La primera entrada del año en la bitácora quiero que sea diferente, nada de tristeza, de melancolía, ningún peso incomodo en el corazon que me lastre al fondo sin salida, ninguna herida en el alma que me sangre la vida. Estos días soy feliz. Será este aire templado que ha traido el año nuevo, promesa de mejores tiempos. Para quién crea en los presagios (en los augurios) devo decir que ayer oí cantar a los Mirlos entre los árboles del Retiro. Me sorprendió oir su canto, después , sin embargo, me acorde que suelen hacerlo independientemente de la estación en la que se encuentren, que lo único que verdaderamente les importa es que la temperatura del aire sea templada. Mirlos cantando. Me acompañaron toda la tarde, negros, con sus picos amarillos, reclamando con sus trinos el amor, en el comienzo del invierno, en estos día en los que sin duda celebramos el principio de la vida, el triunfo total del sol que renace (el sol invicto, el nacimiento de Mithra, también el de Jesús). El anticiclón de las Azores tiene la culpa, dicen los meteorólogos, cielo azul, sol maravilloso, no demasiado frío... una delicia.
un abrazo