Un poco de obra: Ciempiés

Acuarela sobre papel tensado y engesado.
Moribundo y el encuentro bohemio.
El encuentro bohemio es algo que se pensó enseguida, en las mesas de la cafetería. Ha sido de esas cosas que se escupieron como el disparo de una escopeta, rápida y fugazmente, alcanzando a todos los que en allí nos encontrábamos compartiendo napolitanas, vasos de té, café y sándwiches de pavo (Sándwich de pavo moribundo que es lo único que puedo masticar).
Claudia ofreció enseguida su casa aunque ahora mismo no recuerdo si la ofrecí yo primeramente, fea costumbre en mí. Ya que todos los jueves venía siendo costumbre el llenar nuestro cuerpo con litros de alcohol ¿Por qué iba a cambiar un jueves por no tener nada que celebrar? Así que le llamamos encuentro bohemio y se acabó.
Ya prometía desde el principio, cuando en el mismo apestoso antro (la cafetería) comenzamos a pensar lo que íbamos a compartir de bebida y comida y de paso dimos un repaso a los temas de conversación que allí se tratarían. Como ya soy maricón oficial para todos y cada uno de los alumnos de la facultad de bellas artes de la universidad complutense de Madrid, Claudia dejó claro el tema a tratar desde el principio:
- “Hablaremos principalmente de sexo”
También se escucharon frases prometedoras del tipo:
- “Tenemos que aprender mucho de ti porque tu opinión con respecto al tema de la felación es doblemente válida, como hombre podemos sacar mucho más”
Total, que llegué a mi casa y tras descansar unos minutos corrí al mercadona más próximo, donde el alcohol no está para nada caro y cuentas además con todas las garantías higiénicas mínimas. Compré una botella de Malibú y una de Sprite, me he vuelto adicto a esta bebida de dulzor extremo.
Escogí un atuendo bohemio acorde con la cita alcohol-sexo. Pantalón de pana gris, jersey a rayas blancas y verdes, gorra bohemia y abrigo de lana (con el que pasé algo de calor, las noches en Madrid no controlan la temperatura). En la bolsa el complemento alcohólico que nunca hubiera imaginado lo que pesaba. Llevaba mi bonito bolso con la cara de Sid y Nancy tan tirante que pensé acabaría seccionado como un bloque de mantequilla.
Rojo llegué a Aluche y de allí me fui junto a otra compañera hasta Alonso Martínez. Allí estaba Claudia, tan guapa como siempre y con su característico look bohemio, porque aunque yo tiro más hacia una bohemia francesa quema coches y asalta bastillas ella es de esas personas con un look alternativo fantasía, jerséis holgados debajo de camisetas más ajustadas que ella lleva con dignidad y pienso que es la única persona del mundo a la que tolero con ese estilismo.
Su casa… tengo que admitir que tuve un orgasmo nada más verla. Una casa en el centro, ático, preciosa, pequeña pero bien distribuida y con un altillo para la cama donde follar sin descanso todo lo que se quiera… Mataría por tener acceso a algo tan maravilloso pero mis posibilidades me limitan hasta que despegue como artista.
Allí, exactamente hablamos de sexo. Gracias al malibú y mi desvergüenza ya conseguida desnudé mis experiencias sexuales más importantes, se trataron temas que hacían coincidir al homosexual con las heterosexuales hasta puntos que me asustaron.
Algún ejemplo fue lo de que te cojan de las orejas mientras te están felando ¿Se debe permitir? ¿Gusta? ¿Viene bien hacer sentir como una moto a la otra persona? Tronchados de risa íbamos diciendo respuestas o posibles soluciones.
La música que amenizaba tales conversaciones provenia de mis cds recopilatorios, una mezcla chochi pop que gustó a todos, cosa que me sorprendió, a la familia moribunda sólo les queda coger un fusil de repetición cada vez que intento colocar una de mis creaciones dentro del reproductor y así evitar su escucha.
Fuimos aprendiendo técnicas nuevas y entre anécdota y anécdota nos dio la madrugada y decidimos despedirnos.
Llegué hasta Atocha a duras penas, nunca pensé que el malibú pudiera llegar a pegar y allí cogí el buho hasta mi casa que, casi me lleva a cocheras porque el hombre no se dio cuenta de que iba detrás y de pronto apagó todas las luces.
Me bajé con el corazón en un puño y el estómago en los pies. Hablar de mamadas toda la noche me dejó peor de lo que estoy últimamente.
Claudia ofreció enseguida su casa aunque ahora mismo no recuerdo si la ofrecí yo primeramente, fea costumbre en mí. Ya que todos los jueves venía siendo costumbre el llenar nuestro cuerpo con litros de alcohol ¿Por qué iba a cambiar un jueves por no tener nada que celebrar? Así que le llamamos encuentro bohemio y se acabó.
Ya prometía desde el principio, cuando en el mismo apestoso antro (la cafetería) comenzamos a pensar lo que íbamos a compartir de bebida y comida y de paso dimos un repaso a los temas de conversación que allí se tratarían. Como ya soy maricón oficial para todos y cada uno de los alumnos de la facultad de bellas artes de la universidad complutense de Madrid, Claudia dejó claro el tema a tratar desde el principio:
- “Hablaremos principalmente de sexo”
También se escucharon frases prometedoras del tipo:
- “Tenemos que aprender mucho de ti porque tu opinión con respecto al tema de la felación es doblemente válida, como hombre podemos sacar mucho más”
Total, que llegué a mi casa y tras descansar unos minutos corrí al mercadona más próximo, donde el alcohol no está para nada caro y cuentas además con todas las garantías higiénicas mínimas. Compré una botella de Malibú y una de Sprite, me he vuelto adicto a esta bebida de dulzor extremo.
Escogí un atuendo bohemio acorde con la cita alcohol-sexo. Pantalón de pana gris, jersey a rayas blancas y verdes, gorra bohemia y abrigo de lana (con el que pasé algo de calor, las noches en Madrid no controlan la temperatura). En la bolsa el complemento alcohólico que nunca hubiera imaginado lo que pesaba. Llevaba mi bonito bolso con la cara de Sid y Nancy tan tirante que pensé acabaría seccionado como un bloque de mantequilla.
Rojo llegué a Aluche y de allí me fui junto a otra compañera hasta Alonso Martínez. Allí estaba Claudia, tan guapa como siempre y con su característico look bohemio, porque aunque yo tiro más hacia una bohemia francesa quema coches y asalta bastillas ella es de esas personas con un look alternativo fantasía, jerséis holgados debajo de camisetas más ajustadas que ella lleva con dignidad y pienso que es la única persona del mundo a la que tolero con ese estilismo.
Su casa… tengo que admitir que tuve un orgasmo nada más verla. Una casa en el centro, ático, preciosa, pequeña pero bien distribuida y con un altillo para la cama donde follar sin descanso todo lo que se quiera… Mataría por tener acceso a algo tan maravilloso pero mis posibilidades me limitan hasta que despegue como artista.
Allí, exactamente hablamos de sexo. Gracias al malibú y mi desvergüenza ya conseguida desnudé mis experiencias sexuales más importantes, se trataron temas que hacían coincidir al homosexual con las heterosexuales hasta puntos que me asustaron.
Algún ejemplo fue lo de que te cojan de las orejas mientras te están felando ¿Se debe permitir? ¿Gusta? ¿Viene bien hacer sentir como una moto a la otra persona? Tronchados de risa íbamos diciendo respuestas o posibles soluciones.
La música que amenizaba tales conversaciones provenia de mis cds recopilatorios, una mezcla chochi pop que gustó a todos, cosa que me sorprendió, a la familia moribunda sólo les queda coger un fusil de repetición cada vez que intento colocar una de mis creaciones dentro del reproductor y así evitar su escucha.
Fuimos aprendiendo técnicas nuevas y entre anécdota y anécdota nos dio la madrugada y decidimos despedirnos.
Llegué hasta Atocha a duras penas, nunca pensé que el malibú pudiera llegar a pegar y allí cogí el buho hasta mi casa que, casi me lleva a cocheras porque el hombre no se dio cuenta de que iba detrás y de pronto apagó todas las luces.
Me bajé con el corazón en un puño y el estómago en los pies. Hablar de mamadas toda la noche me dejó peor de lo que estoy últimamente.
Un poco de obra: Japonesa04

Acuarela sobre papel tensado y engesado.
Más exposiciones Moribundas.
Para darle el toque de arte al blog de moribundo por el arte y así intentar no convertir los posts en una especie de “Lucecita” posmoderna, bizarra y cool con aire retro voy a hablar de algunas exposiciones que se encuentran actualmente en Madrid y que son de visita obligada e imposibles de perder.
Porque yo estoy viviendo una época dorada (época, no lluvia) con mi amado Reina Sofía (lo siento por los de las demás comunidades). Desde que venden ropa y complementos en su tienda de souvenirs, acabar de empaparte de las creaciones más actuales y después gozar con unos minutos de shopping es todo uno. En serio, sus camisetas de serigrafías artesanales no tienen desperdicio, por no decir nada de su precio prohibitivo.
Pues eso, ahora que vivo una experiencia global en este centro del arte siempre tengo ganas de pasarme por allí, el tiempo ya me lo busco yo faltando lo que sea necesario a clase (ciertos sacrificios son necesarios). Me encanta entrar por la entrada de la ronda de Valencia, la diseñada por Jean Nouvel, no te encuentras con tantos pobres pidiendo y al haber dos entradas si voy acompañado de un “No bbaa” puedo coger dos entradas gratuitas, porque admitámoslo, el museo es la hostia pero la cultura debe ser gratuita.
Me entró la neura y para allá que me fui, iba en busca de la exposición “La visión impura” pero me encontré antes con la de “Adolfo Schlosser”.
Me metí en la del bueno de Adolfo porque no tenía ni zorra de quién era ese pobre diablo y porqué diantres debían dedicarlo una retrospectiva en museo tan de moda. Por lo menos la sorpresa fue grata, el artista muestra un sentimiento especial por la naturaleza utilizando materiales que nunca se me hubieran ocurrido, por ejemplo esculturas con algas secas. Y las algas si que parecen espermatozoides… Y entre formas circulares de la naturaleza, recorridos de objetos inanimados y una más que interesante idea sobre los espacios mágicos en el día a día y el arte como ritual me puse cachondo, porque a mí ver arte me empalma, aún más yendo solito por supuesto. No tengo ni idea de si a más estudiantes les pasará, pero es un empujón a mi libido que, como siga recibiendo empujones va a acabar saltando por la ventana y arrojándose al vacío.
Muy recomendable entonces la exposición de Adolfo, sus instrumentos musicales naturales y la obra Fata Morgana es de lo mejorcito que ha pasado por el reina en un tiempo.
Luego, impresionado por la exposición de Schlosser me largué, penetrando del todo en el edificio Nouvel y con los ánimos más bajos, si una sala visitada es buena, ten por seguro que la siguiente será la mierda más grande nunca vista.
En la puerta de la sala, otra mujer de seguridad, rechoncha, con su uniforme, que me pide la entrada. A mí en estos casos me encanta ser hiperagradable, porque además de ser guapo, si te muestras cortés les alegras un minuto del insufrible horario laboral que lleven, ver tanta gente que te da la entrada y ni siquiera te mira a los ojos debe ser frustrante. Me coge la entrada y le digo con mi mejor sonrisa seductora:
- “Muchísimas Gracias”
Ella, abrió mucho los ojos y con una sonrisa me las devolvió. Lo que se gana siendo algo amable, aparte de que ya a partir de ese momento no me siguió ningún vigilante por si tocaba algo.
Pues la Expo de la visión es genial. La araña de Bourgeois es para tenerte parado mucho, mucho tiempo, hay instalaciones que parecen dibujos, dibujos que parecen instalaciones… Vamos que te vuelves loco, yo por lo menos me puse a corretear por la sala y casi me restriego contra algunas esculturas (aunque supe contenerme). Lo bueno es que esta vez no encontré ningún gilipollas descontextualizado como en la Expo de Keith Haring y claro, el disfrute fue completo y a niveles kármicos.
Salí tan sexualizado de allí que no dejé de fichar sitios donde darme el lote, sitios claramente confortables y algo íntimos.
Porque estoy deseando enrollarme dentro de un museo que es la moraleja del post, si vas a ver arte con un artista, mucho cuidado.
Porque yo estoy viviendo una época dorada (época, no lluvia) con mi amado Reina Sofía (lo siento por los de las demás comunidades). Desde que venden ropa y complementos en su tienda de souvenirs, acabar de empaparte de las creaciones más actuales y después gozar con unos minutos de shopping es todo uno. En serio, sus camisetas de serigrafías artesanales no tienen desperdicio, por no decir nada de su precio prohibitivo.
Pues eso, ahora que vivo una experiencia global en este centro del arte siempre tengo ganas de pasarme por allí, el tiempo ya me lo busco yo faltando lo que sea necesario a clase (ciertos sacrificios son necesarios). Me encanta entrar por la entrada de la ronda de Valencia, la diseñada por Jean Nouvel, no te encuentras con tantos pobres pidiendo y al haber dos entradas si voy acompañado de un “No bbaa” puedo coger dos entradas gratuitas, porque admitámoslo, el museo es la hostia pero la cultura debe ser gratuita.
Me entró la neura y para allá que me fui, iba en busca de la exposición “La visión impura” pero me encontré antes con la de “Adolfo Schlosser”.
Me metí en la del bueno de Adolfo porque no tenía ni zorra de quién era ese pobre diablo y porqué diantres debían dedicarlo una retrospectiva en museo tan de moda. Por lo menos la sorpresa fue grata, el artista muestra un sentimiento especial por la naturaleza utilizando materiales que nunca se me hubieran ocurrido, por ejemplo esculturas con algas secas. Y las algas si que parecen espermatozoides… Y entre formas circulares de la naturaleza, recorridos de objetos inanimados y una más que interesante idea sobre los espacios mágicos en el día a día y el arte como ritual me puse cachondo, porque a mí ver arte me empalma, aún más yendo solito por supuesto. No tengo ni idea de si a más estudiantes les pasará, pero es un empujón a mi libido que, como siga recibiendo empujones va a acabar saltando por la ventana y arrojándose al vacío.
Muy recomendable entonces la exposición de Adolfo, sus instrumentos musicales naturales y la obra Fata Morgana es de lo mejorcito que ha pasado por el reina en un tiempo.
Luego, impresionado por la exposición de Schlosser me largué, penetrando del todo en el edificio Nouvel y con los ánimos más bajos, si una sala visitada es buena, ten por seguro que la siguiente será la mierda más grande nunca vista.
