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CAMPO DE SUEÑOS
Y yo lloraba en la butaca, eran unas lágrimas amargas, más amargas que las lágrimas de dolor, eran lágrimas de tristeza, mas tristes que las que genera la frustración. Eran mis lágrimas, tenia miedo, sabia que tenia miedo de llegar a un momento de la vida en el que solo pudiera gritar sin hacer nada, y tenia miedo que el momento pasara y no me diera cuenta, y me encontrara alli en una cama, sin sueños, en un rincón del mundo, sin futuro, convertido en mi padre.

Perdoname papá.

Un padre gris, paseando por una ciudad gris, por un mundo gris y que yo mismo fuera gris. Tenia miedo de descubrirme sin esperanza, tenia miedo de no poder encontrar un dia cualquiera en el fondo de mi boca el regusto vital de la felicidad. Tenia miedo de ser un hombre en un cielo de nubes de humo.

Estaba alli y estaba llorando, era de noche y seguia llorando y a la mañana siguiente todavia lloraba.
La cámara se alejaba y salia por la ventana pero me daba miedo perder. Todavía tengo en la mente a Kevin Costner alli llorando en la cama pidiendo una última oportunidad. ¿Y la mia? ¿y mi última oportunidad? ¿y mi primera oportunidad?.

A pasado el tiempo, he crecido, las oportunidades, la película la volví a ver ayer y me encontré de nuevo llorando, la ventana estaba cerrada, la soledad del comedor me dió miedo, y volví a llorar, el corazón se me volvía a romper, la respiración entrecortada, el maldito miedo transformado en un rio de lágrimas, y la película continuaba allí.
Salí a la calle e intentaba encontrar un poco de mar. Delante de las olas encontré mi campo de sueños, inmenso, con oportunidades ¿cuáles?, ¿donde?, es una escena perdida en una película perdida.

¿Alguien mas habrá llorado pensando que puede que de mayor sera como su padre?
¿Alguien mas habrá llorado con el miedo de saberse gris, con el miedo de vivir sin mas interes que no levantar los pies de la realidad?
no lo se.

Yo no quiero vivir dejando pasar segundos, arrastrando mi cuerpo por calles sin nombre, por paisajes que nunca miraré, por oportunidades que nunca sabré, no lo se. Perdonad una lágrima, y otra...


Field of Dreams, Campo de Sueños
 
Hermanos de semen
Había cambiado los rizos rubios de Marta por el pelo moreno a lo Superman de mi hermano Pablo. Era sábado, hacía justo una semana que mi novia me había dejado y ahora mi hermano intentaba animarme y convencerme para que saliera con él y sus amigos. La verdad es que con 19 años te afecta todo, pero mi hermano Pablo tenía 21, solo 2 más y no sé como lo hacía pero nunca le afectaba nada y todo le salía bien. Envidiaba a mi hermano pero también era mi ídolo.


– Venga Dani, vente, hoy voy a intentar follarme a Andrea si se deja, yo creo que hoy cae… – hizo una pausa pícara – y tiene una amiga que está muy buena, yo haré que la conozcas que lo necesitas – sonreí animado – lo malo es que solo me queda un condón – rió a carcajada y me hizo reír a mi.


Aunque solo había estado unos meses con novia, ya no sabía como se vestía uno para salir a ligar. Me arreglé todo lo que pude, pero vi a mi hermano superguapo y me sentí como el hermano pequeño que soy. Seguro que él podía tener a muchas chicas… fuimos en su coche. Sus amigos Marc y Jose eran divertidos, me reí un montón esa noche. Andrea no apareció por allí así que mi hermano se dedicó a arrastrarme a cazar chicas, pero al final no hubo ninguna presa. Todos bebimos mucho, pero sobretodo yo, o al menos yo parecía el más borracho.


Volvíamos a casa tarde, conducía mi hermano, dejó a los amigos en sus casas cuando íbamos a la nuestra le pedí que diéramos un vuelta o que tardáramos un poco más porque no quería entrar a casa en ese estado. El insistió en que no se darían cuenta nuestros padres, pero yo no quería y al final paró en un parque a las afueras a esperar que se me pasara un poco. Estábamos medio dormidos, apoyé mi cabeza entre su asiento y su hombro porque me mareaba menos. El reclinó un poco su asiento para descansar mejor y mi cuerpo se volteó.


Ahora mi cabeza había caído sobre su vientre de gimnasio. Pude percibir un enorme bulto en su pantalón y sin saber porqué me puse nervioso y me excité al mismo tiempo. No sabía si levantar mi cabeza de allí mientras notaba mi pene crecer en el interior de mis boxers. Joder! Mi hermano tenía una erección tremenda y yo estaba reaccionando igual. Nunca hubiera imaginado tener tremenda erección yendo borracho como iba.


– ¿Cómo va el mareo? – preguntó mi hermano. No respondí y él acarició mi cabeza levemente para que me percatara de su pregunta por si me había dormido. – ¿Dani? – volvió a preguntar, pero yo no quería romper con palabras la magia que sentía.


Unos minutos después yo movía mi cabeza muy suavemente casi frotando mi mejilla cerca de su bulto. Pablo respiraba como dormido. No sé bien si yo quería saber que pasaría o si no sabía lo que hacia pero me acaricié el pelo dejando caer la mano lentamente sobre su bulto caliente. Mi hermano no se inmutó y me entraron unos incomprensibles deseos irrefrenables y lujuriosos.


Estaba confuso, pero lo hice, mi mano frotaba suavemente aquel bulto deseoso de encontrar sexo y aunque no le veía la cara, él seguía como dormido. Seguí acariciándole por encima del pantalón muy suavemente imaginando toda clase de cosas. Creo que estaba dispuesto a ser la Andrea que él no había tenido aquella noche y solo pensaba en lo extrañamente excitado que me sentía.


De repente movió sus brazos y como un acto reflejo, me detuve y aparté la mano con un miedo intenso. El corazón me dio un vuelco y el silencio se rompió cuando su mano bajó lentamente el cierre de su pantalón y apartando los bóxer ayudó a su polla a asomarse delante de mi cara. Seguidamente reclinó el asiento un poco más y se quedó en silencio. Tremendamente sorprendido y sin mirarle acerqué mis labios hasta la punta de aquel trozo de carne grueso y caliente. Mi lengua saboreo tímidamente la suave piel de su polla y sin pensarlo dejé que mi boca explorara aquel tamaño.


Mi hermano respiró fuerte cuando me la metí en la boca. Moví mi lengua con su polla en el interior durante unos segundos y entonces empecé a mover mi cabeza levemente recorriendo su carne con mis labios y lengua. Pronto me encontré en el más perverso de mis deseos; estaba mamándole la polla a mi hermano. Le oía respirar entrecortadamente. Me incorporé un poco y me ayudé de la mano para masturbarle mientras mamaba. No solté su polla de mi boca ni un momento y cada vez se lo hacía más rápido. Hasta yo me sorprendí.


– ¿Puedo correrme en tu boca? – preguntó muy despacio, después de un gemido y con su mano dirigiendo el movimiento de mi cabeza. Yo seguí a mi ritmo para no parar, era obvio que yo lo quería, ya que estaba haciendo algo que aún no me creía, quería hacerlo bien. No pasó un minuto cuando ahogó un gemido entre sus dientes, entonces yo le apreté la polla hacia abajo y me quedé quieto.


Un chorro de semen inundó mi boca, tuve miedo de tragar y en el segundo tuve que liberarme. Aparté mi boca tragué y cayó un poco de semen en el asiento y las siguientes salidas cortas de semen cayeron sobre mi mejilla. Nos limpiamos con unos pañuelos de papel que llevaba en la guantera y le pedí disculpas por ensuciar su asiento, porque sabía que él apreciaba mucho la tapicería de su coche, pero no se enfadó. Más o menos una hora después volvimos a casa sin decir nada. Antes de acostarme, me masturbé en el baño imaginando como sería follar con mi hermano.


Aunque me costara comprenderlo, me gustaba lo que había ocurrido pero también tenía miedo, miedo de que se enterara alguien y miedo de saber que pensaría al día siguiente mi hermano. Me había gustado hacerle disfrutar y quería hacerlo más, pero no sabía que pensar sobre mi sexualidad. Apenas pude dormir y creo que él tampoco. Su cama estaba en la misma habitación a un metro de distancia de la mía. Le oí dar vueltas toda la noche. Creo que por el cansancio al final dormí un poco.


Era muy tarde cuando me desperté, mi hermano no estaba en su cama. Y como casi todos los domingos, seguramente mis padres se habrían ido a pasar el día con los vecinos en su chalet y nos habrían dejado comida en el microondas. Me levanté y fui en boxers y calcetines hasta la cocina a beber agua. Cuando llegué a la puerta vi a mi hermano en chándal comiendo un sándwich. Nos miramos a los ojos unos segundos en silencio. Después su mirada me recorrió hasta abajo y volvió a mis ojos. – Dani… – dijo Pablo. – No digas nada – le interrumpí. Bebí agua y me fui a la ducha.


Me sequé y salí de la ducha completamente desnudo. Volví a la habitación y me acosté de nuevo. Estaba boca abajo cubierto por una sábana que a los cinco minutos voló dejándome al descubierto. Era mi hermano. – Lo siento hermanito, pero quiero más, esta mañana me he hecho una paja pensando en ti, no puedo estar así… – dijo casi triste. Le miré sin moverme. Pablo estaba sin camiseta y con la polla morcillona y grande fuera del pantalón de chándal, tocándose lentamente. – Hazme lo que quieras… – dije en voz baja.


