Luca soy yo
Rectificando, también mi vida
Acerca de

Mediocridad y monotonía. No encontrareis nada más aquí. Lamentos inútiles que no merecen comentarios.

 
A la sombra de las raíces de la neurosis


Han pasado tantos años – tantas puestas de sol y desastres, formas disformes embellecidas de lustres y lentejuelas – Sin embargo cada tarde te siento golpear mi puerta, y con lisonjas de vendedor de enciclopedias, me convences para que te abra y me quede. Entonces apoyas tu copa de veneno en mi mesilla y, sentado sobre el consumido sillón del gato, me hipnotizas con tu figura: sombra negra de silueta afilada. Una vez más me seduces y me matas con tu historia.

Mi pequeña mano apretaba la tuya cuando me conducías hacia un paraíso confinado en un cuenco hecho de cuatro corolas vegetales: “Puedes tener el rojo de la sangre, tomar el verde de la fe, poseer el azul surgente de la mente y quedarte con el amarillo del oro del sol de septiembre”. Pero yo elegí una flor violeta, púrpura y sucia como el bíblico placer de Sodoma, elegí el capricho y la lujuria de desear las cosas como si yo también fuera un dios. Entonces, tú me ataste las manos y los brazos, y me anulaste el cerebro, y me cubriste las alas de fango y cemento, y me rompiste las piernas, y me arrojaste dentro de esa cárcel donde pudiera ver y añorar mi Edén perdido y deseado, pero no tocarlo. Así me mantenías en tu fétida buhardilla, y cuando en casa te caía, inesperado, cualquier curioso fisgón, sentía las escaleras chirriar, y a ti después que me atabas los ojos con un lazo por miedo a que pudiera gritar ayuda.

Las cadenas gastadas se rompieron cuando era media tarde. Tú me fustigabas con fusta de piel y la piel era la mía. Y yo escapé corriendo hasta dejarme las piernas, y me refugié en las iglesias, y en los templos, y en las rocas ruinosas de los recuerdos donde siempre llueve.

Sin embargo cada tarde tú estás siempre aquí, como un cadáver en el sofá narrando. Y te encuentro por la mañana en las callejuelas, en el bar, caminando lentamente a mi lado, y veo tu cara reflejada en los escaparates de mi pequeño Edén artificial restaurado: No me abandonas nunca, estás siempre presente, declamando. Intento caminar desnudo por los bosques y tú estás ahí, me siento junto a una fuente y en el agua veo tu cara, y en las orillas del mar y en los riachuelos de sangre, tú estás ahí, y cuando de un árbol acaricio la corteza, tú aun continuas atándome las manos y los brazos, y me cubre las alas de fango y cemento, y me anulas el cerebro, y me encierras dentro de una trágica cárcel a mirar sin tocar lo que tanto quiero, Y mientras me fustigas con fusta de piel, puedo leer en tus ojos que me has quitado el Paraíso y que no tienes intenciones de devolvérmelo...

 
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Visitame te lo ruegoooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!11
 
Comentario:
rastrero y cruel el hilo que nos ata
No