Es el remolino de un huracán, el laberinto de mi vida lo engulle todo y lo vomita cuando ya no lo esperas. Esta noche he soñado con él. No debí revisar aquellas cosas que guardaba en el ordenador, pero aunque no deviera me hicieron recordar un montón de cosas que creía olvidadas. He leido aquellos e-mail interminables que nos intercambiamos en la distancia y luego he hecho como si nada. Pero una parte de mi no ha quedado indiferente, más bien ha sentido como si hubiera echado un puñado de sal sobre la herida. Será quizás que estoy de vacaciones y que estoy en casa solo desde hace algunos días. No me gusta quedarme solo por mucho tiempo, tengo miedo de volverme loco... El lunes me iré a la playa para cambiar de aires, pero son muchos días aún para quedarme en esta casa que parece un ataud sin hablar con nadie. Haber soñado con él no me ha ayudado para nada a buscar la calma, leer aquellos correos olvidados tampoco, El caso es que he soñado con él cuando creía haberlo olvidado y he abierto de nuevo la herida. No aprenderé jamás. Tengo dentro de mi un cubo negro de marmol duro y frío que quisiera latir como un corazón, pero no es capaz de bombear la sangre que necesito corra por mis arterias para vivir, y mi cabeza es como un volcán que empieza a pensar en sangre que no circula, en venas cortadas a la altura de las muñecas, sin pulso ya, en funerales, que yo siempre he sido un aspirante a suicida, porque no consigo deshacerme de esta rabia tan grande y tan difícil de explicar sobre todo a los otros, que pienso solo en autoflagelarme, en hacer todo solo, omnipotente de rabia y de negra desesperanza... Quisiera ser de verdad un escritor para poder poner orden en mis pesadillas, pero no lo consigo, es una tarea que me sobrepasa. Tendría que hacer un montón de cosas estos días, pero no me apetece. Pienso en él y sólo siento la necesidad de quedarme todo el día en la cama. El caso es que tengo un deseo muy fuerte estos días de andar a dormir al parque sin más, provar un poco la sensación de ser un vagabundo, sin nada en el mundo, sin nada que me ligue a él, abandonado de todos, no tener nada mio, ni siquiera los sueños engañosos que nunca son reales, y si no puedo cancelar mi desesperación, así almenos podría cancelar mi identidad, pero no hay coraje suficiente para hacerlo, no hay amor para poder devolverte el que me distes... no hay ya esperanza.
Eso sí, ese camino te dirige a un sitio... por el que no deberías dejarte conducir.