Mi hermano salió de la habitación y cuando volvió yo no me había movido un milímetro. Seguía desnudo boca abajo con las piernas medio abiertas y flexionadas mostrándole mis genitales contra la cama y su deseada entrada trasera. Lo que iba a dejar que ocurriera era demasiado para dos hermanos como nosotros pero yo también lo deseaba, deseaba que ocurriera con la máxima intensidad. Mi hermano ya estaba completamente desnudo al volver y traía unas bragas de color violeta de puntilla de nuestra madre. Me cogió por los pies y me las subió hasta ponérmelas.


Yo seguía igual sin moverme, dejándole toda la libertad que pronto se cogió. Se acuclilló sobre la cama, conmigo entre sus piernas y empezó a frotar su rabo cada vez más duro sobre las bragas de mi culo, mientras me frotaba la espalda hasta el cuello con las manos. Cerré los ojos. Cogió mis brazos y los tiró a mi espalda sosteniéndome cautivo. Percibí que apartaba tela de mi trasero y sentí mi pene crecer morbosamente. Un pequeño atisbo de saliva o algo mojado cayó en mi agujero y su dedo jugó repetidas veces hasta entrar delicadamente.


Yo no le miraba. Me llevó una mano hasta su polla dura para sentir como corría el condón hacia atrás en todo su tamaño. Ahora su polla engomada anunciaba su entrada. Sentí como se deslizaba hacía adentro, pero no me relajé lo suficiente. Tuvo que mantener la punta en mi agujero, masajear mi ano y embestir muy suavemente repetidas veces. Alguna dolió pero ya estaba adentro, sentía la polla de mi hermano más enorme que nunca dentro mi culo. Era una sensación muy morbosa sentirme vestido solo con unas bragas de mi madre que mi hermano me penetrara como si fuera una puta suya. Lo sentí así y quería serlo.


Sentí mi erección crecer fuera de las bragas y contra la cama. Casi me dolió, pero la sensación que provocaba Pablo en mi interior al moverse hacia adentro y hacia fuera anulaba cualquier otra descripción. Me apretaba fuerte de las nalgas y estaba empezando a tomar ritmo cuando sentí mi pubis caliente. Gemí de forma ahogada con la almohada. El orgasmo fluyó rápido en mí. Apenas me había penetrado cinco minutos y me había corrido de las ganas que sentía y la sensación que me provocaba.


Pablo se echó sobre mi, su pecho estaba sobre mi espalda, sus brazos me atraparon por debajo de los míos y sus piernas más abiertas que las mías me aprisionaban. El ritmo ahora tremendo, mi cama nunca había hecho tanto ruido. Las embestidas eran cada vez más fuertes y rápidas. Sentía el calor de mi hermano, su respiración fuerte y todo su morboso deseo recorrerme saliendo y entrando una y otra vez. Diez minutos, quizá poco más fue lo que tardó en correrse dentro del condón y dentro de mí.


Mi interior estaba caliente. El aún estaba dentro. Se quedó quieto ahogando el último gemido, apretándome fuerte sin soltarme. Mi hermano me había follado como a una puta, tenía lo que él quería y yo se lo había dado con placer.


Seguía sobre mi cuando su cara rozó mi oreja, salió de mi interior y se ladeó un poco liberándome. Mi cabeza también se ladeó buscando mirarle pero antes mi nariz rozó se pegó a su mejilla, sus labios rozaron mi cuello y entre ligeros roces nuestros ojos se encontraron. Adoraba los ojos marrones de mi hermano, eran más claros que los míos, eran casi miel. Creo que nunca los había tenido tan cerca.


Podía sentir su respiración mezclarse con la mía y el calor de sus labios a escasos milímetros de los míos. Unos segundos eternos nos mantuvieron recorriendo nuestras miradas inquietas, atravesándonos con la mirada de la realidad que teníamos entre nosotros. No pude resistirlo, mi lengua mojó mis labios y se abrieron lentamente buscando besar a mi hermano. Era más guapo que nunca después de follarme. Pablo no se movió, pero acercarme esos milímetros fue eterno.


Apenas rocé su boca cuando oímos unas llaves rodando en la puerta de casa. El corazón me dio un vuelco, Pablo saltó de la cama y empezó a vestirse como loco. Yo no sabía que hacer, estaba nervioso, así que decidí cubrirme con la sábana y hacerme el dormido. Mis padres habían llegado y con ellos mis inquietudes más grandes sobre lo sucedido. Mi madre se detuvo en la puerta de la habitación me vio dormido y siguió. Pude escuchar a mi hermano hablando con mis padres en el salón y viendo la tele durante un rato.


Al poco rato me levanté y me di una ducha, era casi hora de cenar. Cenamos. La cena transcurrió tranquila como siempre, con la diferencia de que ahora mi hermano me follaba y no se me iba de la cabeza. Me sentía bien, mi hermano cenaba a mi lado como siempre y mis padres enfrente, al otro lado de la mesa cuadrada. Veíamos las noticias y discutían sobre política mientras cenábamos cuando noté la mano de mi hermano adentrándose entre mis piernas rozándome los genitales por encima del pantalón.


Inconscientemente abrí más las piernas para dejarle hacer y el agarró fuerte mies huevos y no pude evitar dar un pequeño sobresalto. La mano de mi hermano volvió fugaz a la mesa y se rió entre dientes. – ¿Ocurre algo chicos? – preguntó mi madre. Si lo supiera… no sé porque al pensar eso se me subieron un poco los colores. – No, nada – respondí levantándome y yendo al baño para tranquilizarme. Me encontraba absorto mirándome en el espejo del baño cuando apareció mi hermano.


– ¿En que coño estás pensando? – pregunté entre confuso y enfadado.

– En que polla estoy pensando – aguantó su risa.

– Para mi no es risa, me pongo nervioso y no sé como llevar esto – dije asustado.

– Vaaale, vaaale… – me abrazó y dejé que lo hiciera – perdona, es que no sé que me pasa, creo que me estoy obsesionando contigo – me susurró.


No hablamos más. Volvimos a la mesa y la cena transcurrió muy cotidiana. Pablo se fue pronto a dormir, al día siguiente sería lunes y él tenía un trabajo por las mañanas, se levantaba muy pronto. Yo estuve viendo la tele un rato con mis padres hasta que tuve sueño. Era tarde, mi padre se había acostado también y mi madre se quedó viendo la tele un poco más. Cuando llegué a la habitación no encendí la luz para no despertar a mi hermano. Me quité la ropa y me acosté solo con los bóxer.


A los pocos minutos me di la vuelta y mis ojos, acostumbrados a la oscuridad dibujaron a mi hermano acostado de lado mirándome. La sábana solo cubría su muslo y estaba desnudo masturbando muy lentamente su pene ya duro. Suspiré. Mi hermano se levantó poco a poco para no hacer ruido, cerró la puerta de la habitación, se arrodilló al lado de mi cama y mirándome me acarició el pelo. Vi un brillo en sus ojos en medio de la oscuridad y de repente sus labios encontraron los míos. A pesar de lo que había deseado ese beso, al principio no reaccioné pero su boca me ayudó.


La puerta se abrió, pero mi hermano fue lo suficientemente rápido para apartarse de mi boca, pero se quedó en el suelo entre las dos camas. – ¿Qué hace la puerta cerrada? Os tengo dicho que… ¿Qué haces en el suelo Pablo? – la pausa de 5 segundos esperando respuesta para mi fue eterna. – Se me cayó el reloj, mamá. – mi madre no dijo nada, dejó la puerta abierta, apagó todas las luces y se fue a dormir. Pablo y yo quedamos en silencio, cada uno en su cama.


El sabor dulce del deseo de besar a mi hermano me rondaba y no había podido terminar. – El corazón me va a mil – dijo Pablo en voz baja. Yo no respondí. – ¿Dani? – y yo estaba al lado de su cama. Puse mis labios sobre los suyos y nos besamos lentamente, cada vez con más fuerza. Mi hermano apartó su sábana y me colé encima de él, encima de su polla dura mientras le besaba. Lo hacíamos muy despacio, sabíamos que nos podían oír. Mis testículos aprisionados en los bóxer se frotaban contra su palo adelante y atrás. Nuestras lenguas enredadas buscaban pasión. Era un beso dulce en la oscuridad, la única forma en que Pablo se atrevería a hacerlo.


Seguimos besándonos muy lento y frotando nuestros sexos muy despacio hasta que pudiéramos estar seguros de que nuestros padres dormían. Entonces le permití que apartara una nalga de mi bóxer y que su polla jugara a buscar la entrada. Me separé de sus labios cuando noté mi agujero apunto de ser penetrado. – Yo también quiero sentirme dentro de ti – le dije besándole el cuello. No respondió, pero yo sabía que tenía sus dudas, que no se sentía preparado y me rendí a ser suyo una vez más. Le ayudé a hundir aquel mástil poco a poco.


