la última estación
el templo descansaba con una luz de silencio, en la q los resortes de los bancos sonaron como un eco cuando el último feligrés salió de la hermandad.
en ese momento, el muchacho (q estaba arrodillado rezando por su suerte) se acercó al padre (al suyo), capataz del señor de las 30 monedas de judas y maría santísima del huerto en barbecho. lo hizo con respeto y miedo. lo primero, no por ser su padre sino por el hecho de ser el máximo exponente de la cofradía, y lo segundo pq quería confesarle algo delante de la talla a la q él tb veneraba y q no podía retener más tiempo dentro.
"papá, vamos a hablar un momento. quiero decirte algo delante del señor". "dime hijo" ."soy gay papá, homosexual, vamos q no me gustan las mujeres, tu lo sabías ¿verdad? y tb sabes q la mitad de la cofradía lo es igual". "hijo, estás delante del señor, ten un poco de respeto". "por eso te lo digo papá, pq estoy delante de él".
en ese momento, su padre recordó en flashback los plácidos momentos en los q tenía q elegir las flores para el paso junto al prioste, arrimar el hombro entre los dos (los últimos q se quedaban siempre) y tenerlo todo a punto para el día siguiente. siempre llegaban tarde a casa y siempre más felices que cuando se habían ido.
al día siguiente, y sin niguna respuesta clara de su padre, el hijo agarró su botella de chimay (multiplicada por 3) y esperó a q el señor de las 30 monedas pasara por la calle estrecha en la q él aguardaba sentado en un umbral.
ya veía a su padre a lo lejos, de traje negro impoluto, pelo ensortijado con gomina resplandeciente y dando órdenes a los costaleros, "todos por igual, valientes...". el chico bebía de su chimay y todo comenzaba a darle vueltas.
la comitiva llegó al umbral donde el chico esperaba y respiró unos segundos, los de rigor para q los costaleros se retocaran la morcilla, se despejaran la nuca y se movieran un poco entre las trabajaderas y los respiraderos. una lluvia de pétalos se incrustaba sobre el cabello engominado de los presentes y sobre las mechas de las presentas.
llegó el momento de reanudar la marcha. el capataz (su padre) agarró el llamador y se dispuso a ordenar seguir el recorrido de la carrera oficial para, a continuación agarrar una espléndida chicotá q pusiera el vello de punta a todos los presentes por su arte. con la aldaba a punto de caer, el chico vomitó en los pies del padre y la gomina se le diluyó del susto, poniéndole el pelo como alguno de los jackson five. los costaleros bajaron la parihuela (a falta de orden dada) y el capataz miró a su hijo fíjamente, cayendo en la cuenta de lo q él tb era. mientras, seguían cayendo pétalos de rosa desde los balcones...
jaime cantizano, gracias por darme el pie ;-)
besos
en ese momento, el muchacho (q estaba arrodillado rezando por su suerte) se acercó al padre (al suyo), capataz del señor de las 30 monedas de judas y maría santísima del huerto en barbecho. lo hizo con respeto y miedo. lo primero, no por ser su padre sino por el hecho de ser el máximo exponente de la cofradía, y lo segundo pq quería confesarle algo delante de la talla a la q él tb veneraba y q no podía retener más tiempo dentro.
"papá, vamos a hablar un momento. quiero decirte algo delante del señor". "dime hijo" ."soy gay papá, homosexual, vamos q no me gustan las mujeres, tu lo sabías ¿verdad? y tb sabes q la mitad de la cofradía lo es igual". "hijo, estás delante del señor, ten un poco de respeto". "por eso te lo digo papá, pq estoy delante de él".
en ese momento, su padre recordó en flashback los plácidos momentos en los q tenía q elegir las flores para el paso junto al prioste, arrimar el hombro entre los dos (los últimos q se quedaban siempre) y tenerlo todo a punto para el día siguiente. siempre llegaban tarde a casa y siempre más felices que cuando se habían ido.
al día siguiente, y sin niguna respuesta clara de su padre, el hijo agarró su botella de chimay (multiplicada por 3) y esperó a q el señor de las 30 monedas pasara por la calle estrecha en la q él aguardaba sentado en un umbral.
ya veía a su padre a lo lejos, de traje negro impoluto, pelo ensortijado con gomina resplandeciente y dando órdenes a los costaleros, "todos por igual, valientes...". el chico bebía de su chimay y todo comenzaba a darle vueltas.
la comitiva llegó al umbral donde el chico esperaba y respiró unos segundos, los de rigor para q los costaleros se retocaran la morcilla, se despejaran la nuca y se movieran un poco entre las trabajaderas y los respiraderos. una lluvia de pétalos se incrustaba sobre el cabello engominado de los presentes y sobre las mechas de las presentas.
llegó el momento de reanudar la marcha. el capataz (su padre) agarró el llamador y se dispuso a ordenar seguir el recorrido de la carrera oficial para, a continuación agarrar una espléndida chicotá q pusiera el vello de punta a todos los presentes por su arte. con la aldaba a punto de caer, el chico vomitó en los pies del padre y la gomina se le diluyó del susto, poniéndole el pelo como alguno de los jackson five. los costaleros bajaron la parihuela (a falta de orden dada) y el capataz miró a su hijo fíjamente, cayendo en la cuenta de lo q él tb era. mientras, seguían cayendo pétalos de rosa desde los balcones...
jaime cantizano, gracias por darme el pie ;-)
besos
Comentario:
Es tremendo... Genial;)
Besos, idol.
Besos, idol.
Comentario:
...los pelos de punta...