a ver, a ver...
a ver, nuestra compañera bloguera plumadeave (http://blogs.ya.com/plumadeave), ha comenzado una dinámica de relatos en la que le gustaría que participásemos todos. más o menos se haría de la siguiente manera:
- plumadeave ha decidido copiar el 1er capítulo en dos blogs (este es uno de ellos) y entre todos los que querais podemos continuar el relato con comentarios dejados aquí
-los días 15 y 30 se recogerán los textos habidos y se votarán para elegir el mejor, que será el siguiente capítulo a continuar en sucesivas emisiones.
-todos los capítulos elegidos se colocarán en un blog abierto expresamente para tal fin (blog de relatos).
-en este nuevo blog se hará constancia siempre del blog autor de cada capítulo, siendo el relato total de todos los blogueros que hayan participado en el mismo.
pues eso, este es el primer capítulo escrito por plumadeave y yo, como soy obediente y me molan las iniciativas :-), pues lo pego y lo pongo a vuestra disposición para que lo sigais con vuestras opiniones y puedan ser votados.
un beso
¿QUIÉN ES TU PADRE?
(Capítulo 1)
Miguel bajó corriendo las escaleras de la oficina, Esperaba la llamada pero aún así se sobresaltó al escuchar el timbre del teléfono sonando insistentemente. Había estado toda la mañana pendiente de Laura, haciendo que la muchacha sonriera pacientemente cada vez que le veía acercarse: no, nadie de su casa había llamado todavía. Intentó centrarse en el trabajo queriendo que las horas fueran algo más cortas. Su mujer había pasado la noche muy inquieta y él saltó de la cama cada vez que la notó moverse, pero todo eran falsas alarmas. Por la mañana, en el desayuno, vió las ojeras de ella pero su voz, la misma que le había enamorado junto con todo lo demás le aseguró que se encontraba bien, y ante su insistencia en quedarse en casa casi le echó con la más amplia de las sonrisas en su rostro.
Los compañeros le gastaron bromas intentando distraerle, pero apenas consiguió apartar los ojos de la centralita, donde Laura cogía una tras otra las líneas que nunca paraban de sonar. De pronto los ojos de la chica fueron directos hacia él, buscándole, y supo que lo que había estado esperando durante tanto tiempo por fin había llegado.
No conseguía encontrar las llaves del coche entre sus bolsillos y eso terminó de hacer que sus nervios se dispararan. Salió como un poseso del garaje y se dirigió a toda velocidad hacia su casa. El móvil comenzó a sonar y una voz conocida le dijo que iban en una ambulancia camino del hospital. El parto se había acelerado y era ya inminente. Ni siquiera recordaba dónde estaba la clínica. Paró en un semáforo y trató de poner en orden su mente, giró en la siguiente rotonda tomando el camino inverso hasta entonces y pisó a fondo el acelerador.
El día que conoció a Emilia supo que era la mujer de su vida y todo su empeño fue que se fijara en él. Lo cierto es que no le costó demasiado a pesar que la muchacha siempre estaba rodeada de moscones que trataban de halagarla. Pero ella también le vió a él y la química entre los dos se produjo sin mayor esfuerzo. Al poco tiempo sabían que sus vidas estarían unidas para siempre, y al año se casaron. Hablaron de tener hijos enseguida, pero no siempre se consigue todo con la voluntad, y el crío se hizo esperar. Pronto se cumplirían ocho años de la boda.
Miguel sonrió abiertamente al recordar el instante en que su mujer le dijo que estaba embarazada. Habían hablado muchas veces de recurrir a sistemas de fecundación, incluso llegaron a ir a un médico especialista, pero a él no le habían gustado nunca ese tipo de cosas y se opuso desde el principio; estaba convencido que más pronto o más tarde conseguirían tener un hijo como todo el mundo.
Una mañana notó algo extraño en Emilia pero no supo achacar a qué era debido. Se marchó a la oficina y al rato había olvidado el comportamiento inusual de su esposa. Cuando volvió a casa al mediodía de nuevo notó algo distinto en ella, le preguntó y sólo recibió como respuesta una sonrisa y la mirada llena de no sabía qué. Ya en el café le obligó a sentarse en el sofá y comenzó a hablarle sin prisas pero en un tono que no le conocía. Esperaba un hijo. Lo que el hombre sintió en esos momentos fue tan inenarrable… que se echó a llorar como un niño.