Casi se me había olvidado la sensación y tan solo habían pasado unas horas. Empezamos a movernos muy lentamente. Sentí el placer exquisito y también el dolor agudo de no lubricarme bien. Volví a besar a mi hermano y todo se volvió calentura y sexo reprimido que luchaba por ser desenfrenado pero sin ruido. Sentía toda su polla al natural entrando y saliendo. – No llevas condón, no te corras dentro ¿vale? – susurré entre mi respiración cansada. Fue decir eso y en pocos segundos su polla liberó mi agujero y empezó a chorrear borbotones de semen entre mi espalda y mi nalga descubierta.


Encendimos la luz naranja de la mesilla y de un de los cajones sacamos pañuelos de papel para limpiarnos. Cada uno a su cama tan feliz. Yo no me había corrido esta vez, pero dormí como un chiquillo esperando el caramelo nuevo del día siguiente.


Era lunes a mediodía. Volvía de comprar un encargo de mi madre cuando me encontré con Marta. Marta la víbora. Marta la hija de… así es como la había llamado los último días, pero la miré y no me sentí cabreado. Nos sentamos en un parque y hablamos de cómo nos iba hasta que ella desvió la conversación. Estaba arrepentida de haberme dejado y quería saber si aún sentía algo por ella. La verdad es que extrañamente no me provocaba ningún sentimiento bueno ni malo pero no le dije nada. Ella quizá pensó que no decir nada era positivo e intentó acercarse para que la besara.


En ese instante mi hermano pasaba por allí, se acercó y empujó a Marta. – ¿Qué haces? ¿Qué quieres joder a mi hermano otra vez? – Marta se quedó blanca y sin saber porque la defendí. – Déjala que no pasa nada – empujé a mi hermano atrás y este me soltó un puñetazo que esquivé pero me dejó rojo el pómulo de la cara. Le miré a los ojos y le vi rabioso. Respiraba cansado, me miró, la miró a ella y se fu sin hablar. – ¿Qué coño le pasa a tu hermano? – preguntó Marta. – No lo sé… – respondí fálsamente.


A mediodía Pablo y yo no hablamos, mientras comíamos mis padres preguntaron por lo que tenía en la cara, pero mentí. Les conté que había discutido con Marta y que da la rabia no había visto a un niño con una bici y nos habíamos caído los dos. Y cuando terminamos de comer nos sentamos todos delante de la tele y mi madre aprovechó para sacar un tema delicado. – ¿Alguien me puede explicar que hacía un preservativo usado y mis bragas violeta debajo de la cama de Dani? – mi padre hizo cara de saberlo. El silencio fue sepulcral durante un momento, pero finalmente mi hermano dijo que había invitado el domingo a una amiga cuando ellos no estaban y sin explicar ningún detalle más se enfadaron bastante con él. Le iban a prohibir salir un tiempo hasta que recapacitara sobre lo ocurrido.


Mis padres se fueron a trabajar y teníamos unas cuatro horas antes de que volvieran. Creo que los dos teníamos lo mismo en la cabeza y pensamos en saltarnos las clases. Aún así seguíamos sin dirigirnos la palabra desde su puñetazo. Nos recostamos cada uno en un sofá viendo la tele. – Oye, perdona por lo de antes… y gracias por n contárselo a papá y mamá – dijo Pablo finalmente. Le miré solamente asintiendo con la cabeza. – Oye ¿no vas a clase? – volvió a preguntar – ¿Y tú? – pregunté yo. Hizo un gesto de indiferencia con los hombros. – ¿En que piensas? – yo ya lo sabía, pero lo pregunté igualmente.


Mi hermano se acercó y me susurró – en ti… – mientras su mano se deslizaba entre mis piernas hacia debajo de mi culo acariciándolo sobre el pantalón. Estábamos dándonos besos cortos cuando dije – ¿Sabes? Estos días me duele – mi hermano no le dio importancia – Eso te lo curo yo ahora – dijo de forma divertida desabrochando mi pantalón y sacando mi pene afuera. ¿Iba a chupármela?. Me sorprendí. Efectivamente su lengua acarició mi punta y poco a poco fue metiéndola en su boca. – ¿Sigue doliéndote? – pregunto de forma pícara. – Lo decía en serio hoy tenía un poco de sangre cuando fui al baño – Pablo se asustó.


Después de discutir un rato me convenció para que fuéramos al médico ahora que no estaban nuestros padres. Lo vi como una buena idea y fuimos. No había gente en la consulta y nos atendió enseguida el Dtor. García. Mi hermano esperó fuera y después de comentarle el asunto me hizo acostar en una camilla para un examen rectal. Tenía las manos grandes y frías. Me sentí avergonzado cuando me di cuenta que estaba con las piernas abiertas y en alto mostrándoles los genitales y el ano al médico.


Sus guantes de látex se untaron con algo viscoso y sus dedos jugaron en mi ano para relajarlo mientras me hablaba de forma calmada para que no me pusiera nervioso. Algún aparato metálico con luz examinaba ahora mi delicada entrada. No sé si por sentirme tocado por un extraño o por otra razón, pero m excité mínimamente aunque no quería. Mi pene creció un poco. El doctor García se percató, sostuvo mi pene con una mano y lo soltó sonriendo – Eso es normal, chaval – me guiñó el ojo.


Me dejó vestirme de nuevo, me preguntó seriamente si tenía relaciones sexuales anales y yo me quedé blanco. – Da igual, no respondas – dijo el doctor para despreocuparme – si juegas por ahí lubrica bien la zona, como solo es una pequeña fisura en la entrada, ponte esta pomada cada noche en la zona exterior – asentí con la cabeza obedeciendo – ya sabes que conozco a tu padres… – me asusté – no les diré nada, tranquilo, pero me gustaría que volvieras en un par de semanas para asegurarnos de que todo está bien ¿vale? – me guiñó el ojo de nuevo. Sonreí aunque lo único que me pasó por la cabeza es que el doctor ese era muy grande debía tener un pollón. Sonreí más.


Cuando salí le conté todo a mi hermano, fuimos a casa y por el camino le dije – Creo que estoy pervertido me imaginé la polla de ese doctor – mi hermano rió a carcajada – ¿Pues sabes que pensé yo el otro día? – le miré extrañado – ¿Nuestro padre la tendrá muy grande? – reímos los dos como niñatos haciendo bromas. – Bueno, bueno, me he puesto cachondo otra vez, vamos que me debes terminar lo que empezamos – le dije a Pablo. Reímos de nuevo y llegamos a casa.


Nada más entrar mi hermano andaba hacia atrás por el corredor de casa estirándome del pantalón. Yo abrí mi botón. Se detuvo y arrodillándose bajó mis pantalones despacio. Lamió desde mi ombligo hasta mis bóxer pero no los bajó, simplemente los apartó y mi pene casi erecto se mostró delante de él de nuevo. Sus manos agarraron mi cintura y me empujaron a la pared. Arqueé mi espalda y su boca atrapó mi sexo. Enseguida lo soltó y lamió hacia abajo. Oh! Dios! Que sensación tan cálida, su lengua y su boca aprisionando mis testículos.


Estaba tan excitado que cuando se volvió a meter mi pene erecto en su boca, agarré sus cabellos con fuerza y empujaba al ritmo. Durante unos minutos no le dejé soltarme, me sentía al máximo. Tanto que le ahogué durante un segundo y tosió. Mi hermano se levantó y su mano me cogió detrás del cuello – No te pases Dani – me sentí culpable. Nos miramos fijos a los ojos y de repente me besó casi mordiéndome el labio. S otra mano atrapó de nuevo mi erección y frotándome contra él mientras nos mordíamos la boca, me corrí en su mano y en el suelo.


Limpiamos todo aquello por experiencia y nos fuimos a dar una vuelta antes de que llegaran nuestros padres. Hablamos largo rato sobre lo que nos gustaría seguir probando y como llevarlo mejor. Esa noche queríamos volver a disfrutar, pero nuestros padres se acostaron tarde y nos dormimos antes. Mi hermano me contó un sueño extraño con nuestro padre. Yo había soñado con el médico tocándome de nuevo, pero no se lo conté. Mi hermano estaba cada vez más obsesionado. ¿O era yo?


El domingo me levanté realmente tarde y perezoso. Mis padres y mi hermano ya habían comido y a mi me esperaba un plato en el microondas. Me puse lo primero que vi en el armario y un flash atravesó mi mente. Mierda! Los pantalones de anoche! Fui a la lavadora y aún estaba en el bolsillo el número de teléfono de Iván. Lo guardé mientras dudaba que hacer. Me encontré a mi hermano en el corredor – ¿Qué? ¿Lo pasaste bien anoche? – preguntó sin detenerse – Sí… – respondí sin ninguna ilusión. Fui a la habitación y miré el número repetidas veces, me acordaba del beso, ¿Pero en que pensaba? ¿Qué quería yo? Me sentía raro.


Sin pensarlo más decidí quedar bien y escribirle un mensaje de saludo muy normal a Iván. No había pulsado diez teclas cuando entró mi hermano y se sentó. Un temblor me recorrió con el móvil en las manos y lo paralicé. ¿Pero por qué? ¿Le estaba engañando? – ¿Sabes? Papá y mamá me han liberado a partir de mañana – rió entusiasmado. Yo sonreí mientras terminaba de escribir y mandar el mensaje. Me tumbé en la cama. Mi hermano se puso en el ordenador. Un minuto tardó la respuesta: "hola yo también lo pase bien anoche. a las ocho dejo a mi chica. te apetece quedar?"


