Rebelde de diario
Porque el blogger es el único que tropieza dos veces con la misma piedra
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20 años, madrileño, futuro políglota y periodista, buen amigo de mis amigos, mal hermano de mi hermano y regular hijo de mis padres. Soñador, cinéfilo, viajero errante, enamoradizo y confiado, algo borde y muy directo, un poco hedonista, presumido,agitador........un rebelde de diario! DIARIOREBELDE19@HOTMAIL.COM
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5. Condenado a reinsertarse


Hoy comparto con vosotros el editorial que he tenido que entregar esta mañana para mi asignatura optativa.
No es que sea gran cosa...pero quizá la reflexión os parezca interesante.


Condenado a reinsertarse

Cuando a un niño se le pregunta sobre el significado de la palabra “cárcel”, la respuesta de éste no deja lugar a dudas: es el lugar con barrotes donde se encierra a los malos para siempre, sin remisión y a ser posible ataviados con pijama de rayas… ¡Qué diferente a lo que pensamos los adultos! ¿O tal vez no?

Las prisiones son establecimientos penitenciarios donde ingresan aquellos individuos que, de una forma u otra, violan la ley. Hasta ahí, incluso la más pueril de las explicaciones coincide con la nuestra.
Que lleven pijama parece hasta lógico; aunque el diseño pueda variar, el naranja butano es lo que más se lleva entre rejas. Porque no me negareis que toda cárcel que se precie, también tiene rejas.
Pero sin duda, donde debería establecerse una gran diferencia entre la mentalidad del niño y del adulto, es en la duración estimada de la estancia del malhechor. Lo cual hace que nos preguntemos cuál es la única y verdadera función de una cárcel: ¿Encerrar a bandidos y maleantes y tirar la llave? o ¿reformarlos para que puedan reinsertarse de nuevo en la sociedad que dejaron atrás?

La respuesta correcta, si acaso no es obvia, es la segunda.

Porque a pesar de que una de las finalidades de toda prisión es la de proteger a la sociedad de elementos peligrosos, no debemos olvidar que en la gran mayoría de casos, esto es provisional, determinado por la gravedad del delito y la condena impuesta. Hasta aquí, todo bien.

El problema viene cuando la condena se retrasa tanto que logra que todo este sistema pierda su sentido original.

Un caso evidente de esto, fue recogido por las cámaras del programa “Callejeros” del viernes 26 de octubre en Cuatro.
Un hombre debía ingresar en prisión siete años después de cometer su delito: el atropello de una persona mientras conducía sin carné, sin seguro y bajo los efectos de las drogas. Para más INRI, se dio a la fuga temeroso de la reacción de los familiares.
Por suerte, no hubo que lamentar ninguna muerte, ya que en el parte de lesiones sólo apareció un brazo roto.
Pero era suficiente para condenarlo. Sin duda, ese hombre requería un castigo y reformarse si es que quería convivir en sociedad.
Pero ¿qué ocurrió? Pues que las cosas de palacio van despacio. Y en el país del “Vuelva usted mañana” aún más.
Durante esos años de vacío legal, al hombre le dio tiempo de enamorarse, dejar las drogas, fundar una familia con dos niños y conseguir reformarse y reinsertarse por sus propios medios.
Pero cuando este cuento con moraleja se acercaba al final, la justicia llamó a su puerta, exigiendo que saldara su deuda con el pasado.
Y aunque lo pertinente en este caso pareciese obligarle a realizar algún tipo de trabajo social, fue finalmente condenado a un año de cárcel.
Esto me produce cierto desasosiego: ¿Está siendo condenado a reinsertarse? o ¿Se le castiga por su delito sin atenerse a su situación actual?
No puedo evitar que todo este asunto me conmueva. Porque es cierto que cometió una falta muy grave, esa que el propio protagonista no dudaba en calificar como “el gran error de su vida”, pero no es menos cierto que consiguió salir de esa situación e integrarse de forma total en nuestra sociedad.
¿Y cómo recompensamos ese gran esfuerzo? ¿Esa lucha en desigualdad con las drogas? ¿Ese deseo de convertirse en uno más? Separándole de los suyos y metiéndole entre rejas.
La verdad, empiezo a pensar que el niño no iba tan desencaminado con su definición…

 
4. No


Si hay algo que tengo claro, al ponerme a pensar sobre cómo me va y cómo me siento, es que tengo que cambiar.

No es que vaya llorando por las esquinas, porque de hecho hace ya muchos días que no lloro.
Pero sí me encuentro muy solo. Y no hago casi nada por ponerle remedio.

