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En estas noches bajo cero me acurruco en el sofá con mi mantita y veo antiguos capítulos de Sexo en Nueva York. Estamos en la sexta temporada y Carrie se encuentra en la cima de su carrera profesional presentando su libro. Reaparece un antiguo amor, que sabe que es ya parte de su pasado. Cuando sus amigas se marchan se siente sola ya que en la fiesta está con 1400 amigos íntimos de los que apenas conoce ni sus nombres. Decide marcharse y una taxista le hace ver lo maravillosa que es su vida y lo sencillo que es disfrutarla simplemente comiendo unos perritos calientes, eso le ayuda a evadirse y ver que hay futuro por delante.
Por momentos dejo de oír el sonido y sólo veo imágenes. Poco a poco mi vista la dirijo a la esquina superior izquierda de mi salón. Me envuelve la nada, el silencio se apodera de mí. Todos somos vulnerables aunque nos esforzamos en ocultar nuestra propia verdad tras múltiples capas. A veces sabemos que no estamos solos pero es una sensación por dentro de vacío la que sentimos, que engulle como una espiral todo lo que hay a nuestro alrededor. Sabemos que nuestra vida no está del todo vacía, que nos va bien profesionalmente, que tenemos un buen círculo interno, que tenemos amigos para salir de fiesta... pero que aunque simulamos tener una vida plena y ocupamos nuestro tiempo con múltiples actividades, cuando llegamos a casa en noches como ésta sólo estamos nuestra soledad y nosotros mismos. En parte, odiamos nuestra condición humana y la necesidad de sentirnos complementados.
Y ese vacío, a veces se intenta llenar con esos hombres que van desfilando por nuestra vida que cuando besas roban poco a poco una parte de tu alma, igual que tú haces a otros. Pero que tu alma por mucho que intenta robar esencias no se llena. Todo es algo pasajero y fugaz. En ocasiones simplemente necesitamos saber que algo permanecerá, aunque sabemos que el mundo es dinámico y las cosas cambian. También sabemos que estos pensamientos desaparecerán a la mañana siguiente, cuando en el espejo nos animemos para ir a por todas, para coger las riendas de nuestra vida una vez más y sobreviviendo una nueva jornada. Y volverás a llenar el vacío a tu manera. ¿Hasta cuándo?
Escuchando el disco Moderne de Rúdiguer.
Soy como Miranda, al fin y al cabo, ella y yo no nos diferenciamos tanto.
Por momentos dejo de oír el sonido y sólo veo imágenes. Poco a poco mi vista la dirijo a la esquina superior izquierda de mi salón. Me envuelve la nada, el silencio se apodera de mí. Todos somos vulnerables aunque nos esforzamos en ocultar nuestra propia verdad tras múltiples capas. A veces sabemos que no estamos solos pero es una sensación por dentro de vacío la que sentimos, que engulle como una espiral todo lo que hay a nuestro alrededor. Sabemos que nuestra vida no está del todo vacía, que nos va bien profesionalmente, que tenemos un buen círculo interno, que tenemos amigos para salir de fiesta... pero que aunque simulamos tener una vida plena y ocupamos nuestro tiempo con múltiples actividades, cuando llegamos a casa en noches como ésta sólo estamos nuestra soledad y nosotros mismos. En parte, odiamos nuestra condición humana y la necesidad de sentirnos complementados.
Y ese vacío, a veces se intenta llenar con esos hombres que van desfilando por nuestra vida que cuando besas roban poco a poco una parte de tu alma, igual que tú haces a otros. Pero que tu alma por mucho que intenta robar esencias no se llena. Todo es algo pasajero y fugaz. En ocasiones simplemente necesitamos saber que algo permanecerá, aunque sabemos que el mundo es dinámico y las cosas cambian. También sabemos que estos pensamientos desaparecerán a la mañana siguiente, cuando en el espejo nos animemos para ir a por todas, para coger las riendas de nuestra vida una vez más y sobreviviendo una nueva jornada. Y volverás a llenar el vacío a tu manera. ¿Hasta cuándo?