Creo que mi respuesta tardó como media hora para terminar afirmativamente, no tenía nada mejor que hacer ¿o sí? pero me apeteció salir. Si estaba con su chica no sé como me escribió tantos mensajes, es más, respondía enseguida, pero nos pasamos tres horas venga el mensaje mientras yo intentaba ponerme guapo. – ¿Vas a salir? – preguntó mi hermano – Sí, mis amigos que aún les dura la borrachera y quieren salir a dar una vuelta. – sonrió gratamente, más de lo que debía.


Me recogió a dos calles de mi casa y después dos besos muy formales me preguntó si prefería cine o feria. – Jajaja, ¿feria? – reímos los dos y decidimos que feria sería más divertido. Había una feria pequeña en una ciudad cercana. Hablábamos un poco de nosotros y mientras yo le miraba conducir embobado. Aunque se le veía diferente sin maquillaje era tal como lo recordaba, me atraía realmente. Ya en la feria no subimos a ninguna atracción, solo continuamos hablando y mezclándonos con la gente. Cuando me dijo que tenía 27 años no me lo creí, parecía de mi edad o como mucho la de mi hermano. Su cara de chiquillo era preciosa. Nos detuvimos a comprar algodón porque le dije que a mi me encantaba desde pequeño. Él no compró pero yo le ofrecí y cuando lo mordió, sus ojos atravesaron los míos de una forma tan abrumadora que creo que el resto de gente fue lo único que impidió que nos besáramos allí mismo.


Volvimos al coche y allí seguimos charlando hasta que bromeé con el color de labios que llevaba la noche anterior, entonces él sacó el pintalabios rosa del coche y se puso a pintárselos. – Me falta la brillantina – dijo sonriendo. Yo me reí muchísimo, pero luego me miró y la risa se convirtió en un silencio cómplice de sus deseos. No dejó de mirarme y acercarse y yo le esperaba impaciente. Sus labios acariciaron lentos mi cuello y yo le dejé abiertamente. Se separó para mirarme de nuevo, creo que quería asegurarse de que yo quería y me acerqué más a él. Sus manos jugaron con mi cabeza y su boca mordió despacio mis labios. Le abracé mientras nos calentábamos con un beso de deseos desatados.


Su espalda tersa era presa de mis caricias que se confundían con su lengua suave y dulce en mi boca y con mis labios húmedos jugando a morder los suyos. Sus manos recorrieron también mi espalda lentamente, pero llegaron a colarse en el hueco trasero de mi pantalón. Yo ya estaba caliente, pero un escalofrío intenso me recorrió y me detuve. Nos separamos unos segundos mientras agitadamente le explicaba que me estaba tratando la zona anal y que era mejor esperar. Antes de terminar de contárselo me hizo callar, dijo que no importaba y me sentí estúpido. Volvimos a besarnos sensualmente pero esta vez sus manos se dirigieron a mi cinturón.


Sus labios bajaron lentamente por mi cuello, ladeé la cabeza y cerré los ojos mientras sentí su mano cálida extraer mi casi erección fuera de los bóxer. Sus movimientos manuales y lentos la hicieron crecer un poco más sin dejar de besarme el cuello. Y su boca no tardó en atrapar mi erección. Su manó siguió adentrándose aprisionando mis testículos. Me sobresalté mínimamente y sus labios ya no cesaban recorriendo mi pene absolutamente erecto y deseoso. Le acaricié sus cabellos mientras seguía succionando con fuerza. Su boca cálida y suave se desplazaba rápida salivando mi pene apunto de explotar y ayudándose con su mano. – Puedes correrte en mi boca si quieres – dijo separándose unos segundos y acercándose a mi boca de nuevo – ¿No te importa no? – preguntó.


Negué con la cabeza y entonces me besó. Su mano no dejaba de masturbarme y el morbo de aquel beso loco hizo que casi me corriera. Aparté su mano para que eso no ocurriera pero entonces su boca volvió a mi pene enrojecido. Esta vez fue tan rápido que me dejé llevar. Nunca me había corrido en la boca de nadie, ni de una chica. Chorros de semen infinito es lo que sentí liberarse en medio de una suavidad húmeda jamás descrita. Creo que incluso moví el culo del asiento casi follándole la boca mientras me corría. Aquella experiencia me marcó profundamente y quería hacerle a él igual de feliz si había una próxima vez. Se hacía tarde y no quedamos en nada concreto. Quizá le llamaría yo de nuevo si no lo hacía él.


Cuando llegué a casa ya estaban cenando y me senté a cenar también. – Vaya días llevas que no paras de salir – dijo mi madre. Entonces me sorprendí – Sí, se ve que tiene muchos amigos – dijo mi hermano. Le miré preocupado pero él a mi no. En toda la noche Pablo no me dijo nada. Mierda! Le pasaba algo y esperaba que no fuera que sabía algo, no podía ser. Ya cuando nos acostamos intenté decirle algo pero tenía la sensación de que me ignoraba hasta que dijo – Ah! Por cierto, te has dejado el móvil y llamaron tus amigos a casa preguntando donde estabas – me quedé tan blanco que hubiera podido brillar en la oscuridad. Encendí la luz de la mesilla y cogí mi móvil – Tranquilo que no lo he mirado – dijo algo reacio. Le creí, pero me preocupé. – ¿Estás enfadado? – vaya pregunta se me había ocurrido. Pablo no respondió.


La siguiente semana transcurría tensa entre mi hermano y yo, ya que él no estaba por la labor de hablarme y yo no sabía como comportarme. El lunes por la tarde llegó a casa con un amigo que yo no conocía y me hizo salir de la habitación. Aquello me enfureció porque estaba seguro de que lo había hecho a propósito. Y había conseguido lo que quería. El martes se repitió la escena y me sentí herido y rabioso. El miércoles no esperé que sucediera y salí a dar una vuelta solo, así que decidí pasar por el médico. Había mucha gente pero me revisó de una forma rápida y desinteresada que no me gustó y cuando terminó dijo – Hay mucha gente hoy, no te cobraré la visita ¿Qué te parece si vienes sobre las ocho que cierro la consulta y exploro eso mejor? – aquel atrevimiento, aunque quizá lo deseara, me asustó un poco, pero era la forma perfecta además de molestar un poco a Pablo. Accedí tímidamente a la oferta del doctor. No paré de vagar hasta las ocho que volví a la consulta. Ya no había nadie. Me asomé a la puerta y el doctor estaba recogiendo.


– ¿No me toca doctor? – dije bromeando

– Sí, ponte ahí – sonrió elegantemente.

–¿Me acuesto en la camilla esta? – pregunté esperando un sí

– No es necesario, simplemente bájate los pantalones y apóyate – y así lo hice


Me sentí entre estúpido y excitado con los pantalones y los bóxer por las rodillas, de pie frente a una camilla y reclinado sobre ella. El doctor cerró la ventana y la puerta de la consulta. Volvió, y entonces sus manos grandes se posaron en mis nalgas y pude percibir que eran frías y no llevaba guantes de látex. Me masajeó suavemente las nalgas abriéndolas, entonces se acercó y sentí su fino pantalón abultado pegado a mi trasero. Durante unos segundos no se movió y yo tampoco, aunque creo que esperaba algún reacción de mi. Eso le dio paso a estirar sus manos que se desplazaban por el interior de mi camiseta. Me incorporé con mi espalda en su pecho y sus manos alcanzando mis pezones en el interior.


Mi cabeza se fue sola hacia atrás y una de sus manos se deslizó hasta su bragueta, sacando un enorme trozo de carne caliente que se pegó a mi culo. Me pellizco un pezón con su mano interior y la otra acariciaba mis genitales que se excitaban por momentos. Un movimiento de vaivén continuo me excitaba sintiendo aquel pollón creciendo detrás mío. El doctor de cabellos abundantes y grises olía mi cuello mientras no dejábamos de movernos, entonces me reclinó de nuevo sobre la camilla, bajó más mis pantalones y mis bóxer y jugó con su polla entre mis nalgas. Yo abría las piernas sintiendo que aquello era grande para mi.


De repente salieron un preservativo y un tubo de crema. Esos segundos se me hicieron eternos pensando como lo sentiría, entonces una crema fría y muy líquida recorrió mi entrada anal con la ayuda de sus dedos. Sentí la goma del condón posarse sobre la misma entrada y empujar lentamente. No sabía si estaba entrando hasta que mi ano nervioso volvió atrás la punta de aquel pollón. Me relajé, respirando fuerte y entraba de nuevo, esta vez con más fuerza. Gemí levemente, pero mi culo estaba siendo invadido lentamente. El doctor apretaba las nalgas con fuerza hasta que sentí que mi culo tocaba al final sus muslos, su vientre. Me había llenado y cuando empezó a moverse hacia atrás sentí lo grande que era.