En la puerta de la sala, otra mujer de seguridad, rechoncha, con su uniforme, que me pide la entrada. A mí en estos casos me encanta ser hiperagradable, porque además de ser guapo, si te muestras cortés les alegras un minuto del insufrible horario laboral que lleven, ver tanta gente que te da la entrada y ni siquiera te mira a los ojos debe ser frustrante. Me coge la entrada y le digo con mi mejor sonrisa seductora:
- “Muchísimas Gracias”
Ella, abrió mucho los ojos y con una sonrisa me las devolvió. Lo que se gana siendo algo amable, aparte de que ya a partir de ese momento no me siguió ningún vigilante por si tocaba algo.
Pues la Expo de la visión es genial. La araña de Bourgeois es para tenerte parado mucho, mucho tiempo, hay instalaciones que parecen dibujos, dibujos que parecen instalaciones… Vamos que te vuelves loco, yo por lo menos me puse a corretear por la sala y casi me restriego contra algunas esculturas (aunque supe contenerme). Lo bueno es que esta vez no encontré ningún gilipollas descontextualizado como en la Expo de Keith Haring y claro, el disfrute fue completo y a niveles kármicos.
Salí tan sexualizado de allí que no dejé de fichar sitios donde darme el lote, sitios claramente confortables y algo íntimos.
Porque estoy deseando enrollarme dentro de un museo que es la moraleja del post, si vas a ver arte con un artista, mucho cuidado.
Un poco de obra: Japonesa03

Acuarela sobre papel tensado y engesado.
Moribundo Vs. Edu
Esto de los blogs es algo que al principio no tiene casi importancia. Es casi como la masturbación, pero de la psiqué. Tú llegas, escribes, te desahogas y listo. No te importa la gente que lo lea al igual que no te importan las manchas delatoras en la ropa interior.
El caso es que con el paso del tiempo el blog cobra una mayor importancia en tu vida, primeramente descubres que hay personas que se molestan en leerte y luego todo lo que te acontece lo narras en tu cabeza como si de un post se tratara.
Pues eso, el blog se hace importante y con él los que te leen. Piensas en sus comentarios e incluso estos mismos te influyen después.
Yo no suelo dar mi correo demasiado, no lo pongo para mantener algo de privacidad (si, parece un chiste en un blog como el mío) y sólo trato vía mail o Messenger con unos pocos.
Uno de ellos es el blog de Edu. Le escribí porque me gustó su manera de escribir y porqué no, de entrelazar expresiones como “me la chupa” en sus textos. Yo no suelo decir demasiadas cosas así, a no ser que sean palabras tipo “cojones” que es la coletilla familiar o el ya famoso “con to’mi coño pa’tos vosotros”.
Hablamos por el Messenger por un tiempo y tras constatar que somos personas enriquecedoras aparte de jóvenes efebos decidimos quedar, para hacer el mundo del blog algo más tangible y menos aséptico, cambiando los teclados por la voz que compromete mucho más y tiene ese algo físico tan poco de moda en Internet.
Hablando electrónicamente siempre para no derribar mitos decidimos quedar para ver la película de “Volver” y ya de paso crear una escena Almodovariana, nada mejor que dos mariquitas yendo al cine y sumarlo a una de sus películas de situaciones kitsch.
El día de quedar me pasé nervioso todo el tiempo. Ya que soy una persona tan terriblemente insegura mi conciencia me torturaba constantemente, además, con los desmanes causados en mi boca, la moral no es que estuviese totalmente alta precisamente. Mi cabeza hacía una lista: Odio mi pelo, odio mi voz, odio mis manos, comienzo a odiar mis gafas, empiezo a pensar que mis cejas son raras, visto demasiado… bueno, demasiado y punto.
Pues quedamos, en la puerta del cine proyecciones. Para intentar quitar crispaciones decidimos incluir un juego monitoril de confianza en nuestro encuentro. Yo compré un chupa chups de coca cola y él uno de fresa, en el momento de encontrarnos nos los intercambiaríamos. Llegué unos minutos antes, suelo ser bastante puntual cuando el transporte público madrileño no sufre ninguno de sus retrasos a causa de suicidas, inundaciones y otras desgracias.
Apareció Edu. Íbamos bastante contrastados. Él con una sudadera y yo con una serie de capas invernales excesivas que siempre me acompañan por haber tenido una abuela un poco “Tía May”, ya se sabe “Peter abrígate que vas a coger frió” y todo eso.
Compramos las entradas y nos fuimos al café central tras sopesar otras posibilidades. Edu no toma café y aunque también estaba el dios starbucks al lado decir “He estado en el café central” queda mucho mejor, por no contar nada de la gente que por allí pululaba. Nos sentamos justo al lado de un esquizoide que dibujaba especie de dibujitos näif sobre papel con rotuladores y al otro lado, ocupó la mesa un señor con un bebé hiperactivo y con tendencias escapistas que le hicieron pegarse unos cuantos golpes contra el sobre de mármol de la mesa de tan bohemio lugar.
Me lo pasé tan bien escuchando anécdotas de instituto bizarras que el tiempo voló hasta la hora de volver al cine, donde había cola hasta para hacer cola. Él se compró un menú gigante y yo nada, por precariedad ortodoncista.
Acabó “Volver” que ya he dicho que me gustó y no lo repetiré más, para no caer en más tópicos de mundo piruleta.
Volviendo nos encontramos al chico de “hayunabismo” con el que quedé para las fotos de oso. Apretando mucho los dientes nos saludamos.
En su casa pude tocar a su gata de pelo extremadamente suave y ver en tres dimensiones lo que ya había visto por cam. En ese momento imaginé lo que debe sentir la gente que participa en la grabación de alguna serie televisiva. Los decorados se volvieron reales y tangibles, empezaba el mundo a dejar de ser un blog.
Nos montamos en el coche de Edu y surcamos el recorrido maravillos y serpenteante que ahora es la M-30. Con tanta obra para conseguir un río para todos, las piruetas automovilísticas que hicimos no pueden describirse de manera alguna.
Así Edu conoció el barrio moribundo, con la calle moribunda, dejando de ser ya, un ente moribundo, un personaje de cómic complejo y sin superpoderes, el “american splendor” de Madrid se desquebrajaba y me sentí físico como un frutero encima de la mesa.
Y nos despedimos amistosamente y encantados, hasta la próxima vez. El encuentro de blogs invertidos se consolida en mi mente cada vez más como una realidad.
El caso es que con el paso del tiempo el blog cobra una mayor importancia en tu vida, primeramente descubres que hay personas que se molestan en leerte y luego todo lo que te acontece lo narras en tu cabeza como si de un post se tratara.
Pues eso, el blog se hace importante y con él los que te leen. Piensas en sus comentarios e incluso estos mismos te influyen después.
Yo no suelo dar mi correo demasiado, no lo pongo para mantener algo de privacidad (si, parece un chiste en un blog como el mío) y sólo trato vía mail o Messenger con unos pocos.
Uno de ellos es el blog de Edu. Le escribí porque me gustó su manera de escribir y porqué no, de entrelazar expresiones como “me la chupa” en sus textos. Yo no suelo decir demasiadas cosas así, a no ser que sean palabras tipo “cojones” que es la coletilla familiar o el ya famoso “con to’mi coño pa’tos vosotros”.
Hablamos por el Messenger por un tiempo y tras constatar que somos personas enriquecedoras aparte de jóvenes efebos decidimos quedar, para hacer el mundo del blog algo más tangible y menos aséptico, cambiando los teclados por la voz que compromete mucho más y tiene ese algo físico tan poco de moda en Internet.
Hablando electrónicamente siempre para no derribar mitos decidimos quedar para ver la película de “Volver” y ya de paso crear una escena Almodovariana, nada mejor que dos mariquitas yendo al cine y sumarlo a una de sus películas de situaciones kitsch.
El día de quedar me pasé nervioso todo el tiempo. Ya que soy una persona tan terriblemente insegura mi conciencia me torturaba constantemente, además, con los desmanes causados en mi boca, la moral no es que estuviese totalmente alta precisamente. Mi cabeza hacía una lista: Odio mi pelo, odio mi voz, odio mis manos, comienzo a odiar mis gafas, empiezo a pensar que mis cejas son raras, visto demasiado… bueno, demasiado y punto.
Pues quedamos, en la puerta del cine proyecciones. Para intentar quitar crispaciones decidimos incluir un juego monitoril de confianza en nuestro encuentro. Yo compré un chupa chups de coca cola y él uno de fresa, en el momento de encontrarnos nos los intercambiaríamos. Llegué unos minutos antes, suelo ser bastante puntual cuando el transporte público madrileño no sufre ninguno de sus retrasos a causa de suicidas, inundaciones y otras desgracias.
Apareció Edu. Íbamos bastante contrastados. Él con una sudadera y yo con una serie de capas invernales excesivas que siempre me acompañan por haber tenido una abuela un poco “Tía May”, ya se sabe “Peter abrígate que vas a coger frió” y todo eso.
Compramos las entradas y nos fuimos al café central tras sopesar otras posibilidades. Edu no toma café y aunque también estaba el dios starbucks al lado decir “He estado en el café central” queda mucho mejor, por no contar nada de la gente que por allí pululaba. Nos sentamos justo al lado de un esquizoide que dibujaba especie de dibujitos näif sobre papel con rotuladores y al otro lado, ocupó la mesa un señor con un bebé hiperactivo y con tendencias escapistas que le hicieron pegarse unos cuantos golpes contra el sobre de mármol de la mesa de tan bohemio lugar.
Me lo pasé tan bien escuchando anécdotas de instituto bizarras que el tiempo voló hasta la hora de volver al cine, donde había cola hasta para hacer cola. Él se compró un menú gigante y yo nada, por precariedad ortodoncista.
Acabó “Volver” que ya he dicho que me gustó y no lo repetiré más, para no caer en más tópicos de mundo piruleta.
Volviendo nos encontramos al chico de “hayunabismo” con el que quedé para las fotos de oso. Apretando mucho los dientes nos saludamos.
En su casa pude tocar a su gata de pelo extremadamente suave y ver en tres dimensiones lo que ya había visto por cam. En ese momento imaginé lo que debe sentir la gente que participa en la grabación de alguna serie televisiva. Los decorados se volvieron reales y tangibles, empezaba el mundo a dejar de ser un blog.
Nos montamos en el coche de Edu y surcamos el recorrido maravillos y serpenteante que ahora es la M-30. Con tanta obra para conseguir un río para todos, las piruetas automovilísticas que hicimos no pueden describirse de manera alguna.
Así Edu conoció el barrio moribundo, con la calle moribunda, dejando de ser ya, un ente moribundo, un personaje de cómic complejo y sin superpoderes, el “american splendor” de Madrid se desquebrajaba y me sentí físico como un frutero encima de la mesa.
Y nos despedimos amistosamente y encantados, hasta la próxima vez. El encuentro de blogs invertidos se consolida en mi mente cada vez más como una realidad.
Un poco de obra: Japonesa02

Acuarela sobre papel tensado y engesado.
Moribundo y los Chefs.
No sé si es que mi madre pretende acabar conmigo o es que simplemente se ha dejado fagocitar por la nueva parrilla televisiva de una manera casi suicida y típicamente romántica.
Ella siempre ha sido una mujer con aspiraciones. Alguien que admira a Xena y que admite que le haría un buen apaño en los bajos por cojones tiene que tenerlas, pero últimamente me estoy quedando preocupado y claro, lo tengo que escribir aquí porque la ortodoncia ha acabado con una manía que hubiera cumplido también 22 años; morderme las uñas.
El efecto tijera de mis paletos al chocar entre sí es algo imposible con la ortodoncia, tan imposible como intentar hablar susurrando y que me entiendan sin convertir la cara del interlocutor en un cuadro del expresionismo abstracto hecho a base de babas y restos alimenticios.
Pues eso, que mi madre se ha entregado por completo a la fiebre de la cocina catódica, eso sí, sin tragarse lo de “Esta cocina es un infierno” porque si no yo le habría perdido ya todo el respeto como persona, como madre y como todo.
La culpa la tiene el nuevo canal filogay o amigo de los invertidos (para entendernos). Han llenado su parrilla de programas de cocina casi surrealistas que hacen que quieras pillarte la cabeza entre el parachoques de un todoterreno y un muro de granito.
Y analizo cada programa porque para mi desgracia, aunque Diseñadora ha abandonado el núcleo familiar moribundo, la habitación sigue siendo exclusiva femenina para dormir y cosas varias. Yo me conformo con ocupar algunos espacios con libros de arte que amenazaban con combar y acabar con mi pobre armario, de por sí bastante maltratado con el exceso de ropa que alberga. Mi sitio natural sigue siendo el salón y hasta que no inventen unos cascos selectivos del sonido debo ser partícipe de todo lo que allí suena, televisión incluida.
Primero tenemos el “Duelo de Chefs”. Vale, son modernos, vale son nuevos, vale está muy bien diseñada toda la imagen de la cadena… Pero las cuñas de sonido odiosas se las podían haber ahorrado. Cuando pasan a un intermedio del aburrido planteamiento del programa (dos marujas o marujos retándose haciendo un plato con ingredientes limitados) sale una voz odiosa que grita: “Duelo de cheeeeeeeeeeeeeeeeefs”, haciendo que te desconcentres estés escribiendo sobre el posmodernismo en la sociedad actual o andes simplemente jugueteando con tu carpeta de porno.
El programa en sí es soso, tanto como su presentadora, una mujer que no ha desterrado de su ropero los pantalones de talle alto… Ella daría para un post.
Luego está “Todos contra el Chef”, que aparte de demostrar que para poner nombres a los programas no se rompen la cabeza es una manera de ridiculizar a todos esos que se piensan que sus platos son los mejores y que todo está mas rico como lo hacía su madre. Aquí debo decir que me entretengo, aparte de ver el ego de una maruja pisoteado por un Chef le veo a él, a Darío. Este hombre si que es como una escultura clásica, un placer observarle, su sonrisa, sus hoyitos…
Luego mi madre cambia de cadena y me presenta la antítesis del morbo, por no poner ni le pongo punto ni a su nombre pero creo que el programa es algo así como “A cocinar con Jose Andrés”. Jose Andrés presenta un caso de graves de coletilla por minuto. Yo no sé cuantas veces llama a los espectadores amigos, además de tratarles de tú, cosa que me parece una falta de respeto en un programa. Su coletilla más odiosa es “Mira que bien”… Mira que bien que le pone sal, mira que bien que ya hierve, mira que bien como se espesa, mira que bien que me voy a cagar en todo y si estuviese en el plató cogía una ristra de ajos y te golpeaba con ella hasta que los sesos te saliesen por las orejas y después con ellos hacer una fabulosa gelatina, que dicho sea de paso sé ya preparar de mil maneras, aparte de hacer una bechamel, el ali oli y otras cuantas recetas que se han grabado a fuego en mi mente borrando lo poco que me quedaba ya de técnicas pictóricas.