Ya lo he comentado hasta la saciedad con algunos de vosotros...en esas noches de psicólogía urbana que me brindais.
Y creo que voy a haceros caso. Que voy a poner de mi parte para tener algo más que motivos de queja y lloriqueo...tener eso que todos buscamos: ilusión

- No voy a esperar que alguien venga a sacarme del hoyo, voy a intentar salir por mis propios medios.

- No voy a mostrarme negativo ante el futuro más inmediato.

- No seguiré pensando que mi sino es estar solo.

- No perderé la paciencia si las cosas no mejoran a la primera.

- No sentiré pereza ni miedo para pegar el gran salto.

- No voy a lamentarme.

- No me mostraré reacio a pedir ayuda o a contar mis problemas a los que esperan escucharlos y ayudarme.

- No voy a mirar tanto atrás y sí más hacia delante. (en esto, necesito que me echeis una mano)

- No quiero desperdiciar ni un fin de semana más.

- No quiero vivir con tanto veneno dentro.

- No me vais a oir más planteamientos catastrofistas.

- No voy a perder la sonrisa. No voy a dejar de ser yo mismo

- No...



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3. Miradas


Si hay algo que los gays tenemos dominado, después de tantos años de represión y ocultación de los sentimientos, es el arte de las miraditas.

Es algo innato en nosotros.

Y aunque el famoso radar nos falle, una mirada correspondida a veces puede confirmarte muchas cosas.
Puede ser una mirada larga, sostenida...o miradas huidizas pero continuas.

El caso es que el lenguaje no verbal que manejan nuestros ojos puede resultar muy útil y divertido en ciertas situaciones.

Sin duda, una de las más comunes es la del metro.
Yo no sé qué tiene el metro, que la gente es muy de mirarse los unos a los otros.
Y si encima somos gays los que vamos, las miradas pueden volverse ya descaradas al máximo.
Hoy sin ir más lejos...

Llego al andén donde hago transbordo todos los días. Un chaval al fondo rubio y bastante mono escuchando musica.
Le miro. Me mira. Todo normal.

Llega el tren. Yo entro por la puerta que tengo enfrente y él, en lugar de entrar por la que más a mano le pillaba, entra por la misma que yo. Curioso.
Me da la espalda delante de mí.
Entramos en el túnel. El cristal de la ventanilla comienza a reflejar a los que vamos subidos al metro.
Miro el reflejo y allí están sus ojos que me miran. Bajo la mirada rápidamente.
(Esto también suele ser un canteo...no aguantar una mirada es sinónimo de que ahí hay tema)
LLego a mi parada.
Por casualidades de la vida él también se baja.
Se adelanta unos metros, sube las escaleras mecánicas y se para por la mitad.
Me subo yo.
Miro arriba, y le veo dado la vuelta mirando para abajo.

Por tercera vez consecutiva nuestros ojos coinciden. Esta vez no bajo la mirada rápidamente.
Pero la escalera se acaba para él y debe girarse si no quiere comerse el suelo.
Le pierdo de vista en medio del hall lleno de gente.

Sigo mi camino con la ilusión de que esas miraditas no eran por azar, si no muy medidas....total, el chico estaba muy bien y soñar es gratis!

Este tipo de cosas, te alegran el trayecto a la uni, ¿o no?

Esto es solo un encuentro casual, pero también están los asiduos. Aquellos que ves en la uni, en la biblioteca, en la calle, en el ascensor...esos encantadores extraños, a los que por H o por B, te encuentras todos los días y con los que te gusta pensar que mantienes una especie de tensión romántico-sexual al miraros...

¿No os pasa a vosotros?

Pues al final va a resultar que sí que soy raro!

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2. Decepción


Hoy en mi casa hemos recibido un duro golpe.
Nos ha afectado a todos, pero sin duda la peor parte se la lleva mi hermano...Os lo explico.

Ya he hablado de mi hermano en alguna ocasión, y ya sabeis que no sólo atraviesa una edad complicada (los 15 años están ya a la vuelta de la esquina) sino que su fuerte caracter y su temeridad le convierten a veces en un trouble maker, un creador de problemas.

Lo peor de este asunto, es que alguien como él suele buscarse los colegas entre la gente menos recomendable.
En el fondo todo se debe a una necesidad de llamar la atención y sentirse respaldado.
No obstante, mi hermano es demasiado inocente como para ir más allá de las travesuras de un niño inquieto y respondón.

No así sus amigos.

De entre todos ellos, destaca uno en especial. Su mejor amigo.
Es dos años mayor que mi hermano, ha repetido ya un par de veces de curso y es el prototipo de compañía poco recomendable.
¿Pero qué pasa? ¿Por qué son amigos?
Pues porque sus padres son gente estupenda, son vecinos de la urbanización y tampoco era plan de separarles.

