y vivo, inútil como un dios, como la vida misma, inútil también como ejercicio literario, pero que ahora, más que nunca, forman parte de la atmósfera, como las nubes que giran en el vórtice fresco de la tarde. La dritta via era smarrita! mi querido Dante. Tú lo sabes. Leer es, a veces, como suicidarse, escribir es querer hacerlo muchas veces.
Sumergido en la oscuridad te llamo para que venga a salvarme, yo Lucas (perché Luca sono io), y te llamo con mi verdadero nombre: Mario (Perché Mario non sono io). Nunca podré ser normal, y me quema el alma esta revelación: soy el angel de la destrucción que espera, bendito seas, el disparo de tu pistola novel para disolverme, por fin, en la inexistencia.