Y ahora por fin iba a conocer a ese hijo. No tenía que haber ido a trabajar esa mañana, pero Emilia le aseguró que no pasaría nada en muchas horas y él siempre había oído decir que las mujeres saben mucho de eso. Aparcó el coche y salió corriendo hacia la puerta principal del hospital. Apenas conseguía que la señorita que le escuchaba sonriente le entendería, pero al final logró explicarse. Su mujer estaba en el paritorio y todo iba bien, le dijo.
En la sala de espera había otro hombre que parecía muy tranquilo, sentado, leyendo una revista. Le miró y apenas cruzaron ambos una especie de gruñido. A los pocos minutos llegó una mujer ya entrada en años y vestida de blanco, dijo un nombre, el hombre se levantó y oyó sin un solo gesto que había tenido una niña. Miguel le escuchó “otra!” y vió el gesto de fastidio del desconocido. Se quedó solo en la sala.
Casi habían pasado dos horas y seguía dando vueltas sobre sí mismo sin que nadie se acordara de venir a decirle algo. Pensó en salir de allí y preguntar, pero igual en ese momento venían a buscarle y él no estaría, por lo que decidió esperar un poco más sin hacer nada. Media hora más tarde vió venir a la misma mujer vestida de blanco de antes, que le miró con gesto austero. El doctor vendría en un momento. No, no podía darle ninguna información. La vió dar media vuelta e irse mientras no paraba de repetir aquellas palabras. Casi no le dio tiempo porque enseguida vió aparecer a un hombre canoso, alto y que mostraba preocupación en su cara. Hizo que se sentara en una de aquellas incómodas sillas y empezó a hablar sin que Miguel consiguiera entender bien sus palabras.
Le habían acompañado a una pequeña salita donde se había vuelto a quedar solo. Todavía resonaban en su cabeza las palabras de aquel médico. Tuvieron que llevar a Emilia al quirófano, algo se había complicado, hicieron todo lo que pudieron pero… se había ido. En su estupor miró a aquel hombre y le preguntó: “Ido… adónde?”
En la puerta apareció una enfermera llevando algo en los brazos, le sonrió levemente y le alargó el envoltorio comunicándole que era su hijo. ¡Su hijo!. ¡Tenía un hijo!. Por un momento olvidó la pena por la ausencia de Emilia y su corazón brincó embargado por la emoción. Cogió con cautela aquel pequeño ser que había costado la vida a su madre y le miró. ¡Era negro!
Autora: Plumadeave
************************************************************************
Podrán continuar el relato del CAPÍTULO 2 todos los blogueros/blogueras que lo deseen, colocando sus escritos únicamente en los siguientes blogs:
Aventuras de una chica de provincias
El alma en directo
Plumadeave
Comentario:
Buenas noches señorina...
Comentario:
Ups! Pues, por lo que veo, de momento nadie se lanza a decir de quién es el hijo... A ver qué tal sale el experimento... Curioso!
Besines nena!
Besines nena!
Comentario:
me gustó :-)
Comentario:
Está muy bien el relato, interesante idea
Besos y hasta pronto byebye

Besos y hasta pronto byebye

Comentario:
¡Ay Dios! Suena demasiado complicado y después de este puente no alcanzo a comprender cosas que no fluyan entre lo humano y lo divino. Como te gusta meterte en estas cosillas...
Comentario:
Estupendo. Recordad que teneis de tiempo para escribir ese Capítulo 2, hasta el 14 de Mayo (inclusive), porque el 15 pasaré yo a recoger los que haya para que después vote todo el mundo el mejor.
Gracias Sinfonía. Un abrazo.
Gracias Sinfonía. Un abrazo.
Comentario:
Tiene buena pinta, pero no puedo leer con el estómago vacío... Luego vuelvo.
Besillos!
Besillos!