Desnudos, con arrugas y ojeras profundas en nuestras caras, nos miramos una vez más cuando termina la noche. Desnudamos los deseos, la sangre latiendo por las venas, y sin querer, me acuerdo de los besos perdidos que nunca pude darte, que nunca quisistes que te diera, tanto tiempo ha pasado ya. A mis cuarenta y dos me siento terriblemente cansado para volver a comenzar el maldito juego del cortejo, sabes bien que ya no soy aquel joven que te enloquecía sólo con una símple mirada capaz de acariciar todo tu cuerpo... Ahora mi fuerzas son, por lo demás, flacas, mis ojos turbios ya no saben mirar con la pasión de la juventud, mi deseo controlados no saben encender aquellas oleadas de deseos, y sin embargo, a pesar de la ruina que ahora soy, que somos, te necesito, y lo sabes, como el azul del día y el calor del sol, como el aire que respiramos a pesar de parecer muertos, como el milagro de cada día al amanecer que nos hace resucitar, como la imaginación y el silencio que me hacen morir escribiendo, como el amor después del amor que siempre me das... Mi querido Olvido.