ASÍ ES RAJUELA
(Y yo me la encontré en la calle)
Acerca de
Soy más sosa que las acelgas, me encanta dormir como un lirón, pero salgo y trasnocho porque no tengo cerebro, pero sí pareja... Quién, por cierto es mi razón para salir, pero también para vivir. Me encantaría estar jubilada ya, pero la cosa tiene para su tiempo. Aparte de las mujeres y el vino (un Rivera, por ejemplo) tengo otros vicios que NO PIENSO ABANDONAR: fumar, morderme las uñas, motear... Si alguien encontró a una neurona solitaria, que me avise...
Sindicación
 
ON THE ROAD
Mmmm. Son las ocho y media de la mañana y estoy dormidísima. No me he caído de la cama, simplemente es que llevé a mi chica al médico y, como es a las ocho, he llegado aquí que apenas eran las ocho y diez.
He colgado una cortina que ayer descolgó la hija de mi Jefa de Prensa, he localizado mi tarjeta del quiropráctico ( a ver si hacemos algo bueno con mi espalda...), he mirado qué autobuses le van bien a Blondie para volver del médico hacia aquí, se lo he mandado por sms, he estado hablando con Fresita (que ha llegado hace un ratito y me ha dicho que ya tiene piso, ¡qué guay!) y me dispongo a bajar a mi bar de rigor a desayunar, que hace tiempo que no lo hago (más de siete años) y me apetece mogollón.
Hoy seguiremos con las visitas de gente, aunque espero que se espacien, porque ayer fue una locura y no nos dejaron trabajar.
Tengo que preparar otro desfile y un viaje a Alicante (Lince... ¿estás por ahí?), que me da por culo, no por los felinos, sino por la obsesiva y por los lameculos, la friki fábrica y, como no, la pereza que da darse un rulo de más de mil kilómetros en apenas dos días.
Y es que, el destino me ha llevado a viajar mucho por trabajo, aunque no es eso lo que me gusta, pero bueno, estos viene en el pack de autoempresa. Tendremos que encajarlo con toda la dignidad del mundo.
Para quitarle un poco de hierro a los viajes suelo ejecutar una técnica: intentar verlo como los viajes de Kerouak en busca de sus amigos beat, aunque, por más que lo intento siempre acaba teniendo más tintes de Paco Martínez Soria que de algo culturalmente interesante (de verás, lo único que corre por ahí es un Lince con problemas de visión...). Pero bueno, esta es "la moda en España" y los tipos que trabajan en ella y, claro, el Soho está en Nueva York y no en los Polígonos ni en las agencias ilicitanas...
Resignación...
 
VIERNES(¿POR FIN?)
Ayer acabé reventada como un estibador. Seis meses de curro que culminan en dos horas de locura para apenas media hora de "espectáculo". Y ya van tres. Cosas perfectas, cosas malas y, como siempre, cosas mejorables. Aciertos y errores.
Me quedo con los últimos: hubieron una serie de cosas que no me gustaron. Hay que mejorar: comunicaciones, personal y funciones, más calma entre el personal, algo de coordinación y unos toques de sangre fuera de la sala de desfiles.
Y caminar, caminar y caminar. Correr. Prisas, nervios. Aplauso del final y el grito del vestuario (este año llegué tarde después y me lo perdí).
A las ocho de la tarde dejaba tras de mi la puerta de la oficina, echaba la llave y, muerta de cansancio me iba a casa. Un buen trabajo, claramente mejorable, pero bueno.
Es que, si no lo viera mejorable, lo dejaba.
Esta mañana tiraba a la basura cientos de listados garabateados y post-its con notas, tachaba las últimas tareas de la programación y eliminaba los archivos, hoy inútiles. Me peleaba con toda la prensa escrita para encontrar dos palabras y buscaba en internet. Cotejaba un año con otro. Unos cuantos dossiers de prensa más para prensa internacional (mmmm, eso debe ser lo siguiente... ¿dónde están las cosas en inglés? ). Más menciones, mejores críticas. Vamos bien.
Voy a estar un año viendo esas imágenes, viendo esa ropa. Mi parte del trabajo, pero, ya acabado mi parte más importante.
Ahora... a trabajar.
Pero a partir del lunes, ¿eh?
 
UNA CUESTIÓN DE PRINCIPIOS...
Resulta curioso la capacidad de resistencia que uno puede llegar a tener. Lo que es realmente importante es el por qué uno puede llegar a tener que desarrollarla.
Esta es una pura descripción de porque sigo donde sigo.
No sigo aquí por el tiempo.
No sigo aquí por miedo.
No sigo aquí por pena.
Ni por lástima.
Ni porque piense que no sabría para donde tirar.
Sigo aquí porque aun hay momentos en los que se dice lo que pienso y no se pronuncia.
Sigo aquí porque muchas veces dos miradas se cruzan y no hace falta que hablen.
Sigo aquí porque sigo pensando que las cosas que no van, siguen teniendo solución.
Sigo aquí porque todavía siento que vale la pena, que vales la pena.
Sigo aquí por las veces que me dices y me escribes que me amas.
No me fuerza el tiempo de compañía, porque hay veces en que las cosas se acaban, y no tienen vuelta atrás.
No me da miedo la soledad, porque a veces resulta mejor amiga que muchos amantes, que muchos amigos, que muchas situaciones...
No sentiría ni pena ni frustración y sé que de todo se sale, aunque a veces las heridas sean profundas y las fuerzas escasas.
No creo en la lástima. El que la da o intenta darla no es otra cosa que un perdedor sin recursos que se vale de un sentimiento sincero para apropiarse de lo bueno de los demás.
Tengo norte y sé hacia donde quiero ir y puedo ir sola o contigo, si tu quieres.
Y lo último que tengo que decirte que, sobre todas las cosas sigo aquí por mis principios, pero por ellos puedo irme.
Pero, como dice Pablo, "si me faltaras... no voy a morirme; pero si he de morir, quiero que sea contigo..."
Sigo aquí como te quiero, porque jamás he querido a nadie como te quiero a tí.
Y a tí me entrego... sólo si tú quieres.
 
