Apuntes contra conjuros y lamentos
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Considerando en frio, este blog a veces tose y se acatarra, y sin embargo le gusta ir a pecho descubierto. A veces, se peina y se viste de domingo, otras veces va velozmente al trabajo, otras piensa en el enigma del tiempo o en la fórmula esforzada de la vida por "delante".
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La casa del recuerdo, las ganas de escribir y otras peleas.
A veces, las ganas de escribir se pelean con un mutismo cómodo que nada da ni quita. Pero creo que la comunicación es más mi esencia, es mi tierra donde nací:Y por eso, confiando en esa naturaleza, quisiera ir pasando por aquí, y añadir a estas hojas amarillas algún otro color o matiz. No quiero abriros los ojos. Mi misión en la tierra no es redimir a nadie más que a mi misma. Y espero que las luces que voy encontrando en este pasar por el mundo os gusten por momentos, os parezcan tibias como un sueño sin pesadillas, …A veces pienso que el agricultor que ara la tierra y la encuentra dulce al trato es la persona más feliz del mundo. Y lo es por saber apreciar la sencillez, el encanto de cosas llanas ni bucles ni tensiones. La tierra, como las buena gente, es agradecida al esfuerzo y que es honesta como una mano abierta.

Y ya me veis aquí, suspendida de una rama de un árbol campestre, cual la golondrina en el verano que se nos va, como un carro de fuego fulgurante y poderoso.

Hoy he estado en el campo, y como cuando era niña, al volver a pisar la tierra, todo son recuerdos de mi infancia, todo vuelve otra vez vivo a la mente, pero con la melancolía de saber que es imparable el andar del tiempo,Y los recuerdos que me traspasan los años, los lustros…

La casa del recuerdo vive en mi y me anima a seguir siempre. Allí, con un resplandor vago de luz se desliza la imagen de mi abuela queriéndome, advirtiéndome, acariciándome, velando por mi. Recuerdo aquel momento en casa de mi abuela, cuando yo le pedía que me contara historias, versos, dichos, sucedidos…Allí, con absoluta paciencia y cariño, ella me volvía a contar sus historias, las de final feliz; de las otras no sabía nada más que fotos descoloridas y borrosas, besos furtivos con lagrimas de compañeras. Había una historia que no contaba y de la que yo supe tiempo después, cuando dejé de ser niña.

Ahora, a mediados de septiembre, a la lluvia la anuncia el trueno y el nublo del cielo, y vuelvo al recuerdo. Es una casa bonita, a veces.
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Melancolías de media tarde
Hoy me siento melancólica y no quiero pensar en nada más que necesito que C. me cuide, que amanse con sus manos sabias este gusanillo que me recorre de la cabeza a los pies, desde el corazón al cerebro y que me hace echarla de menos. Sólo me apetece eso. Me he acostado a la siesta y me he encontrado con la cama demasiado grande para mi cuerpo huesudo. A veces este sentimiento de amor, de echar de menos, me hace ponerme un tanto filosófica: yo quiero a C. y ese deseo de estar, es un deseo de plenitud, de romper los estrechos límites de mi existencia cotidiana. Es un ansia de inmortalidad, porque cuando me doy cuenta que la quiero y que ella me quiere, por algo que haga que así lo exprese (normalmente inadvertido para ella), me hace tomar conciencia de que esta suerte que surgió en enero, con los frios, es como un relámpago entre dos eternidades. Si tuviera que deciros algo que me gusta de verdad de ella, me resultaría difícil porque no es una cosa sola sino un conjunto de rasgos y virtudes las que me hacen verla de una forma especial. A veces no necesito mucha lógica para explicar estos porqués; las razones se ven en un momento en que siento en el inconsciente un eco que resuena y que me lleva a pensar que ese tipo de persona inteligente, irónica, con valores, bella por fuera y por dentro, con un espíritu de la mujer natural, siempre al borde de la realidad y de la imaginación, es la que siempre me imaginé conmigo. Me gusta decir, y además lo digo con orgullo, que me gusta estar unida a C., que me gusta penetrar en su entrañas, a veces extrañas, y descubrir mi fondo, mi conciencia de que la echo de menos.
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Lima y el reflejo del talle en las vitrinas

«He vuelto a despertar en Lima a ser una mujer que va/ midiendo su talle en las vitrinas como muchas/ preocupada por el vaivén de su culo transparente/ Lima es una ciudad como yo, una utopía de mujer [...] Tengo 30 años/ la edad del stress/ mi vagina se llena de hongos como consecuencia del primer parto./ El color del mar es tan verde/ como mi lírica verde de bella subdesarrollada./ Del botín que es la cultura, me pregunto por el destino./ No conozco la teoría del reflejo, fui masoquista/ a solas gozadora del llanto del espejo del WC./ Despierto y me levanto en un catre viejo/ mi militancia ni es una casa vieja pobre y hedionda/ y aquí sin espejos, ni tazas de mayólica, aguantas las ganas de orinar/ o revientas...Y otra vez aquí/ allí viento/ molotov/ pezuña del poli...»

«Cuando el velo de los años me haya cubierto,/ seré una anciana indigna?/ Me preguntarán mis hijos dónde vas madre tan peinada/ y pintada como un Kabuki?/ Descendiendo, cayendo ante los ojos de la nueva generación/ mis malos jueces, ¿acaso tendré el valor de aquella viejecita rusa/ para consumir 'el pan de la vida hasta las últimas migajas'?»

Fuente: Carmen Ollé
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FUE DOMINGO EN LAS CLARAS OREJAS DE MI BURRO...


Fue domingo en las claras orejas de mi burro
de mi burro peruano del Perú (Perdonen la tristeza)
Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal,
Experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho,
De una sola burrada clavada en pleno pecho,
de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho.

Tal de mi tierra veo los cerros retratados,
ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista
que tornan ya pintados de creencias,
cerros horizontales de mis penas.

En su estatua, de espalda,
Voltaire cruza su capa y mira el zócalo,
pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos
Un número crecido de cuerpos inorgánicos.

Y entonces sueño en una piedra
verduzca, diecisiete,
peñasco numeral que he olvidado,
sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo
lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo!
¡cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales!
y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano,
quiero decir mi trémulo, patriótico peinado.


César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892- París, 1938)
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Por último, sin ese buen aroma sucesivo...

Por último, sin ese buen aroma sucesivo,
sin él,
sin su cuociente melancólico,
cierra su manto mi ventaja suave,
mis condiciones cierran sus cajitas.

¡Ay, cómo la sensación arruga tánto!
¡ay, cómo una idea fija me ha entrado en una uña!
Albino, áspero, abierto, con temblorosa hectárea,
mi deleite cae viernes,
mas mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza
y, a su borde arenoso e indoloro,
la sensación me arruga, me arrincona.

Ladrones de oro, víctimas de plata:
el oro que robara yo a mis víctimas,
¡rico de mí olvidándolo!
la plata que robara a mis ladrones,
¡pobre de mí olvidándolo!

Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada,
la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre...

Fuente: POEMAS HUMANOS
CESAR VALLEJO

Vallejo, en su poesía, es siempre un alma ávida de infinito, sedienta de verdad. La creación en él es, al mismo tiempo, inefablemente dolorosa y exultante. Este artista no aspira sino a expresarse pura e inocentemente. Se despoja, por eso, de todo ornamento retórico, se desviste de toda vanidad literaria. Llega a la más austera, a la más humilde, a la más orgullosa sencillez en la forma. Es un místico de la pobreza que se descalza para que sus pies conozcan desnudos la dureza y la crueldad de su camino.
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