Así que nada, mi madre por ahora ya se está buscando por internet el libro de José Andrés, ya ha comprado el del Arguiñano que te regala un cuchillo firmado y Dior sabe que nos deparará el futuro si esta invasión culinaria no cesa… Pido algo de comprensión…
Ella siempre ha sido una mujer con aspiraciones. Alguien que admira a Xena y que admite que le haría un buen apaño en los bajos por cojones tiene que tenerlas, pero últimamente me estoy quedando preocupado y claro, lo tengo que escribir aquí porque la ortodoncia ha acabado con una manía que hubiera cumplido también 22 años; morderme las uñas.
El efecto tijera de mis paletos al chocar entre sí es algo imposible con la ortodoncia, tan imposible como intentar hablar susurrando y que me entiendan sin convertir la cara del interlocutor en un cuadro del expresionismo abstracto hecho a base de babas y restos alimenticios.
Pues eso, que mi madre se ha entregado por completo a la fiebre de la cocina catódica, eso sí, sin tragarse lo de “Esta cocina es un infierno” porque si no yo le habría perdido ya todo el respeto como persona, como madre y como todo.
La culpa la tiene el nuevo canal filogay o amigo de los invertidos (para entendernos). Han llenado su parrilla de programas de cocina casi surrealistas que hacen que quieras pillarte la cabeza entre el parachoques de un todoterreno y un muro de granito.
Y analizo cada programa porque para mi desgracia, aunque Diseñadora ha abandonado el núcleo familiar moribundo, la habitación sigue siendo exclusiva femenina para dormir y cosas varias. Yo me conformo con ocupar algunos espacios con libros de arte que amenazaban con combar y acabar con mi pobre armario, de por sí bastante maltratado con el exceso de ropa que alberga. Mi sitio natural sigue siendo el salón y hasta que no inventen unos cascos selectivos del sonido debo ser partícipe de todo lo que allí suena, televisión incluida.
Primero tenemos el “Duelo de Chefs”. Vale, son modernos, vale son nuevos, vale está muy bien diseñada toda la imagen de la cadena… Pero las cuñas de sonido odiosas se las podían haber ahorrado. Cuando pasan a un intermedio del aburrido planteamiento del programa (dos marujas o marujos retándose haciendo un plato con ingredientes limitados) sale una voz odiosa que grita: “Duelo de cheeeeeeeeeeeeeeeeefs”, haciendo que te desconcentres estés escribiendo sobre el posmodernismo en la sociedad actual o andes simplemente jugueteando con tu carpeta de porno.
El programa en sí es soso, tanto como su presentadora, una mujer que no ha desterrado de su ropero los pantalones de talle alto… Ella daría para un post.
Luego está “Todos contra el Chef”, que aparte de demostrar que para poner nombres a los programas no se rompen la cabeza es una manera de ridiculizar a todos esos que se piensan que sus platos son los mejores y que todo está mas rico como lo hacía su madre. Aquí debo decir que me entretengo, aparte de ver el ego de una maruja pisoteado por un Chef le veo a él, a Darío. Este hombre si que es como una escultura clásica, un placer observarle, su sonrisa, sus hoyitos…
Luego mi madre cambia de cadena y me presenta la antítesis del morbo, por no poner ni le pongo punto ni a su nombre pero creo que el programa es algo así como “A cocinar con Jose Andrés”. Jose Andrés presenta un caso de graves de coletilla por minuto. Yo no sé cuantas veces llama a los espectadores amigos, además de tratarles de tú, cosa que me parece una falta de respeto en un programa. Su coletilla más odiosa es “Mira que bien”… Mira que bien que le pone sal, mira que bien que ya hierve, mira que bien como se espesa, mira que bien que me voy a cagar en todo y si estuviese en el plató cogía una ristra de ajos y te golpeaba con ella hasta que los sesos te saliesen por las orejas y después con ellos hacer una fabulosa gelatina, que dicho sea de paso sé ya preparar de mil maneras, aparte de hacer una bechamel, el ali oli y otras cuantas recetas que se han grabado a fuego en mi mente borrando lo poco que me quedaba ya de técnicas pictóricas.
Así que nada, mi madre por ahora ya se está buscando por internet el libro de José Andrés, ya ha comprado el del Arguiñano que te regala un cuchillo firmado y Dior sabe que nos deparará el futuro si esta invasión culinaria no cesa… Pido algo de comprensión…
Un poco de obra: Japonesa01

Acuarela sobre papel tensado y engesado.
Conocido y moribundo.
Yo nunca he deseado ser popular de una manera fervorosa.
Sabía que cuando entrabas en Bellas Artes te exponías a esa clase de personas. Gente que quisiera se lo más cute, lo más cool, en definitiva, lo más.
De esos en mi promoción hubo muchos, la mayoría formó un círculo selecto alrededor de la hija de mi profesora de dibujo, que casualmente sacó matrícula, al igual que muchos de los satélites que a su alrededor giraban.
Es que en definitiva lo de ir de guay no es lo mío, ¡Pero si me descojono de risa cuando oigo la palabra tetitas! Recuerdo que la vez que más risa me dio, fue en primero, el sádico profesor de técnicas pictóricas explicaba como fabricar un acrílico casero (¿o era otra clase de pintura?), total, que utilizaba una moleta, una especie de aplastador de cristal con una leve forma de pera. Él elaboraba la pintura y de paso nos regalaba frases del tipo:
“Ahora que viene el veranito a las chicas os viene genial utilizar la moleta porque se os ponen las tetitas duras”
Ante el asco, la nausea y la risa medio comprometida de todos.
Primero avanzó, con los dibujos, las clases, el no parar de follar con mi ex y yo continué en mi nube de gente selecta o naturalmente seleccionada. Lady Evil siempre me recuerda que la vez que nos conocimos hizo un chiste sobre pollas y solamente nos reimos nuestra amiga Alma y yo, por lo tanto nos seleccionó de forma natural.
Con el paso de los días, las noches y las felaciones continué encontrando más gente que se acoplaba al estilo de los que ríen diciendo condón. Y no porque me haya gustado llamar demasiado la atención, aunque a veces me confundan con un chapero por la calle.
Aquí pasa con la gente superguay igual. Ya sabéis que yo detesto un blog cuyo nombre no citaré y que me ponía de los nervios. Cosas que no encajan como por ejemplo; 54 enlaces a otros blogs.
¿Te leías todos esos blogs en serio? Eso es como coger la lista de alumnos de bellas artes, hacerles un mailing y esperar “Tranquilo, que algunos aparecerán”… No se, por eso me alucina que haya gente que me lee y más que me dediquen un link, gastar ya una milésima de segundo en molestarse en escribir la dirección merece poco menos que un reconocimiento.
Pues eso, que muchas veces llegas a un punto de acumulación amistosa en la que pasas a ser popular sin comerlo ni beberlo. De repente parece ser que la facultad te mira y se refleja en tus acciones, yo, que la cara de amargado dentro de ese antro de aguarrás no se me va, De hecho yo pensaba que me ganaba la impopularidad, intentando volverme el personaje de algún cómic underground, haciendo cosas como arrancar un cartel de prohibido fumar y lanzarlo a la cara de dos zorras que fumaban tan ricamente.
Todo esto porque hace un tiempo me llegó un mensaje al Gaydar. Era un chico de la facultad, de segundo. Yo por supuesto no le había visto en mi vida ya que me muevo por una esfera etérea totalmente distinta. Él si me había visto, él y la gente de su clase claro. Hablo con él y es una persona encantadora, tiene novio y me parece genial que conozca gente así. Resulta que los pasos de mi grupo están vigilados e incluso nos vieron con mi máscara de luchador mexicano haciendo el petardo (caras sacando dientes, poniendo poses de brazos…). Imaginad... todas las veces que he hecho el subnormal en la facultad alguien lo ha observado, y tengo una larga lista: Sombreros de cawboy, jerseys de brazos extralargos, cabezas de osos... casi me quiero morir de la vergüenza.
Así que cuando más deshecho social me creía resulta que no, que ahora soy popular. Que los chicos guays de primero han ido desapareciendo poco a poco, figuro que fagocitados por su propio ego y claro, quedamos los tontos.
Tontos con gracia, naturalmente.
Una nueva etapa de dibujos se presenta, dibujos igual de malos, sabed que los que he ido mostrando anteriormente eran antes de bbaa y ahora os cuelgo los del primer curso, porque a veces recordar, sigue teniendo ese gusto a catarsis tan agridulce.
Sabía que cuando entrabas en Bellas Artes te exponías a esa clase de personas. Gente que quisiera se lo más cute, lo más cool, en definitiva, lo más.
De esos en mi promoción hubo muchos, la mayoría formó un círculo selecto alrededor de la hija de mi profesora de dibujo, que casualmente sacó matrícula, al igual que muchos de los satélites que a su alrededor giraban.
Es que en definitiva lo de ir de guay no es lo mío, ¡Pero si me descojono de risa cuando oigo la palabra tetitas! Recuerdo que la vez que más risa me dio, fue en primero, el sádico profesor de técnicas pictóricas explicaba como fabricar un acrílico casero (¿o era otra clase de pintura?), total, que utilizaba una moleta, una especie de aplastador de cristal con una leve forma de pera. Él elaboraba la pintura y de paso nos regalaba frases del tipo:
“Ahora que viene el veranito a las chicas os viene genial utilizar la moleta porque se os ponen las tetitas duras”
Ante el asco, la nausea y la risa medio comprometida de todos.
Primero avanzó, con los dibujos, las clases, el no parar de follar con mi ex y yo continué en mi nube de gente selecta o naturalmente seleccionada. Lady Evil siempre me recuerda que la vez que nos conocimos hizo un chiste sobre pollas y solamente nos reimos nuestra amiga Alma y yo, por lo tanto nos seleccionó de forma natural.
Con el paso de los días, las noches y las felaciones continué encontrando más gente que se acoplaba al estilo de los que ríen diciendo condón. Y no porque me haya gustado llamar demasiado la atención, aunque a veces me confundan con un chapero por la calle.
Aquí pasa con la gente superguay igual. Ya sabéis que yo detesto un blog cuyo nombre no citaré y que me ponía de los nervios. Cosas que no encajan como por ejemplo; 54 enlaces a otros blogs.
¿Te leías todos esos blogs en serio? Eso es como coger la lista de alumnos de bellas artes, hacerles un mailing y esperar “Tranquilo, que algunos aparecerán”… No se, por eso me alucina que haya gente que me lee y más que me dediquen un link, gastar ya una milésima de segundo en molestarse en escribir la dirección merece poco menos que un reconocimiento.
Pues eso, que muchas veces llegas a un punto de acumulación amistosa en la que pasas a ser popular sin comerlo ni beberlo. De repente parece ser que la facultad te mira y se refleja en tus acciones, yo, que la cara de amargado dentro de ese antro de aguarrás no se me va, De hecho yo pensaba que me ganaba la impopularidad, intentando volverme el personaje de algún cómic underground, haciendo cosas como arrancar un cartel de prohibido fumar y lanzarlo a la cara de dos zorras que fumaban tan ricamente.
Todo esto porque hace un tiempo me llegó un mensaje al Gaydar. Era un chico de la facultad, de segundo. Yo por supuesto no le había visto en mi vida ya que me muevo por una esfera etérea totalmente distinta. Él si me había visto, él y la gente de su clase claro. Hablo con él y es una persona encantadora, tiene novio y me parece genial que conozca gente así. Resulta que los pasos de mi grupo están vigilados e incluso nos vieron con mi máscara de luchador mexicano haciendo el petardo (caras sacando dientes, poniendo poses de brazos…). Imaginad... todas las veces que he hecho el subnormal en la facultad alguien lo ha observado, y tengo una larga lista: Sombreros de cawboy, jerseys de brazos extralargos, cabezas de osos... casi me quiero morir de la vergüenza.
Así que cuando más deshecho social me creía resulta que no, que ahora soy popular. Que los chicos guays de primero han ido desapareciendo poco a poco, figuro que fagocitados por su propio ego y claro, quedamos los tontos.
Tontos con gracia, naturalmente.
Una nueva etapa de dibujos se presenta, dibujos igual de malos, sabed que los que he ido mostrando anteriormente eran antes de bbaa y ahora os cuelgo los del primer curso, porque a veces recordar, sigue teniendo ese gusto a catarsis tan agridulce.
Un poco de obra: Prueba de acceso 2

Pastel sobre papel ingres.
Moribundo y el día oficial.
El jueves volví a celebrar mi cumpleaños, esta vez dentro de la propia facultad. Ya que era el día oficial no era plan de hacer como si nada y menos habiendo otros antecedentes cumpleañeros.
Otra amiga había llevado para celebrar su cumpleaños dos botellas de lambrusco la semana anterior, y yo que entre muchos de mis defectos soy alguien competitivo decidí imitarle, con una vuelta de tuerca, tres botellas.
Pero iba a ser un día tranquilo, mi yo interior se encontraba en armonía consigo mismo, los primeros mensajes de felicitaciones llegaron recién entrado el día dieciséis y sabía que todo iba a ser perfecto. Me cargué de buenas intenciones que se vieron terriblemente frustradas. Si el año pasado tenía sesiones docentes de once horas diarias, este año pocas veces rozo el límite de las siete dentro de las aulas y eso debía haber cambiado el jueves.
Me despierto algo tarde para llegar a una hora prudencial a la clase dormitorio de Diseño Gráfico, si la siesta va a continuar allí no creo que haya mucha diferencia entre entrar a las nueve o a las diez. Entro y justamente están dando una clase teórica (algo muy extraño), interrumpo, todos me miran, me siento molestando a varias personas y nada más sentarme dice el profesor:
- “Bueno, y aquí termina la clase teórica de hoy, ya podéis ir haciendo bocetos”
Genial. Record de permanencia moribundo en clase: Diez minutos.
Junto a otros compañeros igual de irresponsables y borrachos que uno mismo, nos largamos al corte inglés de Argüelles, a escoger un lambrusco fino, con aroma, con cuerpo y que sea el más barato de todos.
La cajera es tan simpática como la sensación de que te clavaran un tenedor en el muslo. Aparte de estar en edad de prejubilación, ir horriblemente oxigenada y peor maquillada. Nos trata como si fuéramos indecentes borrachos adolescentes, y con veintidós añitos uno ya no tiene nada de adolescente.
