"...Que no se puede cambiar de corazón como de camisa sin perder la sonrisa..."
El caso es que, aunque no quiera, y mira que de verdad no quiero, siempre termino echandote de menos. ¡Hace ya tanto que nos hemos dejado! y sigo escribiendote cosas que sé que no leerás, y sigo pensando en ti cuando necesito qualquier simple consejo, y en lo que me dirías si tengo que comprar ropa nueva, o decidir el color de las paredes, o que cocinar para los amigos... ¡ah! si ya no me quedan amigos de verdad, se fueron contigo, también me abandonaron a mi soledad, porque tú eras siempre el centro de aquellas reuniones y yo sólo la periferia que es mejor evitar, tú el poderoso sol luminoso y yo la luna, capaz sólo de reflejar levemente tu resplandor. Y al final tanta energia tuya me quemó, lo sabes bien, y por eso tuve que irme. Pero así chamuscado y todo sigo pensando en ti, como un idiota, en como haciamos el amor, que era sólo sexo, o más bien en como haciamos sexo cuando queríamos sólo amarnos. Teníamos entonces tanta sed de amor y de sexo. Las heridas aún me sangran, y me sangran más cada vez que pienso en ti, y aplico al torniquete una vuelta más cada vez que lo hago, aumentando el par de fuerza, y la presíon sobre la desgarradura, sin conseguir cortar la hemorragia que me está matando, que sin sangre me estoy muriendo.