Escribo para salvarme, sólo para eso. Lo hago de un modo febril, escupiendo sobre el teclado las palabras que más me asustan, que más me dueles, que menos soporto. Escribo para salvarme, como alguien que no quiere volverse loco, aunque sabe muy bien que ya lo está, pero que así, sin saberlo está buscando la salvación que no puede encontrar en ninguna otra parte. Escribir es en el fondo poder suicidarse muchas veces y conseguirlo - Rememorando dolorosamente el dolor de tu ausencia, sufirendo cada momento la inquina de tu adios - y cada vez que muero, revivo sin quererlo, y así me salvo, nos salvamos, en mi delirio: ...créeme, ya no puedo sentir más allá de esta soledad tan sola que me está matando, estúpida manía de volver a caer en la melancolía de tu recuerdo, de tu ausencia. ¡Cúando conseguiré olvidarte! Un café caliente, como cada noche, para finalizar el día, mientras me dejo escurrir sin remedio en tu recuerdo: te pienso y me hace daño, y escribo tu sentencia, mil veces, tu enseñanza final, mil veces, en en la pizarra de mi mente, mil veces, tu odiosa despedida, mil veces, como un niño que ha sido castigado, mil veces, para no olvidarlo jamás, mil veces: "Tu amor no merecía la pena"...