Si hay alguien que verdaderamente es, así, intransigente conmigo y con mis actos, ese mismo precisamente soy yo. Sin piedad me examino a la luz de la lampara muda de cristal, que permanece ciega de tanta luz encima de la mesilla, cada noche antes de dejarme abrazar definitivamente por Morfeo. Me juzgo y me encuentro culpable: De mi soledad, por no hacer nada positivo para salir de ella. De mi tristeza, porque muchas veces pienso que es fingida, consentida e incluso deseada. De mi indolencia frente a los problemas laborales, económicos o de qualquier otro tipo que me acucien. De mi estupidez ante el amor, el desamor, la amistad, el odio o qualquier otro sentimiento intenso que me anule el pensamiento. Sin piedad me visto la toga y el birrete frente al espejo donde me miro, y sin esperar el alegato de la defensa, como en aquellos juicios sumarísimos de otros tiempos que la memoria colectiva ha querido olvidar, me juzgo culpable, me sentencio y me condeno. Después me duermo convencido ingenuamente que el día siguiente despertaré lleno del coraje que me falta y mi vida al fin cambiará... Se cierra así el círculo inútilmente vicioso.
hace mucho que no escribes, espero que todo vaya bien... te escribo para pedirte un favorcito: me das mucha envidia con tus canciones en el blog y me pregunto cómo se hace... ¿me lo cuentas? ¿porfa? :D