Llegamos a la facultad y sacamos las botellas, la gente me sigue mandando mensajes de felicitación y otros me llaman para expresar sus condolencias por el paso más hacia una decrepitud anunciada. Nos reunimos la mitad de personas que en el otro cumpleaños pero contamos con una botella más. El nivel de alcohol sube tan rápido como el recalentamiento de nuestros cerebros por el sol. Si es que queda muy alternativo tomar el sol en el césped del campus pero la gente no controla nada.
Yo, motivado por el alcohol, acabo con los atisbos que cualquier compañero pudiera tener sobre una posible heterosexualidad hablando de pollas, felaciones y un poquito de mi ex, seamos sinceros.
De pronto recordamos la clase de Diseño Objetual, el hombre nos advirtió que llegaría tarde así que, medio tambaleándome, decido ir a inspeccionar si la clase ha dado comienzo. Con todo menos con algo de discreción, abro la puerta de par en par y meto la cabeza con los ojos abiertos como platos, el aula se encuentra a oscuras y el profesor está explicando unas diapositivas. Salgo del aula. Nuevo Record de permanencia moribundo en clase: 30 segundos.
Llegan las tres y me tengo que ir a dar clase a los niños. Intento pensar modos de disimular el achispamiento, pero no tengo chicles de menta, tan sólo caramelos solano sin azúcar ni gluten de mora y de crema, todos ellos para acabar repartidos entre los energúmenos infantiles con los que trato.
En el colegio me encuentro con Maite, la bedel que me detesta por ser bello y gracioso (cualidades de las que ella carece) y como a mí el ir alegre me desinhibe, comienzo un diálogo con ella:
Yo: - “¡Hola Maite cariño!”
Maite: - “(Con sus ojos de pez fuera de las órbitas) Emmm… Hola.”
Y: “¿Quieres un caramelito? Los hay de mora y de crema, coge los que quieras”
M: “¡Ay! Pues si, te voy a coger unos cuantos ¿Y esto?”
Y: “Es que hoy es mi cumpleaños, ¿No me vas a dar dos besos?”
M: “Emmm… Si claro (Muak, muak)
Conseguido, me largué a recoger a los niños. Me sentí tan bien conmigo mismo.
Con los niños un show. Por suerte no los veía dobles, pero sus voces me resultaron muchísimo más estridentes que de costumbre, además de moverse tan rápido como las ratas dentro de una alcantarilla. Frases docentes tan memorables como “Niños que hoy me duele un poco la cabeza” y “No me grites que te escucho igual” salieron de mi boca.
Por fin les suelto y llego a mi casa para poder comer algo, llevo todo el día bebiendo sin comer nada. Casi no puedo comer, la gente sigue llamando.
Me dan unos pequeños regalitos, detalles que yo no pedí por querer hacer la fiesta ochentera. El mejor de ellos, una chistera de la casa yustas, preciosa, forrada, elegante…
A las siete de la tarde puedo comer algo, con mi chistera puesta, y con los veintidós, dejando atrás la mierda de los veintiuno. Revisaba el blog y leía las felicitaciones, muchas gracias a todos.
Otra amiga había llevado para celebrar su cumpleaños dos botellas de lambrusco la semana anterior, y yo que entre muchos de mis defectos soy alguien competitivo decidí imitarle, con una vuelta de tuerca, tres botellas.
Pero iba a ser un día tranquilo, mi yo interior se encontraba en armonía consigo mismo, los primeros mensajes de felicitaciones llegaron recién entrado el día dieciséis y sabía que todo iba a ser perfecto. Me cargué de buenas intenciones que se vieron terriblemente frustradas. Si el año pasado tenía sesiones docentes de once horas diarias, este año pocas veces rozo el límite de las siete dentro de las aulas y eso debía haber cambiado el jueves.
Me despierto algo tarde para llegar a una hora prudencial a la clase dormitorio de Diseño Gráfico, si la siesta va a continuar allí no creo que haya mucha diferencia entre entrar a las nueve o a las diez. Entro y justamente están dando una clase teórica (algo muy extraño), interrumpo, todos me miran, me siento molestando a varias personas y nada más sentarme dice el profesor:
- “Bueno, y aquí termina la clase teórica de hoy, ya podéis ir haciendo bocetos”
Genial. Record de permanencia moribundo en clase: Diez minutos.
Junto a otros compañeros igual de irresponsables y borrachos que uno mismo, nos largamos al corte inglés de Argüelles, a escoger un lambrusco fino, con aroma, con cuerpo y que sea el más barato de todos.
La cajera es tan simpática como la sensación de que te clavaran un tenedor en el muslo. Aparte de estar en edad de prejubilación, ir horriblemente oxigenada y peor maquillada. Nos trata como si fuéramos indecentes borrachos adolescentes, y con veintidós añitos uno ya no tiene nada de adolescente.
Llegamos a la facultad y sacamos las botellas, la gente me sigue mandando mensajes de felicitación y otros me llaman para expresar sus condolencias por el paso más hacia una decrepitud anunciada. Nos reunimos la mitad de personas que en el otro cumpleaños pero contamos con una botella más. El nivel de alcohol sube tan rápido como el recalentamiento de nuestros cerebros por el sol. Si es que queda muy alternativo tomar el sol en el césped del campus pero la gente no controla nada.
Yo, motivado por el alcohol, acabo con los atisbos que cualquier compañero pudiera tener sobre una posible heterosexualidad hablando de pollas, felaciones y un poquito de mi ex, seamos sinceros.
De pronto recordamos la clase de Diseño Objetual, el hombre nos advirtió que llegaría tarde así que, medio tambaleándome, decido ir a inspeccionar si la clase ha dado comienzo. Con todo menos con algo de discreción, abro la puerta de par en par y meto la cabeza con los ojos abiertos como platos, el aula se encuentra a oscuras y el profesor está explicando unas diapositivas. Salgo del aula. Nuevo Record de permanencia moribundo en clase: 30 segundos.
Llegan las tres y me tengo que ir a dar clase a los niños. Intento pensar modos de disimular el achispamiento, pero no tengo chicles de menta, tan sólo caramelos solano sin azúcar ni gluten de mora y de crema, todos ellos para acabar repartidos entre los energúmenos infantiles con los que trato.
En el colegio me encuentro con Maite, la bedel que me detesta por ser bello y gracioso (cualidades de las que ella carece) y como a mí el ir alegre me desinhibe, comienzo un diálogo con ella:
Yo: - “¡Hola Maite cariño!”
Maite: - “(Con sus ojos de pez fuera de las órbitas) Emmm… Hola.”
Y: “¿Quieres un caramelito? Los hay de mora y de crema, coge los que quieras”
M: “¡Ay! Pues si, te voy a coger unos cuantos ¿Y esto?”
Y: “Es que hoy es mi cumpleaños, ¿No me vas a dar dos besos?”
M: “Emmm… Si claro (Muak, muak)
Conseguido, me largué a recoger a los niños. Me sentí tan bien conmigo mismo.
Con los niños un show. Por suerte no los veía dobles, pero sus voces me resultaron muchísimo más estridentes que de costumbre, además de moverse tan rápido como las ratas dentro de una alcantarilla. Frases docentes tan memorables como “Niños que hoy me duele un poco la cabeza” y “No me grites que te escucho igual” salieron de mi boca.
Por fin les suelto y llego a mi casa para poder comer algo, llevo todo el día bebiendo sin comer nada. Casi no puedo comer, la gente sigue llamando.
Me dan unos pequeños regalitos, detalles que yo no pedí por querer hacer la fiesta ochentera. El mejor de ellos, una chistera de la casa yustas, preciosa, forrada, elegante…
A las siete de la tarde puedo comer algo, con mi chistera puesta, y con los veintidós, dejando atrás la mierda de los veintiuno. Revisaba el blog y leía las felicitaciones, muchas gracias a todos.
Un poco de obra: Prueba de acceso 1

Grafito sobre papel ingres.
Torpeza Moribunda.
Con 9, con 13 o con 17 años mi torpeza no ha dejado de acompañarme de manera fiel.
No me refiero solamente a la torpeza verbal que padezco y que se manifiesta en los momentos más inoportunos, por ejemplo, metiéndome con alguien de manera despellejadora y que al girarme se encuentre con cara asesina y ojos inyectados en sangre detrás mío.
Yo además padezco una torpeza física notable. Tened por seguro que en una carrera de obstáculos, caería, rodaría, y rasparía codos y rodillas.
Hubo una temporada cuando iba a al instituto, ahora no recuerdo si por cuarto de la E.S.O. exactamente que me agencié mi peor archienemigo. Si el actor secundario Bob tiene como rival a un rastrillo, mi rival inanimado se convirtió en una peligrosa alcantarilla en medio de la plaza por la que paso todos los días.
Al principio me pillaba siempre desprevenido, además yo soy de esas personas que algunas veces en su vida se han dormido caminando, con el susto que te pegas, por supuesto ¿No estaba yo pasando por un jodido puente y ahora me encuentro justo en la puerta de mi instituto?
Como suelo ir en mi propio mundo (parafraseando a Fangoria) no me daba cuenta de que mi archienemiga estaba allí, esperando… Tropezaba con ella y me caía. Pero no me caí dos veces, o tres… aquello se convirtió en una encarnizada lucha entre el hombre y el objeto. Yo me levantaba por la mañana, me arreglaba y decidido pensaba “Bueno chico, ahora ya lo sabes, no vayas por la plaza, metete por la otra calle y esquiva la maldita alcantarilla”. Nada más cerrar la puerta de mi casa olvidaba mis buenos propósitos y claro, mis pies caían irremediablemente en su trampa maligna. Casi un curso entero de caídas hasta que arreglaron su maldita tapadera.
Y mis caídas no son caídas normales. Mis visitas al suelo se parecen a cuando en esas películas la cámara sigue un grupo de personas, de pronto una cae al suelo pero la cámara sigue y la otra se reincorpora intentando mantener algo de dignidad siguiendo el mismo paso que sus compañeros.
Hace ya un tiempo que no me estampo contra nada, aunque yo he rodado por escaleras y me he golpeado contra farolas como si fuese un cómic de Mortadelo y Filemón, eso sí, los chichones no eran tan graciosos y nunca salieron esos pájaros alrededor de mi cabeza.
Ya no recuerdo si lo he contado pero la última vez que me caí y que más dolorosa resultó fue la nochevieja del año pasado. Me encontraba bailando de manera desenfrenada, en mi casa, mezclando alcoholes blancos, marrones y de todos los colores. Iba muy mono, no lo niego. Una camisa con algunas rayas, una corbata preciosa y unos pantalones marrones de traje que me costó horrores encontrar de mi talla.
Yo bailaba y bailaba hasta que mi rodilla derecha me dejó de seguir el ritmo y se salió, para volver en centésimas de segundo a su sitio pero, haciendo que yo cayese como si de un árbol recién talado estuviésemos hablando. Me golpeé estruendosamente contra el suelo y mi familia dejó de bailar. Lo más normal es que yo pensase por mi salud, pero desgraciadamente lo primero que vino a mi pensamiento y que dice bastante poco sobre mi persona fue:
- “¡Por Dios! ¡Qué dolor! Me duele tanto que seguro que se me ha salido el hueso por fuera de la pierna y me he roto la pierna. Un momento… Si eso pasa me voy a manchar de sangre mi pantalón… ¡Mi pantalón nuevo que tanto me ha costado encontrar!”
Por suerte mi tía estaba allí (es fisioterapeuta) y me medio arregló, mi mente también se calmó y recuperé la cordura pro pantalón.
La última vez que me caí fue el otro día, extasiado contemplaba un almendro que veo todos los días. Ello me ha hecho verlo florecer, con la poética que ello entraña. Y viendo sus flores tropecé con una tapa y me caí, quizá, como una especie de bienvenida a la primavera.
Claro que yo la primavera la noto en otras partes menos nobles.
No me refiero solamente a la torpeza verbal que padezco y que se manifiesta en los momentos más inoportunos, por ejemplo, metiéndome con alguien de manera despellejadora y que al girarme se encuentre con cara asesina y ojos inyectados en sangre detrás mío.
Yo además padezco una torpeza física notable. Tened por seguro que en una carrera de obstáculos, caería, rodaría, y rasparía codos y rodillas.
Hubo una temporada cuando iba a al instituto, ahora no recuerdo si por cuarto de la E.S.O. exactamente que me agencié mi peor archienemigo. Si el actor secundario Bob tiene como rival a un rastrillo, mi rival inanimado se convirtió en una peligrosa alcantarilla en medio de la plaza por la que paso todos los días.
Al principio me pillaba siempre desprevenido, además yo soy de esas personas que algunas veces en su vida se han dormido caminando, con el susto que te pegas, por supuesto ¿No estaba yo pasando por un jodido puente y ahora me encuentro justo en la puerta de mi instituto?
Como suelo ir en mi propio mundo (parafraseando a Fangoria) no me daba cuenta de que mi archienemiga estaba allí, esperando… Tropezaba con ella y me caía. Pero no me caí dos veces, o tres… aquello se convirtió en una encarnizada lucha entre el hombre y el objeto. Yo me levantaba por la mañana, me arreglaba y decidido pensaba “Bueno chico, ahora ya lo sabes, no vayas por la plaza, metete por la otra calle y esquiva la maldita alcantarilla”. Nada más cerrar la puerta de mi casa olvidaba mis buenos propósitos y claro, mis pies caían irremediablemente en su trampa maligna. Casi un curso entero de caídas hasta que arreglaron su maldita tapadera.
Y mis caídas no son caídas normales. Mis visitas al suelo se parecen a cuando en esas películas la cámara sigue un grupo de personas, de pronto una cae al suelo pero la cámara sigue y la otra se reincorpora intentando mantener algo de dignidad siguiendo el mismo paso que sus compañeros.
Hace ya un tiempo que no me estampo contra nada, aunque yo he rodado por escaleras y me he golpeado contra farolas como si fuese un cómic de Mortadelo y Filemón, eso sí, los chichones no eran tan graciosos y nunca salieron esos pájaros alrededor de mi cabeza.
Ya no recuerdo si lo he contado pero la última vez que me caí y que más dolorosa resultó fue la nochevieja del año pasado. Me encontraba bailando de manera desenfrenada, en mi casa, mezclando alcoholes blancos, marrones y de todos los colores. Iba muy mono, no lo niego. Una camisa con algunas rayas, una corbata preciosa y unos pantalones marrones de traje que me costó horrores encontrar de mi talla.