Pero, la gota que colma el vaso y la paciencia de mis padres, ha caído este fin de semana.

Ante el aviso a la Guardia Civil de un vecino anónimo, a mi hermano y a su amigo les han registrado.

Mi hermano no llevaba nada.

Su amigo...un cutter, un puño americano y una bolsita con hachis.

Como es normal, le han fichado, le han denunciado y han avisado a sus padres y a los míos (ya que aunque mi hermano no tiene ningún cargo, iba con él)
Porque una droga es una droga, y un puño americano sólo puede traer cosas malas.

Os podeis imaginar cómo ha sentado esto en mi casa. Se ha armado y gorda.

Mis padres se han enfurecido y mi hermano....mi hermano creo que ha abierto los ojos a la realidad.
Lo que no han conseguido mis consejos ni las riñas de mis padres, lo ha conseguido el ver a su amigo detenido.

Mi hermano es una persona bastante fría, en cuanto a que es difícil hacerle llorar. Pero su amigo lo ha logrado.

Ahora tiene prohibido verle...pero no creo que eso le duela demasiado...porque en sus ojos hoy he podido leer la decepción.

La misma que arrastro yo por la blogosfera desde hace unos días. La misma que siente la madre del chico detenido, que ve como su educación ha fracasado. La misma que le escuece a mi padre, que por primera vez se da cuenta de que mi hermano, su hijito, ha podido jugar con fuego.

Y es que da igual que venga de tu novio, de tu hijo, de tu mejor amigo...la decepción siempre duele.
Aunque siempre nos cabe preguntarnos qué hubiera pasado si siguiéramos ajenos a la verdad.
Y en todos los casos, la respuesta, parece mucho peor.

Creo que le enseñaré este vídeo a mi hermano un día de estos.



 
1. Lo que queda


Por muchas cosas que me pasen, o por muchas vueltas de campana que dé mi vida, hay cosas que siempre permanecen inmutables...

->Los tira y afloja con mi hermano, que afortunadamente, últimamente no son tan frecuentes.

->Mi pasión por mi primito, que hace que quiera comprarle toodas las cosas de bebé que vendo en la tienda.

->Mis largos trayectos de un lado, a otro amenizados siempre por las mismas canciones de mi ipod.

->Los celos que siento cada vez que mi amiga de la uni me cuenta sus planes con su maravilloso novio (esto último sin ironía, es que lo es)

->Las historias de Carmen, la mujer que trabaja en mi casa y que siempre encuentra en mí un par de oídos no huidizos para compartir sus reflexiones sobre cualquier aspecto de la vida (sigo pensando que la debo un post)

->Y, como no, mis amigos de siempre.

Hoy miraba por la ventana, y me he acordado de lo mucho que hacía que no les veía.
Y por arte de magia, al momento ha sonado el teléfono y he sabido que era para mí.
No os pasa a veces? Que ois el teléfono y pensaís: Seguro que es para mí! Pues me ha pasado.
Era mi amiga proponiéndome tomar algo por el barrio junto con su novio y JL.
Me ha parecido genial, y allí hemos pasado la tarde-noche, hasta que los forofos del fútbol nos han animado a irnos.
Nos hemos puesto al día, como viene siendo habitual...sabeis a quien he visto?....pues el otro día me pasó....este año en la uni.....el mes que viene tengo....and so on.

Y es que a pesar de todo, siempre me quedarán ellos. Y aunque no sean partícipes de la otra cara de mi vida (y toda la suciedad que en ella se ha acumulado ultimamente), les siento siempre muy cercanos y muy afines.
Y eso es una ayuda más para mirar al frente, tomar impulso, y seguir caminando.

Y bueno, mucho me temo que Amanuense va a tener que echarme la bronca una vez más...porque aunque algo he puesto de mi parte, no me he preocupado demasiado de seguir su consejo.
Y es que es raro, que un amigo tuyo tenga más ganas de que eches un polvo que tú mismo....¿no os parece?

(La foto de hoy, aunque rara, me ha parecido muy graciosa)



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** Despegando **
Cuando acabe la mudanza de un blog a otro, será el momento de seguir contando historias y de cerrar la puerta a ciertos recuerdos de mi pasado más reciente.

El cambio no es, por tanto, sólo una cuestión de espacio o de Mb. Es el deseo de seguir aquí a pesar de todo.
Le he lavado la cara a mi blog, pero espero poder seguir ofreciendo lo mismo que hasta ahora: la verdad.
Y cuento con vosotros para que este sitio vuelva a convertirse en mi segunda casa.

¡Bienvenidos!

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