...después de hacerlo me miras con tu cínica cara malevolente, tu sonrisa de canalla auténtico aflora grandiosa y amenazante ante mi, para romperme en dos: ¿No querías un polvo? pues ya lo tienes y me despachas sin más, hasta dios sabe cuando. ¡Mierda de dependencia emocional! ¡Basta! Hoy no te dejaré ir así como así. Hoy tendrás que mirarme a los ojos y decirme que no me quieres, que no me amas, que no era yo quien quería ese maldito polvo del carajo que tan caro de alma me cobras, que no era yo, si no tú, quien quería follar a toda costa, que yo hubiera preferido un abrazo sincero, un beso cálido dado con el corazón o una simple y tierna mirada de complicidad...