Yo bailaba y bailaba hasta que mi rodilla derecha me dejó de seguir el ritmo y se salió, para volver en centésimas de segundo a su sitio pero, haciendo que yo cayese como si de un árbol recién talado estuviésemos hablando. Me golpeé estruendosamente contra el suelo y mi familia dejó de bailar. Lo más normal es que yo pensase por mi salud, pero desgraciadamente lo primero que vino a mi pensamiento y que dice bastante poco sobre mi persona fue:
- “¡Por Dios! ¡Qué dolor! Me duele tanto que seguro que se me ha salido el hueso por fuera de la pierna y me he roto la pierna. Un momento… Si eso pasa me voy a manchar de sangre mi pantalón… ¡Mi pantalón nuevo que tanto me ha costado encontrar!”
Por suerte mi tía estaba allí (es fisioterapeuta) y me medio arregló, mi mente también se calmó y recuperé la cordura pro pantalón.
La última vez que me caí fue el otro día, extasiado contemplaba un almendro que veo todos los días. Ello me ha hecho verlo florecer, con la poética que ello entraña. Y viendo sus flores tropecé con una tapa y me caí, quizá, como una especie de bienvenida a la primavera.
Claro que yo la primavera la noto en otras partes menos nobles.
Un poco de obra: Corazón y heridas.

Guache sobre papel basik.
80's deathly party
Salí de la ducha y me encontré a gordo cabrón sentado en el sofá, combando su estructura haciendo que se arquease por la zona de las patas. Diseñadora estaba junto a él y ni siquiera le saludé, de verdad que no le aguanto, yo no tengo la culpa de que una de mis hermanas tenga de novio semejante censo.
Me vestí con mi mejor material ochentero mientras observaba la decoración de mi casa, guirnaldas kitsch, dos piñatas terriblemente feas, una cortina de cuentas recién sacada de un film de Almodóvar de los 80, posters de Michael J. Fox, los New Kids y dos fotos enmarcadas de los dioses de la fiesta, Kirck Cameron y Cindy Lauper.
Mis invitados me dieron la llamada de aviso, llegaban al barrio de los moribundo y debía recogerles en la estación. Enseguida pedí ayuda a alguien para que me acompañase ante semejante periplo. Si ya corro peligro de palizas sistemáticas yendo vestido de manera “normal” imaginad con mi atuendo a lo Boy George (labios negros incluidos), el peligro físico estaba más que justificado. En cuanto lo dije todos miraron hacia en el techo en plan “háztelo tú mismo”, por suerte el novio de Comunicóloga aceptó a regañadientes acompañarme.
Allí estaban todas, todas mis compañeras de clase, el grupo selecto, la creme de la creme, con atuendos ochenteros que harían desprender las retinas a David Delfín.
En casa mamá terminaba de colocar la comida, dentro del terrible trance que eso suponía, una misma fiesta y platos para omnívoros, vegetarianos, veganos y celiacos, definitivamente mis amigos si son especiales.
Faltó gente entre excusas tipo “tengo gripe”, “me he enamorado y estoy depre” o “me tengo que ir al salón del cómic de Málaga a vender un fanzine”, al menos no me pusieron ninguna que sonara como “No puedo, tengo que darle de comer a mi llama”.
En cuanto todo se dispuso y ya sonaban los primeros acordes de la Lauper a todo volumen me entregaron mi fabuloso regalito; ¿Dinero? ¿Sexo? ¿Un muñeco hinchable? Casi. Cada uno de mis compañeros había elaborado un muñeco a su imagen y semejanza y me los entregaron todos juntitos en una caja preciosa de terciopelo rojo digna del putiferio más elegante. Y me encantó, dieron en el clavo por supuesto, ante mi pregunta de cómo se les ocurrió esta idea Sara Happy me recordó una frase que dije el día de San Valentín (por supuesto): “El día de San Valentín es esto. Demostrar que quieres a las personas pero no importa como. Mi manera de demostraros que os quiero es diciendo cosas como que me encantaría coleccionaros, metiéndoos en tarros de cristal y cambiándoos de ropa cuando me apeteciera.”
Lo que me confirma definitivamente las sospechas de que padezco un trastorno obsesivo compulsivo.
Comenzamos a beber y como buenos artistas aquello parecía una reunión de los familiares de la casa de Alba. El alcohol corría por nuestras venas como en la canción y bailando y quemando llegamos a la hora del singstar, cuando yo me encontraba en mi peor estado. Yo tengo pedo olvidadizo, esto quiere decir que mientras cantaba, dejaba el micrófono en el suelo, bebía mucho más, cantaba con el vaso del cubata y cuando me daba cuenta de que no puntuaba mi “Eye of the tiger” miraba por fin y preguntaba “¿Dónde está mi micro?”.
Entre “¿Dónde está mi micro?”, “¿Dónde está mi móvil?”, “¿Dónde está (el nombre de cualquiera vale)?” y “¿Dónde está mi vaso?” pasaron las horas y las canciones a toda garganta y poca voz. Postres celiacos y tarta fueron los finales.
Raquel vomitando como en toda buena fiesta que se precie, mi cuñado David simulando estar más borracho de lo que estaba y haciendo calvos, Laura Ramiro hablando de los pechos de mis hermanas (tus hermanas tienen unos pechos preciosos) y mi madre mirándome con la mirada sesgada intentando quitarme la idea de servirme otra copa que me terminé sirviendo seguro.
El punto y final lo pusimos Blanca y yo cantando Camela, la de “Cuando zarpa el amor”, ambos imitábamos sus ridículas voces mientras los supervivientes de las seis de la mañana descansaban por sofás y suelos, con líneas de ojos corridas, coloretes desgastados, pelucas quitadas y leggins subidos y descalzos.
Les acompañé hasta la Renfe y me volví a acostar, mientras subía por mi calle me paraba a cada rato, reconociendo mi camino.
No hubo baja médica para ninguno de los invitados, no hubo que lamentar daños materiales excepto un pintalabios negro que me cargué, sigo sin poder quitarme la brillantina de mi dedo gordo izquierdo porque mi familia me prohíbe coger la acetona debido a mi pasado esnifador de tales elementos.
Y el 16 ya está aquí, los dos patitos.
Me vestí con mi mejor material ochentero mientras observaba la decoración de mi casa, guirnaldas kitsch, dos piñatas terriblemente feas, una cortina de cuentas recién sacada de un film de Almodóvar de los 80, posters de Michael J. Fox, los New Kids y dos fotos enmarcadas de los dioses de la fiesta, Kirck Cameron y Cindy Lauper.
Mis invitados me dieron la llamada de aviso, llegaban al barrio de los moribundo y debía recogerles en la estación. Enseguida pedí ayuda a alguien para que me acompañase ante semejante periplo. Si ya corro peligro de palizas sistemáticas yendo vestido de manera “normal” imaginad con mi atuendo a lo Boy George (labios negros incluidos), el peligro físico estaba más que justificado. En cuanto lo dije todos miraron hacia en el techo en plan “háztelo tú mismo”, por suerte el novio de Comunicóloga aceptó a regañadientes acompañarme.
Allí estaban todas, todas mis compañeras de clase, el grupo selecto, la creme de la creme, con atuendos ochenteros que harían desprender las retinas a David Delfín.
En casa mamá terminaba de colocar la comida, dentro del terrible trance que eso suponía, una misma fiesta y platos para omnívoros, vegetarianos, veganos y celiacos, definitivamente mis amigos si son especiales.
Faltó gente entre excusas tipo “tengo gripe”, “me he enamorado y estoy depre” o “me tengo que ir al salón del cómic de Málaga a vender un fanzine”, al menos no me pusieron ninguna que sonara como “No puedo, tengo que darle de comer a mi llama”.
En cuanto todo se dispuso y ya sonaban los primeros acordes de la Lauper a todo volumen me entregaron mi fabuloso regalito; ¿Dinero? ¿Sexo? ¿Un muñeco hinchable? Casi. Cada uno de mis compañeros había elaborado un muñeco a su imagen y semejanza y me los entregaron todos juntitos en una caja preciosa de terciopelo rojo digna del putiferio más elegante. Y me encantó, dieron en el clavo por supuesto, ante mi pregunta de cómo se les ocurrió esta idea Sara Happy me recordó una frase que dije el día de San Valentín (por supuesto): “El día de San Valentín es esto. Demostrar que quieres a las personas pero no importa como. Mi manera de demostraros que os quiero es diciendo cosas como que me encantaría coleccionaros, metiéndoos en tarros de cristal y cambiándoos de ropa cuando me apeteciera.”
Lo que me confirma definitivamente las sospechas de que padezco un trastorno obsesivo compulsivo.
Comenzamos a beber y como buenos artistas aquello parecía una reunión de los familiares de la casa de Alba. El alcohol corría por nuestras venas como en la canción y bailando y quemando llegamos a la hora del singstar, cuando yo me encontraba en mi peor estado. Yo tengo pedo olvidadizo, esto quiere decir que mientras cantaba, dejaba el micrófono en el suelo, bebía mucho más, cantaba con el vaso del cubata y cuando me daba cuenta de que no puntuaba mi “Eye of the tiger” miraba por fin y preguntaba “¿Dónde está mi micro?”.
Entre “¿Dónde está mi micro?”, “¿Dónde está mi móvil?”, “¿Dónde está (el nombre de cualquiera vale)?” y “¿Dónde está mi vaso?” pasaron las horas y las canciones a toda garganta y poca voz. Postres celiacos y tarta fueron los finales.
Raquel vomitando como en toda buena fiesta que se precie, mi cuñado David simulando estar más borracho de lo que estaba y haciendo calvos, Laura Ramiro hablando de los pechos de mis hermanas (tus hermanas tienen unos pechos preciosos) y mi madre mirándome con la mirada sesgada intentando quitarme la idea de servirme otra copa que me terminé sirviendo seguro.
El punto y final lo pusimos Blanca y yo cantando Camela, la de “Cuando zarpa el amor”, ambos imitábamos sus ridículas voces mientras los supervivientes de las seis de la mañana descansaban por sofás y suelos, con líneas de ojos corridas, coloretes desgastados, pelucas quitadas y leggins subidos y descalzos.
Les acompañé hasta la Renfe y me volví a acostar, mientras subía por mi calle me paraba a cada rato, reconociendo mi camino.
No hubo baja médica para ninguno de los invitados, no hubo que lamentar daños materiales excepto un pintalabios negro que me cargué, sigo sin poder quitarme la brillantina de mi dedo gordo izquierdo porque mi familia me prohíbe coger la acetona debido a mi pasado esnifador de tales elementos.
Y el 16 ya está aquí, los dos patitos.
Un poco de obra: Gorro

Pastel sobre cartulina de color.
Moribundo disfrazado.
Sigo en plan nostalgia a lo cuéntame, pero ochentero, con sudaderas tipo canguro y pelo tazón.
Es una pena porque este carnaval en le maison moribunda ha pasado sin pena ni gloria. De hecho llevamos ya unos cuantos que pasan desapercibidos, y todo desde que mi madre se negó a hacer más disfraces.
Ella disfrutaba elaborando complicados y originales diseños que a sus usuarios hacían sentir como los seres más especiales y que ahora despiertan vergüenzas extremas. Ella en definitiva se extasiaba.
Mi primer disfraz de carnavales fue de… es terrible confesarlo… gato con botas. Yo, un moribundo por el arte de edad preescolar con leotardos marrones, camisa de chorreras, una casaca y un gorro de mosquetero ideal que mi madre, diosa de la confección y de las artes manuales, la artemisa de mi casa elaboró para disfrute de su hijo varón.
Creo que en todos los colegios hacen concurso de carnaval y claro, yo que era tan mono, tan pequeñito y con un pelo jhonsons despunté en él por encima de todos mis compañeros, gané el primer premio para escarnio de las demás madres que ya afilaban sus uñas en espera de una venganza.
Y la venganza vino, al año siguiente nos disfrazaron de hawaianos y por supuesto, mi disfraz era elegante, sencillo y ganó, esta vez el premio no fue un set de pinturas sino unos paquetes de plastilinas de colores. Las madres clamaron la venganza que no había podido ser saciada el año anterior, horcas, guadañas y demás objetos típicos de un barrio del extrarradio asomaron a la ventana de la clase de párvulos y la profesora, presionada por el caos de estrógenos decidió repartir la masa de la discordia entre todos los niños del aula para no “discriminar” a nadie.
Pasaron los años y seguía recaudando mis premios al mejor disfraz hasta que me censuraron. Las madres pusieron una queja a la directora, aquello de que un mismo niño ganase siempre no era educativo para nadie.
Yo si digo la verdad lo hubiera pasado mejor sin disfraz porque no sé si el que puso las fechas a los carnavales era un terrible hijo de puta pero en febrero te hielas de frio y una pregunta ¿Porqué las telas de los disfraces son extremadamente finas?
Medio congelado, rompí la racha de veto con un disfraz de guardia real de la reina de Inglaterra (con gorro incluido), no pudieron quitarme el premio otra vez, el codiciado tesoro, dos cuentos… es lo que tienen los colegios públicos.
Las congelaciones anuales continuaron hasta el último curso que, como tradición especial de mi antro escolar escogían a dos alumnos de los más aventajados para escribir un bonito pregón. Así se hizo. Además, la última tradición boba del colegio de marras era la de crear unos “mostolinos”. Nunca nadie supo quién tuvo esa idea, pero los “mostolinos” eran unos alumnos, de último curso que se disfrazaban y que días antes pasaban por las clases encargando que cierto día todos trajeran alguna tontería ilógica y sin sentido, un calcetín en la oreja, la nariz pintada de azul. Si el azote mostolino el día señalado encontraba gente sin su mandato le pintaban toda la cara de la manera más sádica delante de todos los compañeros.
Fui mostolino y disfruté maltratando a mis iguales. Aquellos fueron los mejores carnavales de mi vida.
¿Mis últimos disfraces? Bizarros y frikis por supuesto. Como buen fan del Mago de Oz, uno de los últimos carnavales fui de pareja con Lady Evil vestido del Espantapájaros, ella iba de Dorothy, totalmente adorable.
Pero en mi casa nunca desaprovechamos una ocasión para disfrazarnos, pasando la fecha carnavalesca por el forro de nuestra preciosa ropa interior, prueba de ello son proyectos que tenemos en mente como la fiesta Rocky Horror y algunos ya llevados a cabo como la fiesta de los setenta, la fiesta hawaiana y la fiesta ochentera, la más reciente y que tendrá post.