Estaba caliente, empecé a masturbarme yo mientras sus manazas me sujetaban y los movimientos se volvían más ligeros. Dios! Como entraba y salía de mi trasero algo tan enorme! Ahora toda su polla se deslizaba fácilmente. Entonces sus manos bajaron hasta mis genitales apretándolos con morbo y yo me cogí fuerte a la camilla. Sus penetraciones se volvían intensas y el ritmo era tan adecuado que quería que no terminara nunca. Mi pene no estaba completamente duro, pero su manaza hizo que me corriera allí hacia el suelo sin poder verlo, mientras él doctor detenía su polla dentro de mi. Mis contracciones casi le echaron fuera pero cuando terminé de correrme siguió con los movimientos. Esta vez eran más bruscos y él respiraba cansado. Me sentí en una nube. El doctor me agarró fuerte y en varias embestidas casi me levantó. Sentía que estaba a punto de correrse y cuando salieron de su boca esas palabras actué por mi cuenta. Me desenvainé de aquel pollón que apenas había visto y me di la vuelta. Era grande de verdad. Me metí la mitad en la boca y sin moverme, masturbé el resto con la mano sobre el condón. No tardó en volverse un condón caliente y elástico en mi boca. El doctor ahogó un par de gemidos y yo me prometí a mi mismo que aquello solo había sido una locura pasajera.

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久石譲-Summer 菊次郎の夏

Joe Hisaishi'' summer ''
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Joe Hisaishi

久石譲-Summer 菊次郎の夏
 
MI VERANO EN LONDRES
Me llamo Dani, tengo 22 años y os voy a contar la primera vez que me lo hice con tío.

Era el verano de 1998, por aquel entonces, tenía 19 años, y estaba trabajando en un hotel cerca de Londres. Si, aquel año había decidido dejar la carrera un tiempo y viajar, para aclarar mis ideas, conocer nuevos sitios, nueva gente, en definitiva, me fui a Inglaterra en busca de nuevas experiencias, y ahora puedo decir que las encontré. Trabajaba de camarero detrás de la barra en el pub del Hotel. La verdad es que tenía bastante éxito con las inglesas pijas que después de jugar al golf iban a tomarse un refresco al pub. Las viejas también me miraban de una forma que yo conocía muy bien. Era el objeto de deseo de aquellas patéticas mujeres que siempre me dejaban una buena propina por seguirles el rollo. La verdad es que con mis diecinueve añitos ya estaba bastante bien, delgado, pero con el pecho y el vientre definidos, que me ocupaba de modelarlos todos los días en el gimnasio del hotel, que era gratuito para los empleados, un culo potente, apretado y redondo, que yo sabía que a las viejas les encantaba mirarlo asomando por el delantal, una cara todavía infantil, aunque mi mirada de ojos verdes era picarona e invitaba a pensamientos excitantes, el pelo castaño, largo a medio cuello, y difícil de dominar, de modo que siempre tenía el mechón en la cara intentando que quedara fijo detrás de la oreja, y todavía conservaba el moreno que había cogido en la playa antes de partir a Inglaterra.



La verdad es que mi vida allí era cómoda, ganaba una buena pasta, que me permitía salir casi todas las noches, a pesar de que la cerveza y el tabaco eran caros, una red de trenes que me permitían moverme con facilidad y unos amigos geniales. Si, éramos bastantes españoles trabajando en el Hotel, pero yo era el más joven , los demás tenían entre 24 y 30, y la mayoría estaba allí para ganar dinero con el que pagar deudas que dejaron en España, por lo que no salían mucho, así que Jose y yo éramos los que estábamos toso el día de juerga. Jose tenía 22, era de las Palmas de Gran Canaria, había acabado Educación Física por Magisterio y se fue a Inglaterra por las mismas razones que yo. Era un tío genial, simpático, se podía hablar y coñerar con él de todo, pero lo más importante, su acento canario me ponía a cien. Tenía un cuerpo moreno impresionante, 1, 78 m, buenas espaldas, un torso escultural, cincelado centímetro a centímetro en el gimnasio, un culo apretado y siempre vestía vaqueros ajustados que le marcaban levemente el paquete. Sus labios eran carnosos, y siempre húmedos, la nariz chata, y sus grandes ojos negros miraban siempre con deseo tanto a tías como tíos. Encaja perfectamente en el prototipo de “latin lover”. El trabaja de portero de noche en el hotel, lo que significa que de 12 de la noche a 7 de la mañana el Hotel estaba a su entera disposición, ya que tenía las llaves de todas las habitaciones, cocinas, gimnasio, piscina, saunas...etc. De vez en cuando nos llevaba dulces a la casa donde vivíamos los empleados, a 50 m. del Hotel, quedando una de las calles del campo de golf de por medio. Siempre lo llamábamos por la línea interna del hotel cuando en plena noche deseábamos un dulce, una coca-cola, un vodka...cualquier cosa a su alcance.



Una noche sobre las tres de la mañana, yo estaba sentado viendo un programa de la BBC en el salón de la casa, cuando sonó el teléfono. De inmediato lo cogí. Era José y llamaba para saber quién estaba despierto a esas horas. Me dijo que la noche estaba tranquila y que estaba aburrido, que fuera al hotel a hacerle una visita, para charlar un rato. En 10 minutos nos encontramos en las puertas de las cocinas. Allí estaba él, con sus pantalones en los que se marcaban las costuras de los slips, y la chaqueilla negra, cuyos botones a la altura del pecho, parecía que iban a reventar, en pie, recostado en la pared, y con su constante sonrisa picarona en la cara. –Nada que estaba aquí aburrido y necesitaba charlar con alguien, ya sabes las noches se hacen eternas cuando no hay nada que hacer-, entonces yo le pedí que entrara a por una botella de vodka, se me apetecía tomarme un cubata en condiciones, y eso el Inglaterra era un lujo. En cinco minutos estaba de vuelta con la botella, refrescos de limón y dos vasos con hielo. Sirvió la bebida, nos sentamos en la puerta, y comenzamos a charlar. Me comenzó a hablar de las tías que había conocido desde que había llegado a Londres, y que no se lo pasaba realmente bien, que conseguir sexo era muy fácil, y ya no se excitaba facilmente, que follaba de forma mecánica. Conforme avanzaba en la conversación su lengua y labios jugaban con el hielo del vaso. Aprovechando su mirada ensimismada, no podía dejar de mirar como el hielo entraba y salía de su boca, y como, al estar sentado, se le marcaban los huevos en los pantalones. Entendía perfectamente lo que decía porque yo, últimamente no me lo pasaba bien con mi novia, lo hacíamos en todos sitios, pero el morbo y el deseo, lo animal del sexo, había ido desapareciendo poco a poco.

De repente Jose me miró a los ojos, y se dio cuenta de que le estaba mirando la polla, de hecho estaba babeando de deseo. De inmediato, levante la mirada y me puse colorado. Él se quedo callado, me dio un toque en la pierna –Sígueme!-, se levantó y nos dirigimos dentro del hotel. Le advertí que nos la íbamos a cargar si nos pillaban por allí dentro, pero él dijo que no pasaba nada. Empezamos a bajar corriendo las escaleras de incendios, y pasamos por una serie de pasillos que yo no conocía todavía; al pasar por el pub cogimos otra botella de vodka y finalmente desembocamos en la piscina climatizada. Encendió las luces, y le vi su cara de excitación, de morbo por estar haciendo algo arriesgado, me miró y rápidamente se quitó la chaquetilla y la camisa –a qué esperas, venga, desnúdate, y báñate conmigo-. Una parte de mi me decía que aquello era arriesgado pero la situación y sobre todo Jose en slips, con sus muslos fuertes, su pecho super marcado y sus brazos contundentes, me impedían razonar –que coño, la verdad es que me quiero bañar!- me quité la camiseta, me bajé los pantalones y me tiré a la piscina. José me siguió y empezamos a nadar a lo largo de la piscina hasta que me alcanzó. Entonces intentó hacerme una ahogadilla, la excusa perfecta para empezar una lucha, que nos permitiera sobarnos mutuamente. En su intento por mantenerme debajo del agua me agarró por la entrepierna, a la altura de los huevos, y creó que pudo notar mi polla que en esos momentos estaba durísima. Entonces conseguí escaparme y en mi empeño no vacilé en apretarle los huevos. Comencé a nadar muy deprisa, pero él me acorraló en la esquina –no te escapes, so mamón!- se acercó a mí y me dijo que se estaba poniendo cachondo, yo me quede callado, y me preguntó que si a mi también me pasaba. Seguí sin contestar, pero mi mirada intensa, mi saliva en los labios y la erección que no podía ocultar, contestaron por mi. Ahora, despacio siguió acercándose a mí, hasta que suavemente me acarició el pecho, su índice tocó mis labios y desde la boca, comenzó a bajar por el pecho, el ombligo, hasta que llegó al elástico del calzoncillo. Bajo la mirada hacia mi polla, y ya no pudo aguantar más. Su mano, con fuerza apretó mi pene y mis huevos, y no deje escapar un leve gemido. Mi respiración era agitada, me estaba ocurriendo algo que yo deseaba desde hacía mucho tiempo, pero que nunca me había planteado seriamente. Me siguió frotando el pene, cada vez con más fuerza, y aproximaba su cuerpo hacia a mí, rozándose con un perro en celo. Mis dientes apretaban mis labios, ya podía sentir su mano en la entrepierna, y el ojo de mi culo se abría por momentos. Entonces me dijo –salgamos de aquí, nos pueden ver desde arriba- me cogió de la mano y nos dirigimos a la sauna. Tras encender las luces y conectar el sistema, tranquilamente cerró las luces. Antes de que se diera la vuelta, fui yo quién tomó la iniciativa. Lo empujé contra la pared, como si estuviera enfadado por haber interrumpido mi excitación en la piscina. Lo miré, y agresivamente le metí la lengua en la boca, mientras sujeta su cabeza con las dos manos. Me froté contra su cuerpo fuertemente, sintiendo su piel tersa, suave y dura como el granito, y refregaba mi polla contra la suya mientras él ya me había metido las manos en el culo –ya hacía tiempo que quería tocar este culito- me decía. Entonces nos fuimos deslizando por la pared hacia abajo hasta que quedamos en cuclillas. Mi mano penetró dentro de sus slips negros, y sentí por primera vez una polla, que no era la mía entre los dedos. Comencé a masturbarle, pero el slip, a pesar de ser elástico era estrecho. Se levantó, mientras yo seguía agachado, y poco a poco le fui bajando los calzoncillos hasta que pude contemplar aquella maravillosa visión, su mata de bello negro, unos huevos redondos, sin bello en su base, y una verga impresionante con el capullo rojísimo debido a la presión que había soportado dentro de la prenda. Todo aquello enmarcado por una piel más clara que contrastaba con el moreno de las piernas y pecho, que encontraba su límite en el perfil de los slips. Instintivamente me abalancé sobre su polla, pero no abrí la boca demasiado por lo que tiré de su pellejo, y el lo sintió, quejándose. Entonces lo comprendí y abrí más la boca. Empecé a chupársela, y el sabor amargo a orine, que en principió me chocó, comenzó a excitarme sobremanera, y al tiempo que saboreaba aquella barra de carne me acariciaba el pecho, los huevos, me masturba como nunca lo había hecho, y el hecho de estar agachado, en cuclillas, me estaba causando placer en el ano, de modo que no dude en meterme el dedo. Cada vez mamaba con más violencia, hasta que me introduje su polla completamente en la boca. Él se retorcía de gusto, y gemía sin cesar, hasta que con la voz quebrada me pidió que parase.