LA RAJUELA QUE NUNCA HA DEJADO DE SERLO
De un tiempo a esta parte me descubro el lado inconformista que antes salía a flor de piel.
Ese lado en el que no me conformaba y luchaba hasta la muerte para que se me respetara y valorara.
Hace un tiempo, eso que yo tenía había quedado anulado y las circunstancias me hicieron creer que tenía que conformarme con mi destino.
Pero pasaron cosas que hicieron que viera que ser inconformista y ambicioso (siempre sin pisar a nadie) es lo mejor. Y volvió mi incorformismo.
No, no estoy conforme con cosas que me pasan y, aunque muchos quieran ver en mi a una persona absolutamente aburguesada, estan totalmente equivocados.
Todavía, para mí, no ha llegado el momento de vivir en el campo, o en la playa, rodeada de niños y con una vida tranquila.
Tengo lo que tengo porque lo he peleado, y mucho. Y seguiré peleando porque empiezo a pensar que vine a este mundo a luchar y siempre lo haré, hasta que me muera.
De la misma manera que pienso que, el que me quiera ver como una gris burguesa, pues eso, que piense lo que quiera.
Al fin y al cabo soy una chica de barrio que sabía a donde quería llegar, como profesional y como persona. Y, cuando lo demás se reían de la chica de barrio como la matada del cole o de la universidad, del trabajo o de cualquiera que fuera el ámbito de mi vida en la que resulta más fácil reirse de los demás que otra cosa, yo me callaba y pensaba "arrieros somos".
Por que, sin darme cuenta, estaba atesorando un valor, que es el de tener la más absoluta de las paciencias hasta que todo el mundo se pusiera en su lugar.
No me he reencontrado nunca con ninguno de los que se rieron de mi. Si ellos salieron de mi camino fue, probablemente, porque no valía que pena que en él estuvieran. Como tampoco vale la pena buscarlos para decirles "¿has visto hasta donde he llegado?" supongo que porque me ha importado más llegar que saber a dónde han llegado ellos. Supongo que, también, porque si no te gusta que se regodeen o se burlen de tí, no hagas tú lo mismo y no te pongas a su nivel.
El tiempo me ha enseñado a callar y a esperar y a regalarle honestidad a quien me la regala.
Porque si hay algo que todavía me jode más que la gente que se juzga superior a tí o te juzga mediocre es que me mientan, que no sean honestos.
La vida tiene un precio que es disfrutar de cada día que vives. Y, aunque no estoy en uno de mis mejores momentos (es como un parón, en el que espero las señales que me indiquen que puedo volver a lanzarme de cabeza, porque sé que me va a salir el salto más ágil y maravilloso del mundo), tampoco estoy en uno de los peores.
Así que, ni mejor, ni peor, voy a seguir luchando, como siempre lo he hecho, para ser feliz. Haciendo para ser feliz y no diciendo que quiero serlo, porque eso es perder el tiempo.
Y, la vida, gente, hay que aprovecharla...
 
LA VIDA Y LA MUERTE
Cuando pasan cosas como las de ayer de madrugada, siempre me hago la misma reflexión: ya puedes tener el mundo en tus manos, una fortuna tremenda y que todos te admiren con locura, que cuando te llega el momento, te llega el momento.

Siempre que pasan estas cosas, siempre que alguien se muere, sea un famoso, sea un familiar, un joven amigo, lo que sea, siempre pienso en esos fabulosos versos de Mediterráneo:

Si un día para mi mal
viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y, a mi, enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo,
en la ladera de un monte
más alto que el horizonte
(quiero tener buena vista)
Mi cuerpo será camino
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.
Cerca del mar,
porque yo nací en el Mediterráneo.

Caramba, por más años que pasan, sigo recordando esa letra. Yo también quiero esto para mi final.

Otra reflexión que me hago de la muerte de la diva, es que ha tenido la suerte de morir entre los suyos, con todo su amor.

Y, para acabar... la última. No perdamos tiempo, porque nuestro tiempo tiene un límite. Cualquier minuto que pasamos tristes, enfadados o deprimidos es tiempo que le estamos regalando a la muerte. Ella, la diva, murió feliz.

No perdió ni un solo minuto de su vida. La aprovechó hasta el final. con esa sonrisa que siempre llevó en los labios y con esa felicidad, simpatía y bondad que dicen los que la rodearon que tenía durante las veinticuatro horas del día.

Y esa es la gran lección que nos ha dado la más grande...