Además, mi gusto por vestir distinto me hace casi ir temático a diario por lo que no hecho de menos tanto los carnavales, congelarme los muslos y aguantar la intemperie lloviendo y con los pies llenos de barro.
Es una pena porque este carnaval en le maison moribunda ha pasado sin pena ni gloria. De hecho llevamos ya unos cuantos que pasan desapercibidos, y todo desde que mi madre se negó a hacer más disfraces.
Ella disfrutaba elaborando complicados y originales diseños que a sus usuarios hacían sentir como los seres más especiales y que ahora despiertan vergüenzas extremas. Ella en definitiva se extasiaba.
Mi primer disfraz de carnavales fue de… es terrible confesarlo… gato con botas. Yo, un moribundo por el arte de edad preescolar con leotardos marrones, camisa de chorreras, una casaca y un gorro de mosquetero ideal que mi madre, diosa de la confección y de las artes manuales, la artemisa de mi casa elaboró para disfrute de su hijo varón.
Creo que en todos los colegios hacen concurso de carnaval y claro, yo que era tan mono, tan pequeñito y con un pelo jhonsons despunté en él por encima de todos mis compañeros, gané el primer premio para escarnio de las demás madres que ya afilaban sus uñas en espera de una venganza.
Y la venganza vino, al año siguiente nos disfrazaron de hawaianos y por supuesto, mi disfraz era elegante, sencillo y ganó, esta vez el premio no fue un set de pinturas sino unos paquetes de plastilinas de colores. Las madres clamaron la venganza que no había podido ser saciada el año anterior, horcas, guadañas y demás objetos típicos de un barrio del extrarradio asomaron a la ventana de la clase de párvulos y la profesora, presionada por el caos de estrógenos decidió repartir la masa de la discordia entre todos los niños del aula para no “discriminar” a nadie.
Pasaron los años y seguía recaudando mis premios al mejor disfraz hasta que me censuraron. Las madres pusieron una queja a la directora, aquello de que un mismo niño ganase siempre no era educativo para nadie.
Yo si digo la verdad lo hubiera pasado mejor sin disfraz porque no sé si el que puso las fechas a los carnavales era un terrible hijo de puta pero en febrero te hielas de frio y una pregunta ¿Porqué las telas de los disfraces son extremadamente finas?
Medio congelado, rompí la racha de veto con un disfraz de guardia real de la reina de Inglaterra (con gorro incluido), no pudieron quitarme el premio otra vez, el codiciado tesoro, dos cuentos… es lo que tienen los colegios públicos.
Las congelaciones anuales continuaron hasta el último curso que, como tradición especial de mi antro escolar escogían a dos alumnos de los más aventajados para escribir un bonito pregón. Así se hizo. Además, la última tradición boba del colegio de marras era la de crear unos “mostolinos”. Nunca nadie supo quién tuvo esa idea, pero los “mostolinos” eran unos alumnos, de último curso que se disfrazaban y que días antes pasaban por las clases encargando que cierto día todos trajeran alguna tontería ilógica y sin sentido, un calcetín en la oreja, la nariz pintada de azul. Si el azote mostolino el día señalado encontraba gente sin su mandato le pintaban toda la cara de la manera más sádica delante de todos los compañeros.
Fui mostolino y disfruté maltratando a mis iguales. Aquellos fueron los mejores carnavales de mi vida.
¿Mis últimos disfraces? Bizarros y frikis por supuesto. Como buen fan del Mago de Oz, uno de los últimos carnavales fui de pareja con Lady Evil vestido del Espantapájaros, ella iba de Dorothy, totalmente adorable.
Pero en mi casa nunca desaprovechamos una ocasión para disfrazarnos, pasando la fecha carnavalesca por el forro de nuestra preciosa ropa interior, prueba de ello son proyectos que tenemos en mente como la fiesta Rocky Horror y algunos ya llevados a cabo como la fiesta de los setenta, la fiesta hawaiana y la fiesta ochentera, la más reciente y que tendrá post.
Además, mi gusto por vestir distinto me hace casi ir temático a diario por lo que no hecho de menos tanto los carnavales, congelarme los muslos y aguantar la intemperie lloviendo y con los pies llenos de barro.
Un poco de obra: Osito

Pastel sobre cartulina de color.
Haciendo amigos moribundos.
Hagamos un juego de ficción. Supongamos que un blogger se encuentra a un ex compañero de estudios por la calle. Se saludan, intercambian unas pocas palabras y se despiden.
Javi Patera: Iba yo a hacer unos cafés con la Pepa que está la pobre como una peeeerra en celo y me encuentro ¡Oh por Dior!! A un ex compañero del instituto, tanto que no le veía… y con un chulo (que fuerte). De los nervios casi me pongo a cantar como las grecas “ups i did it again, i break it your Heart...” creo que me equivoco de canción pero se me va la pinza. Muak muak y nos despedimos, llevaba prisas ¡Normal, hija! Con lo lora y bicha que era pero tiene prisa para echarle un polvazo al chulo…
Kaotot: Hay veces que lo insustancial nos rodea ¿Porqué? Todos estamos absorbidos por la globalización de sentimientos, el porqué no lo sé, pero se pierde lo primordial de las personas. Me encuentro con un antiguo compañero justo cuando pensaba en mis clases ¿Será la simbiosis? Va vestido con ropa de marca, ríe pero tiene prisa. El mundo tal y como lo conocemos es así, rápido… Sigo mi camino, duro, esperando que él tenga en su conciencia todo lo que significan los encuentros.
Arcadas: Encuentros… casualidades… cosas fortuitas que pasan. Nos vemos pero no nos miramos… Silencio. Vienen a mi mente recuerdos algo mojados por las olas que hace el paso del tiempo en el líquido elemento de los relojes. “Hola ¿Qué tal?” No mucho más que decir, sigo caminando con mis recuerdos mientras estamos parados… Tic, tac… Y me muevo, mis pies caminan, ahora es mi mente la que se para.
J’adore: Sigo con más encuentros casuales, aunque los odio. Un amigo del instituto, me mira pero de primeras no le reconozco, intento racionalizar todo lo que me rodea y caigo en la cuenta de quien es. Mantengo una comunicación fluida con él, es simpático y… Escribiré el final de este post el 34 de Mayo de 2016.
Gianis: Estaba comiendo en uno de esos sitios de diseño que frecuento y que son obscenamente caros cuando penetró por mis ojos el cuerpo escultural de un antiguo amigo del colegio privado, glúteos firmes, pectorales anchos como puentes. Me reconoce y se acerca, tanto que puedo incluso hacerme una idea del olor de su orto. Él va acompañado de su novio, nada comparado conmigo y con mi vajilla alessi. Tienen prisa y se despiden. Sigo con mi ensalada que ahora me sabe a esfínter. Felación.
Hairblue: Salgo del Reina Sofía y me choco con un chico mientras camino. Resulta que era un compañero mío del instituto que para ser sinceros era un poco tonto pero ahora además de tonto estaba bueno. Intento entablar una conversación pero le aburro y me dice que tiene prisa. Se larga. Me acordé de mi ex, de los paseos… Me sentí tan desgraciado que si hubiera podido habría masacrado con una escopeta a quien se pusiera por delante. Al llegar a casa me encerré en el baño y me puse a llorar.
¿Acaso somos inimitables?
Javi Patera: Iba yo a hacer unos cafés con la Pepa que está la pobre como una peeeerra en celo y me encuentro ¡Oh por Dior!! A un ex compañero del instituto, tanto que no le veía… y con un chulo (que fuerte). De los nervios casi me pongo a cantar como las grecas “ups i did it again, i break it your Heart...” creo que me equivoco de canción pero se me va la pinza. Muak muak y nos despedimos, llevaba prisas ¡Normal, hija! Con lo lora y bicha que era pero tiene prisa para echarle un polvazo al chulo…
Kaotot: Hay veces que lo insustancial nos rodea ¿Porqué? Todos estamos absorbidos por la globalización de sentimientos, el porqué no lo sé, pero se pierde lo primordial de las personas. Me encuentro con un antiguo compañero justo cuando pensaba en mis clases ¿Será la simbiosis? Va vestido con ropa de marca, ríe pero tiene prisa. El mundo tal y como lo conocemos es así, rápido… Sigo mi camino, duro, esperando que él tenga en su conciencia todo lo que significan los encuentros.
Arcadas: Encuentros… casualidades… cosas fortuitas que pasan. Nos vemos pero no nos miramos… Silencio. Vienen a mi mente recuerdos algo mojados por las olas que hace el paso del tiempo en el líquido elemento de los relojes. “Hola ¿Qué tal?” No mucho más que decir, sigo caminando con mis recuerdos mientras estamos parados… Tic, tac… Y me muevo, mis pies caminan, ahora es mi mente la que se para.
J’adore: Sigo con más encuentros casuales, aunque los odio. Un amigo del instituto, me mira pero de primeras no le reconozco, intento racionalizar todo lo que me rodea y caigo en la cuenta de quien es. Mantengo una comunicación fluida con él, es simpático y… Escribiré el final de este post el 34 de Mayo de 2016.
Gianis: Estaba comiendo en uno de esos sitios de diseño que frecuento y que son obscenamente caros cuando penetró por mis ojos el cuerpo escultural de un antiguo amigo del colegio privado, glúteos firmes, pectorales anchos como puentes. Me reconoce y se acerca, tanto que puedo incluso hacerme una idea del olor de su orto. Él va acompañado de su novio, nada comparado conmigo y con mi vajilla alessi. Tienen prisa y se despiden. Sigo con mi ensalada que ahora me sabe a esfínter. Felación.
Hairblue: Salgo del Reina Sofía y me choco con un chico mientras camino. Resulta que era un compañero mío del instituto que para ser sinceros era un poco tonto pero ahora además de tonto estaba bueno. Intento entablar una conversación pero le aburro y me dice que tiene prisa. Se larga. Me acordé de mi ex, de los paseos… Me sentí tan desgraciado que si hubiera podido habría masacrado con una escopeta a quien se pusiera por delante. Al llegar a casa me encerré en el baño y me puse a llorar.
¿Acaso somos inimitables?
Un poco de obra: Madame

Pastel sobre papel.
Moribundo sigue quejándose.
Estoy enfermo.
Analizo mis últimas experiencias con hombres y descubro que tengo una nueva enfermedad. Le enfermedad, en vista de los síntomas se puede pasar a denominar como el virus de la escultura siniestra.
La escultura (o sea, el paciente) atrae a diferentes espectadores (o sea, gente de los contactos). Ellos se deslumbran con la belleza de la escultura y la estudian. La escultura sigue manteniendo su belleza mientras es estudiada por métodos que no conllevan la observación del natural, por el Messenger caigo súper bien, soy la bomba, soy lo más y la juerga padre.
El momento en el que la escultura es observada y puede llegar a ser tocada, crea en el espectador un sentimiento siniestro, una incomodidad artificial que obliga a huir de ella. El objeto encantador se cubre de un velo de entrañas apestosas que solamente puede ser visto por aquellos que han osado rozarla. La escultura permanece así en la galería, esperando al próximo poeta al que su imagen seduzca pero cuya corporeidad les resulte totalmente repulsiva.
Si no se había llegado a comprender yo soy la escultura queridos amigos.
Mis relaciones con el relaciones públicas terminaron cuando le pregunté si íbamos a quedar nuevamente. Me respondió de manera sincera; no se encontraba aún preparado para quedar, no entendía porqué cuando alguien le atraía se echaba para atrás y estaba confuso. Le agradecí su sinceridad. Nuestras conversaciones se tornaron gélidas.
Hace poco contactó conmigo otro chico. Su mensaje era especial, le gustaban los dibujos que tengo puestos en uno de los perfiles. Dejé su mensaje sin pena ni gloria, pero ya que él había gastado algo de su tiempo en hacerme saber que le encantaban mis dibujos decidí gastar algo del mío siendo amable. Invitándole a ver el blog me despedí. La sorpresa fue que contestó a ese mensaje también, un mail y ya se sabe – “¿Hablamos)”.
Hablemos. Hablamos durante un rato y me parece genial. Tenemos un montón de cosas en común, el kitsch, el pop… La conversación es amena y divertida. Hablando otra vez tengo la oportunidad de observarle por Web cam, el tipo es atractivo, muy del centro, alternativo y además cumple con algunas de las premisas del post fetichista (si Harlock).
Es maravilloso encontrar a una persona que tenga inquietudes artísticas, él tenía una exposición montada en un bar donde exponía entre otras cosas autorretratos parecidos a los míos.
Hablamos también de mi siguiente proyecto, el de las cabezas de oso y parece que se siente totalmente identificado, empiezo a pensar que esto no debe ser real y formo parte de un nuevo reality televisivo, uno en el que te plantan delante alguien con tus mismas inquietudes para observar tus reacciones. Como hablamos en más de una ocasión de la idea de las fotos y algunas han de hacerse en exteriores quedamos en que sería buena idea el colaborar para hacerlas.
Decidimos quedar para ver su exposición y me insiste en que lleve las cabezas, reconozco que a mí no me disgusta lo de transportarlas y hacer el chorra por el centro.
Quedamos y nos conocemos, para mi desgracia es alto, últimamente no paro de ver chicos altos, el caso es que en la facultad casi todo el mundo ronda mi estatura, quizá sea otra clave de acceso a las bellas artes.
Hablamos, hacemos fotos, vemos su exposición, vemos una pelea callejera, hacemos más fotos, otra sesión de fotos, una última sesión de fotos, acabamos de cabezas y de trípode hasta los mismos. Estamos los dos cansados y nos despedimos cordialmente.
Salgo particularmente encantado de la experiencia, llego a mi casa feliz, ha sido como hacer algo con gente de la facultad pero además existe un factor relación bastante aceptable, ese factor no se debe olvidar, recordemos que cumple muchos requisitos moribundos.
Volvemos a hablar por Messenger. Hablamos de muchas cosas pero no hay ninguna referencia a la noche de las cabezas de oso. Decido hablar yo:
Yo: - “¿Que tal te lo pasaste haciendo las fotos? Me sentí como si fueras un esclavo en algunas ocasiones....”
Él: - “Yo también.”