Ahora era mi turno. Me dirigí al banco. Apoyé una pierna en él y abrí las piernas. Él se acercó a mi con la boca salivosa, los ojos fieros y masturbándose lentamente ante la visión de mi cuerpo desnudo. De inmediato se sentó en el banco y me beso el pene, chupo el caldo que se echa cuando estas superexcitado, y se introdujo mi polla en la boca. De repente sentí que estaba en el cielo. El calor de su boca hizo que mi prepucio palpitara, y corriera la excitación por las venas de mi palo. Cuando mis caderas se movían creyendo falsamente que era hora de penetrar, él comenzó a seguir el movimiento rítmicamente. Era tal el placer que sentía que entre agresiones verbales hacía él, como –canario mamón, o hijo de perra- arañaba su espalda, pero él estaba tan concentrado en hacerme disfrutar que no podía sentir dolor. Entonces paró para chuparse el dedo, dejando caer la saliva generosamente sobre el índice. Yo lo miraba con intentando adivinar que se proponía. De inmediato siguió mamando, pero, su dedo había encontrado el ojo de mi culo. Dios!, era justo lo que necesitaba en aquel momento. Cuando su dedo jugaba con mi agujerito, sentía tanta excitación e impaciencia que no pude evitar ordenarle que me lo metiera ya. El placer que su dedo causaba dentro de mi, y que sus labios carnosos proporcionaban a mi polla, se confundían, y sin tener más fuerzas para contenerme, me corrí en su boca. Fue la mayor corrida de mi vida, no tenía ni idea que pudiera echar tanta leche, pero es que me la habían exprimido y succionado como nunca antes en mi vida. Me resultó gracioso ver su boca llena de mi lefa, mientras se quejaba –me podías haber avisado cabronazo?!- entonces no pude evitar una carcajada.



-No te rías tanto, que yo todavía estoy a cien- me dijo. La verdad es que había disfrutado como un cerdo, y era justo que el también se lo pasara bien. A continuación me dijo –acércate que te mame ese culito, y luego...- entonces le pregunté –y luego qué? es que piensas follarme?, porque si es así me parece que te vas a quedar con las ganas-

Entonces me dijo que se estaba poniendo todavía más cachondo, y la verdad es que el hecho de discutir me volvió a excitar. Cuando me fue a hablar otra vez, le tapé la boca con un dedo, y me puse de rodillas sobre el banco. Le invité a que me mamara el culo porque era justo. Entonces sentí su barba incipiente en mis carnes más sensibles, y su lengua acariciando mi esfínter. Joder, me estaba poniendo a cien otra vez!. Su lengua comenzó a penetrar dentro de mi, y pude sentir su calor como fuego. Estaba tan excitado y lubricado que su músculo bucal entró con facilidad, sin necesidad de que acompañara con los dedos. Aún así, me metió dos dedos al mismo tiempo. Entonces me di cuenta que eso es lo que realmente quería, que me la metiera hasta el fondo, que me follara con todas sus fuerzas. Pensaba en la preciosa polla de 18 cm. que había estado mamando anteriormente, y no podía dejar de imaginarla dentro de mí. Entonces, mi querido amigo Jose, como si me leyera el pensamiento, puso su glande en mi agujero. Entonces no pude evitar decirle –morezano macizo, demuéstrame que puedes hacerme gozar igual que antes- Entones me acarició el culo con las manos, como si de una afirmación se tratase. Se masturbó durante unos segundos, humedecíendose la polla con saliva, y de nuevo puso el capullo en agujero. Empezó a empujar lentamente, y ese fuego que sentí cuado me metía la lengua se multiplicó por mil. Esa extraña mezcla de dolor profundo y placer infinito era lo mejor que me había pasado en toda mi puta vida. Empecé a gemir como una puta maricona de placer, y mis ojos se volvieron cristalinos del placer que estaba sintiendo. Joder, que estaba llorando. Entonces empezó a sacarla lentamente, y cuando ya estaba a punto de salir, entró otra vez más deprisa, y sentí que mi vida empezaba otra vez. Cada vez fue follándome más y más rápido. Su respiración era rápida, casi gemía, sentía su sudor golpeando mi espalda, el movimiento producía un chasquido, que unido al sonido de sus huevos golpeando mi culo, me excitaba más todavía. El dolor ya había desaparecido desde hacía un rato, y ya solo podía sentir, sus manos apoyadas y pellizcándome la espalda. La barra de fuego taladrándome. No deseaba que acabara nunca. Su respiración era rapidísima. Y en el momento de máximo placer se corrió dentro de mí. Sentí el calor de su leche abrasándome, y cómo su polla palpitaba, echando de arrebato en arrebato cada vez más lefa. El movimiento iba cesando hasta que me la sacó completamente. Entonces se sentó en el banco, me di la vuelta, me senté sobre él, y le besé agarrándolo por el cuello, acariciando su pelo. En ese beso se fundieron el sudor de nuestras frentes, el sabor de mi propia lefa, que aun residía en su boca y un flujo de saliva incesante.



Cinco minutos después nos levantamos y nos metimos en duchas separadas, para asearnos. Al fin y al cabo, se supone que él estaba trabajando, y yo no podía aparecer en casa con aquel aspecto de corrido. Mientras nos lavábamos me dijo que si conocía al chico nuevo que había empezado a trabajar el restaurante como camarero. Yo le dije que no. Pero me intrigó la pregunta, salí de la ducha, y me dirigí a la suya. Abrí la cortina y le dije que me repitiera lo de ese chico. Pero antes de acabar mi pregunta, no pude evitar fijarme en su culito moreno, perfecto, enjabonado al final de aquella grandiosa espalda. Entonces me acerqué por detrás, introduje los brazos bajo los suyos y comencé a pellizcarle los pezones. Entonces me dijo –todavía no has tenido bastante?, es que quieres más?- no conteste, y empecé a besarle en cuello. El renegó, y dijo que tenía que seguir trabajando. Pero no se lo permití, y cuanto más rehusaba, más me excitaba. Entonces empecé a acariciarle el culo, y el se fue sintiendo cada vez más cómodo –venga, Dani que me tengo que largar-, pero mis manos acariciando su polla otra vez, se lo impedía. Entonces le dije, -¡abre las piernas!- y comprendió que yo todavía no me había corrido otra vez, y que quería follármelo. Ahora con un tono, más sensual me dijo: -es que me más a meter tu pollita, Dani, que eres capaz de hacer con ella?-. Sin mediar palabra, metí mi mano en su entrepierna, le enjabone el culo, era divino sentir el tacto de sus carnes prietas en mis manos. A penas tenía bello en la raja del culo porque se lo había afeitado. Entonces le metí la polla violentamente, mordiendo mis labios, y masturbándolo al mismo tiempo. Su pene se puso erecto al momento, y empezó a contornearse y a pellizcarse sus pezones, que a mi tacto parecían auténticas piedras. El bello afeitado de su culo rascaba mi polla, y eso me ponía todavía más cachondo. La fuerza con la que empujaba se fue incrementando, y incluso llegó a gritar, como si lo estuviera desgarrando. El placer que estaba sintiendo era infinito, pero no tenía comparación con el que había sentido cuando tenía su polla dentro de mi.

Jose estaba excitadísimo, ahora sabía que había encontrado a su compañero de juegos, a la persona que le acompañaría en sus fantasías más asquerosas. Antes de que me corriera, se volvió y empezó a masturbarme, esperando que mi leche volviera a inundar su boca. Así, a pesar de su quejas, debió gustarle la primera vez que la probó. Me volví a correr del mismo modo que antes en su boca. Lo levanté y le besé, probando el sabor de mi propio semen en su boca. Entonces me dijo que le gustaba como me lo follaba, y yo le correspondí, no por cumplir, sino con toda sinceridad.



