Tengo hambre de ti, que me sabes a pan recién hecho cada, vez que te pruebo, cada vez que te como, cada vez que lleno de ti mi boca y pruebo tu sabor dulce y cálido. Tengo sed de ti, que me sabes a vino hondo y perfumado cada vez que te bebo, cada vez que a sorbos largos te tomo, y te hago mio, tú que eres mi comida, mi bebida, justo todo aquello que necesito para vivir. Comerte, beberte, devorarte, hacerte mio otra vez... Esta mañana me he levantado y tú ya no estabas en mi cama, y te busqué desesperado inútilmente. Había olvidado que hace mucho te fuistes, harto quizás de mi hambre, de mi sed. Me queda aun tu sabor en el recuerdo, que me gusta, y tu larga ausencia, esa que tanto me duele.
Un saludo