Y: - “¿También te sentiste como un esclavo? lo siento.........” (El pobre estuvo cargando el trípode todo el rato)
E: - “No te preocupes, fue una experiencia mas. Nunca lo había hecho y bueno tampoco está de mas tener experiencias nuevas, probar otras cosas e ir viendo las cosas que te molan y las que no”
Me siento terriblemente culpable. Con Jaime lo hacía mucho y puede ser que lo llegara a repetir, ver al otro como el acompañante, algo así como un escolta que sirve para todo. Intento llegar a la raíz del tema para no encalomarme otro trauma más a mi larga lista. Él dice:
E: - “Pues no se creo que básicamente había momentos en que sentía que tu y yo no teníamos nada que ver el uno con el otro, que había un abismo entre los dos, y eso me hacia sentir incomodo”
Y dice la frase clave: - “Perdona por serte tan sincero”
Le agradecí su sinceridad, aunque de una primera cita en la que además ninguno iba a hacer más que fotos ha podido deducir mucho. Al menos ambos añadimos nuevas experiencias a nuestra maleta sentimental y yo me llevo el extra de haber hecho sentir incómodo a alguien durante dos horas sin que dijera nada al respecto.
Y Lady Evil sigue sin pasarme el truco para ver porno gratis por Internet.
Analizo mis últimas experiencias con hombres y descubro que tengo una nueva enfermedad. Le enfermedad, en vista de los síntomas se puede pasar a denominar como el virus de la escultura siniestra.
La escultura (o sea, el paciente) atrae a diferentes espectadores (o sea, gente de los contactos). Ellos se deslumbran con la belleza de la escultura y la estudian. La escultura sigue manteniendo su belleza mientras es estudiada por métodos que no conllevan la observación del natural, por el Messenger caigo súper bien, soy la bomba, soy lo más y la juerga padre.
El momento en el que la escultura es observada y puede llegar a ser tocada, crea en el espectador un sentimiento siniestro, una incomodidad artificial que obliga a huir de ella. El objeto encantador se cubre de un velo de entrañas apestosas que solamente puede ser visto por aquellos que han osado rozarla. La escultura permanece así en la galería, esperando al próximo poeta al que su imagen seduzca pero cuya corporeidad les resulte totalmente repulsiva.
Si no se había llegado a comprender yo soy la escultura queridos amigos.
Mis relaciones con el relaciones públicas terminaron cuando le pregunté si íbamos a quedar nuevamente. Me respondió de manera sincera; no se encontraba aún preparado para quedar, no entendía porqué cuando alguien le atraía se echaba para atrás y estaba confuso. Le agradecí su sinceridad. Nuestras conversaciones se tornaron gélidas.
Hace poco contactó conmigo otro chico. Su mensaje era especial, le gustaban los dibujos que tengo puestos en uno de los perfiles. Dejé su mensaje sin pena ni gloria, pero ya que él había gastado algo de su tiempo en hacerme saber que le encantaban mis dibujos decidí gastar algo del mío siendo amable. Invitándole a ver el blog me despedí. La sorpresa fue que contestó a ese mensaje también, un mail y ya se sabe – “¿Hablamos)”.
Hablemos. Hablamos durante un rato y me parece genial. Tenemos un montón de cosas en común, el kitsch, el pop… La conversación es amena y divertida. Hablando otra vez tengo la oportunidad de observarle por Web cam, el tipo es atractivo, muy del centro, alternativo y además cumple con algunas de las premisas del post fetichista (si Harlock).
Es maravilloso encontrar a una persona que tenga inquietudes artísticas, él tenía una exposición montada en un bar donde exponía entre otras cosas autorretratos parecidos a los míos.
Hablamos también de mi siguiente proyecto, el de las cabezas de oso y parece que se siente totalmente identificado, empiezo a pensar que esto no debe ser real y formo parte de un nuevo reality televisivo, uno en el que te plantan delante alguien con tus mismas inquietudes para observar tus reacciones. Como hablamos en más de una ocasión de la idea de las fotos y algunas han de hacerse en exteriores quedamos en que sería buena idea el colaborar para hacerlas.
Decidimos quedar para ver su exposición y me insiste en que lleve las cabezas, reconozco que a mí no me disgusta lo de transportarlas y hacer el chorra por el centro.
Quedamos y nos conocemos, para mi desgracia es alto, últimamente no paro de ver chicos altos, el caso es que en la facultad casi todo el mundo ronda mi estatura, quizá sea otra clave de acceso a las bellas artes.
Hablamos, hacemos fotos, vemos su exposición, vemos una pelea callejera, hacemos más fotos, otra sesión de fotos, una última sesión de fotos, acabamos de cabezas y de trípode hasta los mismos. Estamos los dos cansados y nos despedimos cordialmente.
Salgo particularmente encantado de la experiencia, llego a mi casa feliz, ha sido como hacer algo con gente de la facultad pero además existe un factor relación bastante aceptable, ese factor no se debe olvidar, recordemos que cumple muchos requisitos moribundos.
Volvemos a hablar por Messenger. Hablamos de muchas cosas pero no hay ninguna referencia a la noche de las cabezas de oso. Decido hablar yo:
Yo: - “¿Que tal te lo pasaste haciendo las fotos? Me sentí como si fueras un esclavo en algunas ocasiones....”
Él: - “Yo también.”
Y: - “¿También te sentiste como un esclavo? lo siento.........” (El pobre estuvo cargando el trípode todo el rato)
E: - “No te preocupes, fue una experiencia mas. Nunca lo había hecho y bueno tampoco está de mas tener experiencias nuevas, probar otras cosas e ir viendo las cosas que te molan y las que no”
Me siento terriblemente culpable. Con Jaime lo hacía mucho y puede ser que lo llegara a repetir, ver al otro como el acompañante, algo así como un escolta que sirve para todo. Intento llegar a la raíz del tema para no encalomarme otro trauma más a mi larga lista. Él dice:
E: - “Pues no se creo que básicamente había momentos en que sentía que tu y yo no teníamos nada que ver el uno con el otro, que había un abismo entre los dos, y eso me hacia sentir incomodo”
Y dice la frase clave: - “Perdona por serte tan sincero”
Le agradecí su sinceridad, aunque de una primera cita en la que además ninguno iba a hacer más que fotos ha podido deducir mucho. Al menos ambos añadimos nuevas experiencias a nuestra maleta sentimental y yo me llevo el extra de haber hecho sentir incómodo a alguien durante dos horas sin que dijera nada al respecto.
Y Lady Evil sigue sin pasarme el truco para ver porno gratis por Internet.
Un poco de obra: Niña Araña

Grafito sobre papel.
Su cumple moribundo.
Estaba intentando escribir un trabajo de clase y he tenido que dejarlo.
Escribir sobre una obra, cuando esa obra se basa en sentimientos y que esos sentimientos se encuentren a flor de piel porque Marzo sea el mes de los cumpleaños es una puta mierda.
Y es que el domingo fue su cumpleaños, el de él, el de mi ex. Hace pocos días me sentí tan desgraciado que le envié un mensaje, sabiendo que no debía hacerlo, le decía que le llamaría si quería para felicitarle y saber algo el uno del otro, me contestó muy amablemente que si, que le llamara y quedé reconfortado. Ya tuve mi ración de víctima, ya comencé a autodestruirme… y aconsejo que no sigáis leyendo si no queréis leer más frases autocompasivas baratas.
Si sigo macerando estos sentimientos cuando cumplo años más me vale morir joven o antes de los treinta me imagino subiendo a un campanario cercano a un campus universitario y realizando una performance-masacre con una escopeta recortada. Que yo recuerde nunca me gustó cumplir años, intentaba superar el complejo de Edipo cuando ya tenía desarrollado el de Peter Pan y tantos cuentos y leyendas le dejan a uno como está ahora claro, que tras superar el último complejo te sientes algo esponja usada.
Esperaba salir la noche del sábado y no lo hice, se suspendieron los planes. Genial, porque la boca me estaba matando, si os queréis cagar en la puta madre de mi ortodoncista tenéis mi beneplácito. Yo con la boca hecha unos zorros y agotado de haber estado gastando cantidades obscenas de dinero en Fuencarral junto a Diseñadora y mi madre. Harto de la noche del sábado de la primera me acosté, todos estábamos en nuestras camas… y lo recordé.
¿Sabéis que hacía yo antes la noche del 4 de Marzo? Pues algo tan jodidamente estúpido como esperar a las 00:00 y ser el primero en felicitarle. Esperaba con el móvil en la mano con tantos nervios que lo apretaba fortísimo y le enviaba un mensaje. Un mensaje, que llamarnos era algo como un suicidio, él quedaría con sus amigos y si hablara con él quién sabe en qué persona me convertiría esa vez, un amigo del pueblo, su tía… “Adiós Tía, luego nos vemos en casa”me dijo muchas veces al colgar, y yo era feliz.
Me tuve que incorporar en mi cama porque casi me ahogo llorando, cogí la almohada y me la puse en la cara para que nadie me escuchara y para que algún observador invisible no pudiera apreciar la terrible mueca de tristeza que dibujaba mi rostro, seguramente algo parecido a un grabado de Goya.
Lo más triste es que pienso que ya no le amo pero hay algo que los artistas o los proyectos de artista no soportamos y eso es pasar desapercibido. Y lo más insoportable es que se olviden de nosotros. No aguanto la idea de que se olvide de mí, de que de repente sea ya nada, de que los momentos juntos se hayan ido igual que el vapor. Además está la vergüenza que sentirá al acordarse de mí, lo que habrá acelerado su confusión mental hacia nuestra relación sentimental. Que tu novio te confiese de pronto que le atrae otro sexo puede ser divertido en las comedias norteamericanas, pero lo que es a mí me destruyo por completo.
Y todavía no me reconstruyo. Muchas veces lo finjo genial, me lo llego a creer… Cuando un día consigo no sentirle en mi pensamiento me felicito, pero la verdad es otra.
Otra cosa graciosa es que yo le dejé de amar antes que él a mí. Menudas cosas pasan en la vida… la penúltima vez que me dejó lo hizo porque me pilló colocando un perfil, ya no le amaba pero no se lo había dicho. Llevaba tiempo sin sentir nada por él, luchando con su rutina, ya ni me excitaba ni tenía ganas de hacerle felaciones, que le continué haciendo reprimiendo a veces arcadas. Me convertí en un robot a su lado y quise escapar, descubrió el perfil y me llamó por teléfono para dejarme; “Si me dejas ahora, ya no voy a volver contigo nunca más” le dije… y colgó.
Pasó poco tiempo y me mandó un mail, dos, tres… Hablamos por el Messenger y quedamos. Seguía sin amarle pero quise escucharle. Yo me tomaba un granizado de limón y escuchaba. Esa persona que había intentado traicionar estaba ahí, hablando de amor, con unos grandes ojos verdes tristes, con una perilla que cuidaba al extremo, queriendo ser feliz conmigo, a mi lado… Me cogía la mano ¿Por qué? Habló de protección, de camino… y no le amaba. No le amaba y le dije que si, que había oportunidades para todos porque aún pensaba que siempre las había y quizá no le amaba en ese momento pero era una persona que me daba protección, lo que nadie me había dado nunca, yo era su Rey porque él así me llamaba.
Una vez casi pega a un chico por la calle que me dijo maricón, se puso tan nervioso que él, una persona grande, le hubiera volado la cabeza si no se lo hubiera llegado a impedir, eso fue al principio de salir y me hizo quererle más que nunca, me estaban protegiendo, aunque fuera mi dignidad y delante de un borracho estúpido que simplemente vio un maricón y lo dijo.
Como le dije que si, seguimos saliendo y poco a poco me fui enamorando de él, otra vez… y cuando más le amaba su tía cayó enferma y supe que íbamos a romper, que me volvería a dejar pero pensaba que yo también tendría mi oportunidad delante de un granizado… y cuando le fui a coger la mano la apartó, haciéndome sentir miserable, me culpó de muchas cosas, muchas eran verdad pero me culpó de demasiadas y pagando con tarjeta metí algo de culpa entre el carné de estudiante, con esa foto de mi cara que tanto le gustaba y que era el principio de su colección de fotos mías de carné, que estaban en fila expuestas en el corcho de su habitación, como una especie de línea temporal de mi rostro. Esas fotos ya no reposan allí y puede que ni existan…
El domingo me eché atrás y no le llamé, le envié un mensaje de felicitación y me disculpé, ya le llamaría entre semana para no interrumpir la fiesta, me dio las gracias por acordarme de su cumpleaños.
Lo que pasa es que no me olvido.
Escribir sobre una obra, cuando esa obra se basa en sentimientos y que esos sentimientos se encuentren a flor de piel porque Marzo sea el mes de los cumpleaños es una puta mierda.
Y es que el domingo fue su cumpleaños, el de él, el de mi ex. Hace pocos días me sentí tan desgraciado que le envié un mensaje, sabiendo que no debía hacerlo, le decía que le llamaría si quería para felicitarle y saber algo el uno del otro, me contestó muy amablemente que si, que le llamara y quedé reconfortado. Ya tuve mi ración de víctima, ya comencé a autodestruirme… y aconsejo que no sigáis leyendo si no queréis leer más frases autocompasivas baratas.
Si sigo macerando estos sentimientos cuando cumplo años más me vale morir joven o antes de los treinta me imagino subiendo a un campanario cercano a un campus universitario y realizando una performance-masacre con una escopeta recortada. Que yo recuerde nunca me gustó cumplir años, intentaba superar el complejo de Edipo cuando ya tenía desarrollado el de Peter Pan y tantos cuentos y leyendas le dejan a uno como está ahora claro, que tras superar el último complejo te sientes algo esponja usada.
Esperaba salir la noche del sábado y no lo hice, se suspendieron los planes. Genial, porque la boca me estaba matando, si os queréis cagar en la puta madre de mi ortodoncista tenéis mi beneplácito. Yo con la boca hecha unos zorros y agotado de haber estado gastando cantidades obscenas de dinero en Fuencarral junto a Diseñadora y mi madre. Harto de la noche del sábado de la primera me acosté, todos estábamos en nuestras camas… y lo recordé.
¿Sabéis que hacía yo antes la noche del 4 de Marzo? Pues algo tan jodidamente estúpido como esperar a las 00:00 y ser el primero en felicitarle. Esperaba con el móvil en la mano con tantos nervios que lo apretaba fortísimo y le enviaba un mensaje. Un mensaje, que llamarnos era algo como un suicidio, él quedaría con sus amigos y si hablara con él quién sabe en qué persona me convertiría esa vez, un amigo del pueblo, su tía… “Adiós Tía, luego nos vemos en casa”me dijo muchas veces al colgar, y yo era feliz.
Me tuve que incorporar en mi cama porque casi me ahogo llorando, cogí la almohada y me la puse en la cara para que nadie me escuchara y para que algún observador invisible no pudiera apreciar la terrible mueca de tristeza que dibujaba mi rostro, seguramente algo parecido a un grabado de Goya.