Esta vez, nos terminamos de lavar en la misma ducha, nos secamos mutuamente y nos vestimos. Cuando íbamos saliendo por la puerta, con mucho sigilo, le volví a preguntar por el chico al que se había referido antes. Me dijo que era un chaval inglés que había empezado a trabajar ese mismo día, y que parecía bastante interesante. Pero esa es otra historia.
 
OH TU!
Oh tu, que has sentit el vent de l'hivern al rostre,
que has vist els núvols de neu voltats de boira,
i la negra brancada dels oms entre les estrelles glaçades,
per a tu la primavera serà temps de collita.
Oh tu, que has tingut un sol llibre i una sola llum,
la foscor suprema que et nodria
nit rere nit, quena Febus no hi era,
per a tu l aprimavera serà triple albada.
Ai, no t'amoïnis per saber ... jo no sé res,
i malgrat tot la meva cançó neix espontània de la passió.
Ai, no t'amoïnis per saber ... jo no sé res.
i malgrat tot la tada m'escolta. Qui s'entristeix
quan pensa en el reòs, no descansarà mai,
i esdespert qui es creu que dorm.

John Keats
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UNA PELÍCULA REVELADORA
La tarde que vi la película de PASOLINI "Teorema", me reveló mi verdadera identidad sexual. Cuando llegué‚ a casa estaba verdaderamente excitado, nervioso y con la mente hecha un lío. Me había llenado de una "confusión" reveladora y a la vez me había despertado un deseo enorme de gustar del sexo, fuera el que fuese.
Mis padres se habían acostado ya y yo cené‚ solo (la cena estaba fría sobre la mesa de la cocina, pero aún apetitosa). Me retiré‚ a mi habitación que comparto con mi hermano Sergio (estaba haciendo la "mili" pero ahora gozaba de permiso). Me desnudé‚ como enfebrecido y me paseé‚ en "pelotas" por la habitación contemplándome en el espejo del armario y admiré‚ un poco narciso, al joven de 18 años que me miraba desafiante y erótico desde la fría luna. Casi deseaba que mi hermano se despertase y me preguntase qué estaba haciendo, pero su respiración pausada me indicaba que dormía profundamente, así que me metí en mi cama y las frías sábanas, limpias, recién cambiadas, me apaciguaron un tanto en mis ardores y me dormí.
Unos ruidos en la calle me despertaron. Gritos de borrachos peleándose con el sereno seguramente. Ya no me pude dormir de nuevo y me desvelé nervioso. A mi mente afluyeron de nuevo las imágenes de la película y en especial un pasaje en el que el joven hijo de la familia, también por la noche, siente curiosidad por el cuerpo sensual de su nuevo compañero de habitación.
Me levanté con cuidado, para no hacer ruido, y me acerqué a la cama de mi hermano. Deseaba verle desnudo. No le había visto nunca completamente desnudo ya que me llevaba cuatro años y hasta ahora no habíamos dormido en la misma habitación. Sergio dormía con los brazos cruzados bajo la nuca; las piernas separadas dejaban ver el pronunciado abultamiento de su intersección, cubierto sólo con la sábana hasta la cintura. Su pecho se levantaba rítmicamente y yo descubría la perfecta conformación de sus músculos. Cogí la sábana con ambas manos y la fui levantando poco a poco hasta retirarla del todo. Ante mí quedó el cuerpo de Sergio desnudo, deliciosamente ofrecido y con una gruesa polla tendida sobre el muslo izquierdo, espléndida aún en reposo; la mía comenzó a levantarse y endurecerse con su sola contemplación.
Respirando hondamente alargué la mano y tomé aquella soberbia obra de la naturaleza con infinita precaución y suavidad.
Estaba caliente y algo blanda pero al apretársela cerca de la raíz, en medio de los cojones, empezó a crecer por momentos. El glande dejó atrás la piel que medio lo cubría y yo empuñé el miembro por la parte superior y bajé la mano haciendo deslizar la piel a lo largo del bálano y, ante mis ávidos ojos brilló la hinchada cabeza partida de marcados rebordes, digno remate de una polla que tendría no menos de un palmo. Mi hermano seguía durmiendo.
Empecé a mover la mano arriba y abajo, con longitud, brincando a cada latido de su corazón y endureciéndose decididamente. Con la otra mano le sobé las tetillas que se pusieron puntiagudas. Era emocionante acariciarle el pecho y ya no me importaba que Sergio se despertase y me pegara un par de tortas; lo conseguido por mí bien las valía, pero él no daba señales de conciencia si bien su respiración ahora era afanosa indicando un estado de excitación. Lentamente me fui enganchando sobre su sexo y, con la boca abierta al máximo, la engullí con gran curiosidad y no menos emoción, cerrando mis labios alrededor del grueso tronco. Mi lengua se entretenía en el reborde del glande y un sabor algo salobre me enervó todavía más, unido al olor peculiar que se desprendía de su pubis.
Sergio se movió y yo aterrado me paré con su polla cogida en su parte inferior por mi mano y la superior metida en la boca, mientras mi otra mano estaba pellizcando un duro pezón.
¡ Una mano se hundió entre mi pelo y me empujó la cabeza sobre la verga medio tragada !

- ¡ Sigue hermaníto, sigue mamando y no pares! - oí decir a Sergio en voz baja, casi ronroneando como un gato.

¡Se había acabado el fingir, el tomar tantas precauciones, el temer su despertar! ¡Mi hermano me ofrecía su cuerpo! seguramente erotizado y excitado por mis caricias, y ya sin trabas ni perjuicios me subí a su cama sin soltar la inhiesta verga y continué la mamada esforzándome en descubrir cuales eran los movimientos que más le enervaran.

- ¡ Que me corro tío...!-casi gritó- ¡ No pares ahora ! ¡ Sigue, sigue ! -y, para impedirme una huida que estaba muy lejos de mi intención me empujó bravamente la cabeza a la vez que arqueaba todo su cuerpo y me endilgaba su polla hasta casi comerme sus cojones. Su polla se me introdujo casi hasta el esófago justo en el momento que se corría sin contención posible. Yo tragué y respiré como pude, sofocado y medio ahogado tanto por falta de aire como por su densa leche que sellaba los resquicios ( pocos por cierto ) que dejaba su gruesa polla en mi boca. Tardé bastante rato en reponerme y sosegarme; cuando lo hice ví a Sergio a mi lado tendido boca abajo abrazado a la almohada recobrándose de su explosión sexual. Yo no me había corrido y de nuevo tenía una erección de mil demonios, por lo que salté sobre su espalda y me metí entre sus muslos apretando mi polla contra sus nalgas y deseando correrme entre ellas.

- Eres un egoísta, Sergio, por poco me ahogas con tu leche
y me lo pagas dejándome "a dos velas" y con el rabo tieso -
le dije mientras me apretaba contra él.

- ¡ Jódete ! - me contestó riéndose.
- ¿ Que me joda ?- repetí indignado-.¡ Yo sí que te voy a joder !

Con gesto rápido me agarré la dura verga y le busqué el ano entre los gluteos. Ya no deseaba correrme simplemente sobre su culo sino dentro de él. Entre las gotas del claro líquido que afloran antes de correrse uno, la forma de mi glande todavía algo pequeño con relación al grueso de mi tronco y lo dilatado de su ano por el relajamiento de su anterior corrida, conseguí meter una buena porción de mi dura carne dentro de mi hermano el cual se encogió sobre sí mismo sorprendido por mi ataque pero antes de que se pudiera librar de mi polla intrusa, yo había logrado abrazarlo por debajo de su cuerpo y me apreté a fondo contra él. Noté perfectamente el dificultoso resbalar de mi verga dentro de su recto rebasando el esfínter hasta apretar con mis huevos la raíz de su polla y sus huevos que asomaban por detrás entre sus muslos.
Sergio quiso zafarse del “arma” que le hería mortalmente (en su dignidad de hetero), pero no pudo librarse de mi abrazo (lo cierto es que no atinó o no quiso atinar). Agarrado a él y volcado sobre su espalda sometiéndolo, le musité al oído:

· ¡Quieto macho, quieto... tómatelo con calma... no te esfuerces pues no voy a sacártela hasta que me haya corrido a gusto!

Lo cierto es que Sergio entre mis brazos se iba amoldando a mi cuerpo y respondiendo lúbricamente merced del “aguijón” que tenía metido.
Entre gemidos me dijo:

-Maricón, puto, pedazo de burro...cuando me libre te mato...te voy a ahogar con mi pooolllaaa... Oooh..., ¿pero qué “pedazo” me has metido so cabrón?, ¿de donde la has sacado...? me haces gozar de un modo que no lo había experimentado nunca...aaahhh es delicioso!...

Rotaba sus caderas debajo de mi cuerpo masajeando mi polla firmemente cogida entre sus músculos rectales y gimiendo de placer a cada achuchón mío.
En mis cojones germinó el orgasmo más excepcional de cuantos había sentido nunca y, loco de pasión, metía una y otra vez mi verga hinchada en el prieto culo haciéndole gritar de dolor y de placer al mismo tiempo, y logrando arrancarle otra corrida a la vez que mis exclusas se abrían y en largos chorros me vaciaba en sus entrañas. Me deje caer sobre Sergio. Cuando me recobré, todavía metido dentro de él, le besé tiernamente entre los omoplatos. Volví a dormirme pero esta vez satisfecho y contento por mi conquista.