Escuchando el disco Moderne de Rúdiguer.
Soy como Miranda, al fin y al cabo, ella y yo no nos diferenciamos tanto.
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Es en el momento de empezar cuando hay que cuidar atentamente que los equilibrios queden establecidos de la manera más exacta. Y esto lo sabe bien cada hermana Bene Gesserit. Así, para emprender este estudio acerca de la vida de Muad'Dib, primero hay que situarlo exactamente en su tiempo: nacido en el 57° año del Emperador Padishah, Shaddam IV. Y hay que situar muy especialmente a Muad'Dib en su lugar: el planeta Arrakis. Y no hay que dejarse engañar por el hecho de que nació en Caladan y vivió allí los primeros quince años de su vida. Arrakis, el planeta conocido como Dune, será siempre su lugar.
Del «Manual de Muad'Dib», por la Princesa Irulan.
En la semana que precedió a la partida hacia Arrakis, cuando el frenesí de los últimos preparativos había alcanzado un nivel casi insoportable, una vieja mujer acudió a visitar a la madre del muchacho, Paul.
Era una suave noche en Castel Caladan, y las antiguas piedras que habían sido el hogar de los Atreides durante veintisiete generaciones estaban impregnadas de aquel húmedo frescor que presagiaba un cambio de tiempo.
La vieja mujer fue introducida por una puerta secreta y conducida a través del abovedado pasadizo hasta la habitación de Paul, donde pudo observarlo un instante mientras yacía en su lecho.
A la débil luz de una lámpara a suspensor que flotaba cerca...

El fragmento anterior es un extracto de la primera página de uno de mis libros favoritos: Dune de Frank Herbert. Es un libro cuya lectura recomiendo y es el primero de una saga compuesta por seis libros. En esta obra se mezclan temas de filosofía, política, religión, relaciones humanas y ecología entre otros. Siempre me encantó la combinación entre la más alta tecnología y las más antiguas tradiciones.
Siempre recordaré de dicho libro frases memorables como "Háblame de las aguas de tu mundo natal, Usul".
También, me gusta el sentido que se le dan a la muerte y a las lágrimas, ya que derramarlas es considerado el mayor símbolo de amor verdadero a alguien. Esto es debido a que la historia se desarrolla en un planeta desértico donde la importancia del agua, por muy pequeña que sea la cantidad, es vital para la supervivencia.
- Usul, estás llorando -murmuró Chani-. Usul, mi fuerza, ¿estás dando humedad a los muertos? ¿A qué muertos?
- A los que todavía no están muertos -dijo él.
- Entonces deja que vivan el tiempo de sus vidas.
Del «Manual de Muad'Dib», por la Princesa Irulan.
En la semana que precedió a la partida hacia Arrakis, cuando el frenesí de los últimos preparativos había alcanzado un nivel casi insoportable, una vieja mujer acudió a visitar a la madre del muchacho, Paul.
Era una suave noche en Castel Caladan, y las antiguas piedras que habían sido el hogar de los Atreides durante veintisiete generaciones estaban impregnadas de aquel húmedo frescor que presagiaba un cambio de tiempo.
La vieja mujer fue introducida por una puerta secreta y conducida a través del abovedado pasadizo hasta la habitación de Paul, donde pudo observarlo un instante mientras yacía en su lecho.
A la débil luz de una lámpara a suspensor que flotaba cerca...

El fragmento anterior es un extracto de la primera página de uno de mis libros favoritos: Dune de Frank Herbert. Es un libro cuya lectura recomiendo y es el primero de una saga compuesta por seis libros. En esta obra se mezclan temas de filosofía, política, religión, relaciones humanas y ecología entre otros. Siempre me encantó la combinación entre la más alta tecnología y las más antiguas tradiciones.
Siempre recordaré de dicho libro frases memorables como "Háblame de las aguas de tu mundo natal, Usul".