Lo más triste es que pienso que ya no le amo pero hay algo que los artistas o los proyectos de artista no soportamos y eso es pasar desapercibido. Y lo más insoportable es que se olviden de nosotros. No aguanto la idea de que se olvide de mí, de que de repente sea ya nada, de que los momentos juntos se hayan ido igual que el vapor. Además está la vergüenza que sentirá al acordarse de mí, lo que habrá acelerado su confusión mental hacia nuestra relación sentimental. Que tu novio te confiese de pronto que le atrae otro sexo puede ser divertido en las comedias norteamericanas, pero lo que es a mí me destruyo por completo.
Y todavía no me reconstruyo. Muchas veces lo finjo genial, me lo llego a creer… Cuando un día consigo no sentirle en mi pensamiento me felicito, pero la verdad es otra.
Otra cosa graciosa es que yo le dejé de amar antes que él a mí. Menudas cosas pasan en la vida… la penúltima vez que me dejó lo hizo porque me pilló colocando un perfil, ya no le amaba pero no se lo había dicho. Llevaba tiempo sin sentir nada por él, luchando con su rutina, ya ni me excitaba ni tenía ganas de hacerle felaciones, que le continué haciendo reprimiendo a veces arcadas. Me convertí en un robot a su lado y quise escapar, descubrió el perfil y me llamó por teléfono para dejarme; “Si me dejas ahora, ya no voy a volver contigo nunca más” le dije… y colgó.
Pasó poco tiempo y me mandó un mail, dos, tres… Hablamos por el Messenger y quedamos. Seguía sin amarle pero quise escucharle. Yo me tomaba un granizado de limón y escuchaba. Esa persona que había intentado traicionar estaba ahí, hablando de amor, con unos grandes ojos verdes tristes, con una perilla que cuidaba al extremo, queriendo ser feliz conmigo, a mi lado… Me cogía la mano ¿Por qué? Habló de protección, de camino… y no le amaba. No le amaba y le dije que si, que había oportunidades para todos porque aún pensaba que siempre las había y quizá no le amaba en ese momento pero era una persona que me daba protección, lo que nadie me había dado nunca, yo era su Rey porque él así me llamaba.
Una vez casi pega a un chico por la calle que me dijo maricón, se puso tan nervioso que él, una persona grande, le hubiera volado la cabeza si no se lo hubiera llegado a impedir, eso fue al principio de salir y me hizo quererle más que nunca, me estaban protegiendo, aunque fuera mi dignidad y delante de un borracho estúpido que simplemente vio un maricón y lo dijo.
Como le dije que si, seguimos saliendo y poco a poco me fui enamorando de él, otra vez… y cuando más le amaba su tía cayó enferma y supe que íbamos a romper, que me volvería a dejar pero pensaba que yo también tendría mi oportunidad delante de un granizado… y cuando le fui a coger la mano la apartó, haciéndome sentir miserable, me culpó de muchas cosas, muchas eran verdad pero me culpó de demasiadas y pagando con tarjeta metí algo de culpa entre el carné de estudiante, con esa foto de mi cara que tanto le gustaba y que era el principio de su colección de fotos mías de carné, que estaban en fila expuestas en el corcho de su habitación, como una especie de línea temporal de mi rostro. Esas fotos ya no reposan allí y puede que ni existan…
El domingo me eché atrás y no le llamé, le envié un mensaje de felicitación y me disculpé, ya le llamaría entre semana para no interrumpir la fiesta, me dio las gracias por acordarme de su cumpleaños.
Lo que pasa es que no me olvido.
Un poco de obra: Mamá lápiz

Grafito sobre papel.
Moribundo al teléfono.
En mi casa llaman muchas veces confundiéndose de teléfono. Las veces que más se confunden es preguntando por una peluquería a la que si hubiéramos querido ya le habríamos robado la mayoría de sus clientas, seguramente señoras de casi sesenta años y con tan poco pelo en sus cabezas como vergüenza a la hora de preguntar o disculparse. Porque estas señoras no utilizan las típicas frases hechas de cortesía; “Buenos días ¿Es la peluquería?” o la versión corta de “¿Es la peluquería?”, porque digo yo que en las peluquerías al coger el teléfono dirán primeramente el nombre del establecimiento en cuestión, al menos en la de mi tío ese es el modus operandi.
Pues aquí no, y para mi desgracia, en mi casa yo suelo ser el “telefonisto” como dice la amiga de mi madre, siempre cojo yo el teléfono. La mayoría de las veces la conversación suele ser:
Yo: - “¿Si?”
Señora: - “Mira que si tienes hora para mañana por la mañana que ya me tengo que hacer los rulos y mi hija…”
Y: - “(Intentando interrumpir el monólogo sobre su hija) Perdone… ¿Por quién pregunta?”
S: - “¿No estoy llamando a la peluquería?”
Y: - “No, esto es una empresa de rótulos”
S: - “Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Una de las veces que mejor recuerdo fue una vez que una de estas “amables clientas” se puso totalmente ofuscada conmigo:
Yo: - “¿Si?”
Señora: - “Pues mira, que me cojas para las mechas y luego además me peines…”
Y: - “Lo siento mucho pero esto no es una peluqueria…”
S: - “¿Cómo que no?”
Y: - “No… Esto es una empresa de rótulos.”
S: - “Vamos a ver una cosita… ¿Tú no eres Enrique?”
Y: - “No”
S: - “Si hombre no vas a serlo, ¡Venga que me apuntes YA!
Y: - “Oiga, que le he dicho que no está hablando con una peluqueria.”
S: - “¿Qué pasa que no me coges por la Choni? ¿Eh? ¡Pues soy una consumidora!
Y: - “Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Pero las veces que mejor me lo pasé al teléfono fue cuando una señora se dedicaba a llamar borracha a mi casa y a insultar. Justo era la época del auge de la bruja Lola y así la bautizamos, porque hablaba igual que ella. La primera vez que llamó yo estaba solo en mi casa:
Yo: - “¿Si?”
Lola: - “¿Eres tú so puta? (Voz de Gin tonic)”
Y: - “¿Perdone?”
L: - “Si guarra… Eres tú la zorra que se acuesta con mi marido…”
Y: - “Me parece que se equivoca…”
L: - “No guarra, eres tú… he encontrado tu número en la cartera de mi marido”
Y: - “¡Oiga que yo no soy ninguna señora!”
L: - “¡Siiii! Destroza-hogares, que eres ¡Mala! Pero yo te voy a estar llamando a ti… ya lo verás… Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Y cumplió su promesa, durante una buena temporada estuvo llamando en horario de tarde, hay que reconocerle la cortesía. Ella marcaba, se desahogaba y yo escuchaba ya atento e incluso nos turnábamos el teléfono para tener la oportunidad de vivirla todos los miembros de la familia. Una vez incluso le dije que le iba a poner dos velas negras imitando su voz avodkada, lo que hizo que me colgara.
Fijaros si la señora era educada que incluso llamó para despedirse y decir que nunca más iba a volver a llamar, que ya había recuperado a su marido y que no iba a volverse a escapar de su lado para estar conmigo, una zorra de tres al cuarto.
Y yo soy un poco zorra, pero para ir quitando maridos a señoras aficionadas a la bebida debería de presentarse ante mí algún tipo a lo Adriá Collado…
Adriá, si me lees, aquí te espero yo.
Pues aquí no, y para mi desgracia, en mi casa yo suelo ser el “telefonisto” como dice la amiga de mi madre, siempre cojo yo el teléfono. La mayoría de las veces la conversación suele ser:
Yo: - “¿Si?”
Señora: - “Mira que si tienes hora para mañana por la mañana que ya me tengo que hacer los rulos y mi hija…”
Y: - “(Intentando interrumpir el monólogo sobre su hija) Perdone… ¿Por quién pregunta?”
S: - “¿No estoy llamando a la peluquería?”
Y: - “No, esto es una empresa de rótulos”
S: - “Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Una de las veces que mejor recuerdo fue una vez que una de estas “amables clientas” se puso totalmente ofuscada conmigo:
Yo: - “¿Si?”
Señora: - “Pues mira, que me cojas para las mechas y luego además me peines…”
Y: - “Lo siento mucho pero esto no es una peluqueria…”
S: - “¿Cómo que no?”
Y: - “No… Esto es una empresa de rótulos.”
S: - “Vamos a ver una cosita… ¿Tú no eres Enrique?”
Y: - “No”
S: - “Si hombre no vas a serlo, ¡Venga que me apuntes YA!
Y: - “Oiga, que le he dicho que no está hablando con una peluqueria.”
S: - “¿Qué pasa que no me coges por la Choni? ¿Eh? ¡Pues soy una consumidora!
Y: - “Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Pero las veces que mejor me lo pasé al teléfono fue cuando una señora se dedicaba a llamar borracha a mi casa y a insultar. Justo era la época del auge de la bruja Lola y así la bautizamos, porque hablaba igual que ella. La primera vez que llamó yo estaba solo en mi casa:
Yo: - “¿Si?”
Lola: - “¿Eres tú so puta? (Voz de Gin tonic)”
Y: - “¿Perdone?”
L: - “Si guarra… Eres tú la zorra que se acuesta con mi marido…”
Y: - “Me parece que se equivoca…”
L: - “No guarra, eres tú… he encontrado tu número en la cartera de mi marido”
Y: - “¡Oiga que yo no soy ninguna señora!”
L: - “¡Siiii! Destroza-hogares, que eres ¡Mala! Pero yo te voy a estar llamando a ti… ya lo verás… Pipipii… Pipipii… Pipipii…”
Y cumplió su promesa, durante una buena temporada estuvo llamando en horario de tarde, hay que reconocerle la cortesía. Ella marcaba, se desahogaba y yo escuchaba ya atento e incluso nos turnábamos el teléfono para tener la oportunidad de vivirla todos los miembros de la familia. Una vez incluso le dije que le iba a poner dos velas negras imitando su voz avodkada, lo que hizo que me colgara.
Fijaros si la señora era educada que incluso llamó para despedirse y decir que nunca más iba a volver a llamar, que ya había recuperado a su marido y que no iba a volverse a escapar de su lado para estar conmigo, una zorra de tres al cuarto.
Y yo soy un poco zorra, pero para ir quitando maridos a señoras aficionadas a la bebida debería de presentarse ante mí algún tipo a lo Adriá Collado…
Adriá, si me lees, aquí te espero yo.
Un poco de obra: Niño Calabaza

Grafito sobre papel.
Otra cadena Moribunda.
Otra cadena.
Y yo es que odio las cadenas. No hombre, la cadena del water es muy importante, nos ayuda a librarnos de todo aquello que depositamos allí. Las cadenitas que se llevan en la cadera y que mantienen segura tu cartera además de ser utilísimas son lo más de lo más y me dan ese aspecto rocker que tanto se va a llevar este verano, rocker anoréxico espero, porque de las extracciones para la ortodoncia estoy pasando un martirio alimenticio que ríanse todos esos santos de poca monta que nutren el calendario.
Se me va la cabeza y no es plan (cosa de la pérdida de sangre). Gianis me pidió seguir su cadena musical y sus últimos comentarios acerca del “juicy salif” del temido y amado Starck y mi ano me hacen responderle con lo que pidió, canciones y más canciones. Algunas flotan en la memoria de mi Mp3 y otras descansan entre los Cds de la casa moribunda, no son una gran selección, son mi selección y habrá mil mejores que ella, de todos modos, allá van:
Canciones Románticas:
By Your Side (Coco Rosie)
¿Porqué te vas? (Jeannette)
Eternal Flame (Bangles)
La Valse D’Amélie (Versión orquesta) (Amélie V.O)
Inevitable (Shakira)
Tristes:
Hoy aquí, mañana vete (Fangoria)
You look so fine (Garbage)
Strange World (ké)
Años 80 (Piratas)
Plug in Baby (Muse)
Divertidas:
Hand in my pocket (Alanis Morisette)
Bailando (Astrud)
Aunque parezca lo mejor (La casa azul)
Flash (La Prohibida)
Mira una moderna (Putilatex)
Imprescindibles:
Material Girl (Madonna)
Sitting on the dock of the bay (Otis Redding)
I can’t get you out of my head (Kylie Minogue)
Good Fortune (PJ Harvey)
Faithfulness (Skin)
Afrodisiacas:
Electricistas (Fangoria)
Anybody seen my baby (Rolling Stones)
Special K (Placebo)
I’ll stand by you (The Pretenders)
Destroy everything you touch (Ladytron)
A ver quien es el guapo que se monta la recopilación moribunda. Seguro que os suenan muchas. Si os suenan todas… me dais miedo…
Y yo es que odio las cadenas. No hombre, la cadena del water es muy importante, nos ayuda a librarnos de todo aquello que depositamos allí. Las cadenitas que se llevan en la cadera y que mantienen segura tu cartera además de ser utilísimas son lo más de lo más y me dan ese aspecto rocker que tanto se va a llevar este verano, rocker anoréxico espero, porque de las extracciones para la ortodoncia estoy pasando un martirio alimenticio que ríanse todos esos santos de poca monta que nutren el calendario.
Se me va la cabeza y no es plan (cosa de la pérdida de sangre). Gianis me pidió seguir su cadena musical y sus últimos comentarios acerca del “juicy salif” del temido y amado Starck y mi ano me hacen responderle con lo que pidió, canciones y más canciones. Algunas flotan en la memoria de mi Mp3 y otras descansan entre los Cds de la casa moribunda, no son una gran selección, son mi selección y habrá mil mejores que ella, de todos modos, allá van:
Canciones Románticas:
By Your Side (Coco Rosie)
¿Porqué te vas? (Jeannette)
Eternal Flame (Bangles)
La Valse D’Amélie (Versión orquesta) (Amélie V.O)
Inevitable (Shakira)
Tristes:
Hoy aquí, mañana vete (Fangoria)
You look so fine (Garbage)
Strange World (ké)
Años 80 (Piratas)
Plug in Baby (Muse)
Divertidas:
Hand in my pocket (Alanis Morisette)
Bailando (Astrud)
Aunque parezca lo mejor (La casa azul)
Flash (La Prohibida)
Mira una moderna (Putilatex)
Imprescindibles:
Material Girl (Madonna)
Sitting on the dock of the bay (Otis Redding)
I can’t get you out of my head (Kylie Minogue)
Good Fortune (PJ Harvey)
Faithfulness (Skin)
Afrodisiacas:
Electricistas (Fangoria)
Anybody seen my baby (Rolling Stones)
Special K (Placebo)
I’ll stand by you (The Pretenders)
Destroy everything you touch (Ladytron)
A ver quien es el guapo que se monta la recopilación moribunda. Seguro que os suenan muchas. Si os suenan todas… me dais miedo…