Lima y el reflejo del talle en las vitrinas
«He vuelto a despertar en Lima a ser una mujer que va/ midiendo su talle en las vitrinas como muchas/ preocupada por el vaivén de su culo transparente/ Lima es una ciudad como yo, una utopía de mujer [...] Tengo 30 años/ la edad del stress/ mi vagina se llena de hongos como consecuencia del primer parto./ El color del mar es tan verde/ como mi lírica verde de bella subdesarrollada./ Del botín que es la cultura, me pregunto por el destino./ No conozco la teoría del reflejo, fui masoquista/ a solas gozadora del llanto del espejo del WC./ Despierto y me levanto en un catre viejo/ mi militancia ni es una casa vieja pobre y hedionda/ y aquí sin espejos, ni tazas de mayólica, aguantas las ganas de orinar/ o revientas...Y otra vez aquí/ allí viento/ molotov/ pezuña del poli...»
«Cuando el velo de los años me haya cubierto,/ seré una anciana indigna?/ Me preguntarán mis hijos dónde vas madre tan peinada/ y pintada como un Kabuki?/ Descendiendo, cayendo ante los ojos de la nueva generación/ mis malos jueces, ¿acaso tendré el valor de aquella viejecita rusa/ para consumir 'el pan de la vida hasta las últimas migajas'?»
Fuente: Carmen Ollé