También, me gusta el sentido que se le dan a la muerte y a las lágrimas, ya que derramarlas es considerado el mayor símbolo de amor verdadero a alguien. Esto es debido a que la historia se desarrolla en un planeta desértico donde la importancia del agua, por muy pequeña que sea la cantidad, es vital para la supervivencia.
- Usul, estás llorando -murmuró Chani-. Usul, mi fuerza, ¿estás dando humedad a los muertos? ¿A qué muertos?
- A los que todavía no están muertos -dijo él.
- Entonces deja que vivan el tiempo de sus vidas.
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Mugalari me nominó para hacer un “cinco cosas que no sabíais de mí” y yo, aunque no suelo hacer cadenas de éstas, me he decidido a hacerla. Aquí va mi pequeño listado de cosas ocultas a vuestros ojos:
1. Soy una persona un poco desordenada, pero soy capaz de encontrar las cosas dentro de mi desorden. Si alguien toca algo y aparentemente ordena mis cosas soy incapaz de encontrarlas en milenios.
2. Sólo me ocurren catástrofes y suelo tener un don para atraer todo tipo de cosas sorprendentes o raras (según se mire), que además suelen venir encadenadas. Además, suelo tener un imán para la gente diferente, ¿tendré que empezar a buscar gente normal por ahí?, ¿existirá ese tipo de gente?
3. Me dan mucho morbo los vascos vascos, con pintas de borrokilla, con acento vasco y un par de añitos más que yo. Si hay alguno por ahí, que sepan que existo y que se pongan en contacto conmigo, caben en mi República Independiente.
4. Tengo manos de árbol. No me dejéis nunca nada de cristal o delicado cerca. Me suelo hacer heridas y cortar de vez en cuando las manos no sé con qué y sólo me doy cuenta cuando mancho algo de sangre o me lavo las manos. Soy muy torpe para abrir puertas, tiendo a girar siempre la llave al revés. Además, suele dárseme mal cualquier cosa que requiera una mínima habilidad manual.
5. Rindo muy bien bajo presión, me encanta trabajar just-in-time, y si tengo muchas cosas que hacer en poco tiempo pues hago lo que tengo que hacer y más. Sin embargo, si tengo pocas cosas que hacer en mucho tiempo, rindo más bien poco. Cosas de ingenieros... siempre con trabajo pendiente, somos sufridores por naturaleza.
Se lo paso a cualquiera del listado de la izquierda que aún no lo haya hecho.
1. Soy una persona un poco desordenada, pero soy capaz de encontrar las cosas dentro de mi desorden. Si alguien toca algo y aparentemente ordena mis cosas soy incapaz de encontrarlas en milenios.
2. Sólo me ocurren catástrofes y suelo tener un don para atraer todo tipo de cosas sorprendentes o raras (según se mire), que además suelen venir encadenadas. Además, suelo tener un imán para la gente diferente, ¿tendré que empezar a buscar gente normal por ahí?, ¿existirá ese tipo de gente?
3. Me dan mucho morbo los vascos vascos, con pintas de borrokilla, con acento vasco y un par de añitos más que yo. Si hay alguno por ahí, que sepan que existo y que se pongan en contacto conmigo, caben en mi República Independiente.
4. Tengo manos de árbol. No me dejéis nunca nada de cristal o delicado cerca. Me suelo hacer heridas y cortar de vez en cuando las manos no sé con qué y sólo me doy cuenta cuando mancho algo de sangre o me lavo las manos. Soy muy torpe para abrir puertas, tiendo a girar siempre la llave al revés. Además, suele dárseme mal cualquier cosa que requiera una mínima habilidad manual.
5. Rindo muy bien bajo presión, me encanta trabajar just-in-time, y si tengo muchas cosas que hacer en poco tiempo pues hago lo que tengo que hacer y más. Sin embargo, si tengo pocas cosas que hacer en mucho tiempo, rindo más bien poco. Cosas de ingenieros... siempre con trabajo pendiente, somos sufridores por naturaleza.
Se lo paso a cualquiera del listado de la izquierda que aún no lo haya hecho.