Al día siguiente Sergio tenía en su cuerpo las huellas de la batalla sexual librada la víspera. Arañazos, mordeduras en los hombros y cuello, rojeces en el pecho y unas ojeras violáceas bajo sus ojos, señal inequívoca del estrago sexual sufrido a mis manos (bueno, también por mi boca y por mi polla).
 
AQUELLA NOCHE
Todo tiene un inicio aunque no se si una continuacion...ahora mismo me encantaria regresar a aquellos dias, mejor regresar a aquellas noches donde todo resultaba tan excitante y daba tanto miedo a la vez

Yo tenia 13 años y era bastante inocenton en muchos aspectos y en el tema sexo especialmente, estaba pez totalmente, mi hermano tiene 2 años mas que yo y es lo que se dice un "echao pa lante" inteligente, guapo, atletico, simpatico... yo ni sabia lo que era hacerse pajas, es curioso como se cambia en 3 años, ahora a los 16 se puede seguir siendo inocente pero... menos. Vivimos en un piso de 3 habitaciones, el dormitorio grande para mis padres, la habitacion que da a la calle para la abuela y la otra que da atras para mi hermano y para mi, una noche escucho ruidos raros en la cama de mi hermano, no eran tan extraños ya que algunas veces antes lo habia escuchado pero no se esa noche me llamaron especialmente la atencion y no porque fuesen muy escandalosos o algo asi, por la ventana entraba algo de luz de las farolas en la calle, asi que fijando la vista vi a mi hermano estirado sobre su cama, el edredon bajado hasta los tobillos, la camiseta hacia arriba y el pantalon de pijama bajado tambien, vi como su mano subia y bajaba ritmicamente a la altura de su pito, su respiracion algo acelerada, confieso que senti una mezcla de miedo, sorpresa, y algo raro dentro de mi, ya que por intuicion senti algo como excitacion, mi corazon comenzo a latir deprisa, aquella noche a pesar de que conocia esos extraños ruidos en la cama de mi hermano algo resultaba diferente ya que nunca habia visto nada, fije mas la vista, levante la cabeza con cuidado e intui una cosa grande entre las piernas de mi hermano, muchas veces lo habia visto en bolas, cambiandose, en la ducha, pero siempre con la polla blanda, asi que segui mi observacion, al tiempo que mi pito reacciono tambien, el seguia frotandose la polla, suspirando, y en unos minutos parecio relajarse, se subio el pijama, se tapó con el edredon y se dio la vuelta, yo estaba alucinado, y decidi espiarle a ver que era eso que hacia. Lo vi hacerselo un par de veces mas y una noche que yo estaba acostado y el llego para irse a dormir le solte de golpe que me explicara que era eso de hacerse una paja, el solto una risa y me dijo que era un crio, yo insisti y le confese que creia saberlo, que lo habia visto por las noches frotarse el pito, el se enfado algo pero continuo quitandose la ropa, se puso el pijama y se tumbo en la cama, yo le dije que vaaa hombre que me lo contara, el no queria pero note su voz que se hacia como rara, nos quedamos en silencio unos minutos y al rato me dice que si que vale, me dijo que me tumbara con el sobre su cama pero que antes cerrara la puerta bien, yo lo hice y me tumbe junto a el, apago la luz, pero antes me di cuenta que entre sus piernas se le notaba un gran bulto. El me dijo que era muy facil, se veia por la luz de la ventana, me dijo que cuando se te pone el pito duro y tienes ganas haciendo unos movimientos da mucho gusto


Con aquella frase... si tienes ganas con unos movimientos da mucho gusto... se abrio todo un mundo, algo que me acompañaria hasta hoy, algo que no pienso dejar claro esta...


Mientras lo decia se empezo a tocar por encima, acariciandose el pakete, yo estaba admirado, luego se bajo el pijama y vi de cerca su polla, cubierta de pelos, grande, palpitante... me dijo como se agarraba y que le mirase a el pero estaba claro que no iba a dejar de mirarle, comenzo el movimiento, ritmico, se humedecio la mano con saliba y la paso por su rabo, me dijo que si queria probar, yo estaba cortado, me dijo no te cortes hombre mientras me acariciaba la pierna y subia hacia mi pakete, puso la mano encima y xD!!! senti como corriente, me dijo susurrando que me lo sacara, pero yo no queria, en insistio y yo tonto de mi casi me levanto para irme, pero mientras discutiamos metio la mano por dentro del pijama agarrandome la polla, me calmo y me dijo tocamela tu tambien a mi y veras que gusto, me cogio la mano y la llevo hasta su polla que me parecio inmensa, luego se incorporó un poco y me bajo de golpe el pijama saliendo a la luz mi pollita dura, y comenzo a pajearme, paso algo de rato y senti como un hormigueo en todo el cuerpo, una sensacion rara y placentera que hizo que moviera las piernas expontaneamente pataleando, mi primer orgasmo buscado y gracias a mi hermano!! el siguio un rato dandole al suyo y se corrio, quedamos un rato los 2 tendidos sobre su cama, en silencio, no hablamos del tema, pero desde entonces se creo como un morbo en el hecho de irse a dormir, yo deseaba repetir pero no me atrevia.... unas noches despues cuando todo estaba en silencio me pregunto si queria repetir aquello, le dije bueno, y se levanto, y aparto la ropa de la cama y me di cuenta que estaba solo en calzoncillos, antes de meterse en mi cama se los quito y me quito el pijama, se tumbo junto a mi y me comenzo a tocar y yo igual... pasaron meses y repetimos de tanto en tanto hasta que sin saber muy bien como poco a poco dejamos de hacerlo... hasta hace unas semanas que sin buscarlo pasó...
 
MI HERMANO
Estaba en mi habitación (mi hermano ahora tiene otra); yo estaba con el ordenador; solo tenemos uno y está aqui en mi habitación. Yo estaba aquel día por la noche, bastante tarde jugando en Internet; bueno; oí la puerta abrirse, yo estaba en gallumbos, ya que hacía mucho calor , entonces entró mi hermano y me dijo que si le dejaba jugar un poco que no podía conciliar el sueño por el calor , le dije que si, que esperara a que me matasen, así fue, termine la partida, y jugamos unos turnos, entonces dijo que si no me cansaba de tanto jugar a lo mismo y le dije que sí que ya me aburría, entonces cerramos el juego y ya que estabamos conectados a internet, me dijo que quería entrar en alguna web porno. Entramos en una, en la seccíon de mamadas y al poco rato, yo estaba en la silla y obviamente solo llevaba encima los gallumbos de lycra y como que el bulto era muy notable, mi hermano se dio cuenta y me puso la mano en la pierna, y joder, como que se me respigaron los pelos, me entro una cosa así por dentro y se me puso más tiesa la polla de lo que la tenía; el no me miraba a mi si no a la pantalla y me dijo que si quería que me hiciera una paja, que parecía que lo necesitaba, me dio un poco de corte, pero con la calentura que traía encima accedí con gusto... y volvi a sentir su mano alli... regrese a aquellas noches, lo habia deseado tanto xD, ver a mi hermano enrrollarse con su chica de turno, desear sentir sus caricias otra vez, gritar sin que ni un solo sonido salga de mi garganta... Entonces como la silla que es de ruedas es algo incomoda nos fuimos a la cama y me tumbé sobre ella pero el muy capullo al verme entero desnudo encima de la cama fue mas alla y me dijo que si me la podía chupar, que nunca lo había hecho antes, yo lo estaba deseando pero no me atrevía a decírselo, y joder como gocé, me habían hecho ya pajas pero no me la habían chupado antes... xD sentir su boca en mi polla, su lengua, y me agarraba bien fuerte los huevos y me los chupaba y me pasaba la mano por todo el cuerpo... me dijo de chuparsela; yo accedí sin ningún pero, ya que el también estaba en gallumbos, encima eran también de lycra (bueno eran iguales, y le sobresalía la polla por fuera ya del pedazo de empalme que traía, torpemente pero de forma efectiva parece ser ...la verdad da un gusto increible metersela en la boca con lo caliente que está, además con el morbo añadido de que no le veía la polla desde aquellos meses, ni el la mia, al menos asi tan de cerca, y joder,.. el me dijo en unos años todos los pelos que te han crecido, parece mentira tío, y de medida tas mazo bien... Se la chupé y creo que de la excitación que el tío traía encima se corrió a los 20 segundos de metermela en la boca, asi que tampoco duró mucho la cosa. Despues estuvimos un rato encima de la cama descansando y acariciandonos (lo mismo que cuando te follas a una tía) y riendonos de lo pedazo de maricones que eramos, él se fue a su habitación y al día siguiente por la mañana cuando estabamos todos desayunando (con mis padres), pues hicimos como que nada, pero la sonrisa esa complice no se nos quitó de la cara en toda la mañana.

Le echo de menos estos dias, esta con sus colegas y una chavalita que ha conocido, yo claro estoy de mas, ya no viene a mi habitacion y la otra noche que intente algo con el en la suya me dijo que tenia mucho sueño y estaba cansado, Que solo me siento, cuanto lo deseo...



 
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